lunes, 2 de febrero de 2009

Obama y Keynes


El Keynesianismo vuelve a estar de moda. Luego de dos décadas en las que mencionar la intervención del Estado en el mercado no sólo se consideraba una blasfemia sino también un criterio anticuado, todo el mundo parece haber que ha vuelto a descubrir la teoría de John Maynard Keynes.
En lo que respecta al gobierno de Barack Obama, su plan económico para superar la crisis que afecta a este país, desde sus primeras formulaciones cuando aún era candidato, muestra una fuerte influencia de Keynes. De hecho, el principal asesor económico de su gobierno es Larry Summer es el sobrino de Paul Samuelson, uno de los fundadores del keynesianismo norteamericano.
Un artículo en la revista The New Republic del 4 de febrero de 2009 analiza algunas de las equivocaciones que ha rodeado a la teoría de Keynes y las posibilidades de una aplicación adecuada por parte del gobierno de Obama.
Obama enfrenta extraordinarios retos a la hora de tratar de poner en práctica un verdadero enfoque keynesiano. No sólo desde el punto de vista ideológico y político, sino que también necesita el financiamiento internacional, mediante la compra de bonos del gobierno, de naciones como China y Japón. En cualquier caso, resulta inevitable que el enorme déficit creado por las acciones erróneas de la administración Bush se ampliará considerablemente. En este sentido, la posible reforma dentro del capitalismo norteamericano será también una reforma mundial.
La pregunta con la que concluye el artículo es si podrá Obama convertirse en el primer presidente norteamericano que finalmente, tras 70 años, logre aplicar a plenitud los postulados de Keynes.
No sé la repuesta, pero sí considero que el momento es propicio. Desde hacía tiempo no se podía hablar de la participación del Estado, dentro del marco de la economía capitalista, sin ruborizarse o sin temor de provocar algún escándalo. Pero en la recién concluida reunión de Davos —que hasta hace poco fue la meca del neoliberalismo y de la soberanía del mercado— no sólo se analizó la decadencia del actual modelo capitalista norteamericano, sino que El Capital de Carlos Marx volvió a ser un éxito de ventas.
Esto por supuesto no significa que alguna forma de socialismo esté al doblar de la esquina en este país.
''Si uno mira las experimentaciones periódicas con la política keynesiana en Estados Unidos, éstas han sido guiadas desde el comienzo por una determinación de evitar cualquier medida que podría ser descrita como socialista'', escribe John B. Judis, el autor del artículo en The New Republic.
Por supuesto que el keynesianismo no es un camino al socialismo ni tiene nada que ver con el capitalismo, sino es una fórmula que intenta todo lo contrario: salvar al capitalismo de sus crisis periódicas que son fuente de descontento e inquietud social, que pueden llevar a un movimiento político anticapitalista.
Si Obama triunfa con una reforma que acerque a este país a los sistemas imperantes en las democracias europeas. En fin, si logra que el gobierno sea capaz de conformar el capital privado en una forma acorde a un beneficio social general, y ponga freno a la avaricia desbordada que ha sido la bandera sostenida en esta nación como motor impulsor del desarrollo social, no será poco lo conseguido.
Fotografía: simpatizante de Obama durante la campaña por la nominación presidencial por el Partido Demócrata, en marzo de 2008.

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