miércoles, 4 de febrero de 2009

Sobre G Cain en La Nación de Buenos Aires


Un buen ensayo de Edgardo Cozarisnsky sobre Guillermo Cabrera Infante en La Nación de Buenos Aires.
Escribe Cozarinsky:
“Las buscas del tiempo perdido que me interesan no ignoran necesariamente la proustiana, pero su objeto de deseo se encarna en la ciudad perdida. Joyce reinventó Dublín desde Trieste, una Dublín mitologizada en parodia homérica a partir de algunos nombres propios, de una topografía de la que había necesitado distanciarse para convertirse en europeo. En Berlín, en París, en Estados Unidos, Nabokov fue recuperando un San Petersburgo del que no podía sospechar que sólo durante algunas décadas iba a llamarse Leningrado. Cavafis, a partir de su erudición, convocó fantasmas helénicos y bizantinos de Alejandría en los intersticios de una ciudad amnésica, colonizada por las potencias mercantiles del siglo XIX.
Es ésta una necromancia que Guillermo Cabrera Infante practicó concienzudamente. A menudo citaba a Joyce: "Es peligroso dejar el país de uno, pero más peligroso aún es volver a él, porque entonces tus compatriotas, si pueden, te clavarán un cuchillo en el corazón"; en Mea Cuba reiteró la frase, suplantando "corazón" por "espalda". Sabía que no iba a vivir para volver a ver La Habana: aun si el régimen, ablandado, decrépito, lo hubiese invitado en un gesto de complaciente, interesado olvido, él no iba a encontrar el escenario de sus trasnochadas juveniles, menos aún la credulidad con que había dirigido Lunes de Revolución durante el breve período anterior a la imposición de una cultura dirigida según el modelo soviético.
También él, por lo tanto, debió reinventarse una Habana desaparecida en busca del difunto por excelencia: el joven que había sido. En su juego preferido con vocablos, idiomas y citas, buscó su propio fantasma: minucioso trabajo de montaje, durante el cual excavó y desenterró un escenario populoso, una Atlántida hundida, y lo recreó como ciudad de palabras. Y esa ciudad verbal debe mucho a la sintaxis y a la mitología del cinematógrafo´´.
Cozarisnsky es, más que un escritor ejemplar, un ejemplo de la vocación de escritor. Hace algunos años, en París, le descubrieron un cáncer. Hasta ese momento había sido fundamentalmente un realizador cinematográfico, mientras esperaba el momento propicio para escribir sus libros. Supo entonces que la espera había concluido y se dedicó por completo a escribir. No ha parado hasta hoy, y lo sigue haciendo.
Para leer En busca del yo perdido en La Habana, pinche aquí.
Fotografía: Guillermo Cabrera Infante rodeado de sus nietos, en la casa de su hija Ana en Londres, en 2002.

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