viernes, 20 de febrero de 2009

Vuelve la literatura rusa


Para mi, es la noticia del día (la información sobre el nombramiento de los tres vicepresidentes Cuaderno de Cuba la dio ayer).
El vicecanciller de Rusia, Serguei Riabkov, recibió hoy en La Habana la proclamación de su país como invitado de honor de la próxima Feria Internacional del Libro de Cuba, en 2010, informa la agencia Efe.
''Es un honor y una responsabilidad que cumpliremos. Estamos dispuestos a trabajar duro para traer lo mejor de nuestra cultura'', declaró el vicecanciller en un acto celebrado en el marco de la XVIII Feria, que concluye el próximo domingo en La Habana y estuvo dedicada a Chile.
Riabkov dijo que la invitación cubana fortalece, ''desde el punto de vista de la cultura, la educación, los intercambios humanos, la música, un nuevo auge de las relaciones que se ha estado viendo en los últimos tiempos''.
A su vez, el ministro cubano de Cultura, Abel Prieto, auguró ''un momento de consolidación de la amistad que desde hace décadas identifica a ambos pueblos''.
Resulta que el fortalecimiento de los vínculos entre Rusia y Cuba -para recobrar la vieja jerga y ponerse a tono con los tiempos- es la razón de esta elección.
Hay más, mucho más.
Rusia como invitada es más que la literatura y la cultura rusa, que por cierto ya es bastante.
A no ser que quieran convertir el evento en una lección para escolares sencillos -algo que por otra parte no pongo en duda-, también habrá que hablar del pasado reciente.
Y aquí sí hay varios aspectos que trascienden la lección de historia de la literatura y el protocolo.
Un evento de esta naturaleza de alguna manera tendrá que tratar el tema de la literatura soviética. O evadirlo por completo, que no es más que una forma de mencionarlo en silencio.
Ninguna literatura como la soviética para servir de ejemplo, en lo mejor y en lo peor, de la mezcla siempre peligrosa entre cultura y política.
Espero que se produce un debate al respecto, y éste no tiene que estar limitado a lo que se discuta en la fortaleza de la Cabaña y ni siquiera a lo que se hable en la isla entera.
Hay que agregar dos aspectos importantes:
Al ser Rusia el país invitado, se abre la posibilidad de un despliegue de obras más allá de las fronteras de la producción cultural interna, ya que gran parte de la mejor historiografía sobre la nación y su historia -en especial en lo que respecta a la etapa soviética- se realiza en el extranjero, aunque en muchos casos por autores rusos o con la colaboración de éstos. Lo más probable es que el evento de La Habana no contemple este aspecto, pero ello lo reduce a una exhibición más regida por la política que por la literatura, lo que tampoco sería noticia.
Hay que agregar además que no tiene cabida el socorrido debate, que en otras circunstancias hubieran desarrollado ciertos círculos del exilio, entre lo que va a predominar en las mesas de la feria habanera: si Chapaev o Archipiélago Gulag, en lo que toca a la literatura soviética, si es que se presenta. Otro problema aparte es si sólo se encontrarán las novelas de Tolstoi.
Hay por último una cuestión menor que me produce curiosidad. Durante décadas la producción de libros soviéticos en español fue nutrida y numerosa. Es de esperar que esa producción, que obedecía a razones políticas, ya no exista. ¿Se producen en la actualidad libros rusos en español? Quizá esta es la pregunta más fácil de contestar en la próxima feria, además de la posibilidad de ver danzas, muchas danzas de cosacos.
Fotografía: el presidente del Consejo de Estado y el Consejo de Ministros de Cuba, Raúl Castro (derecha), firma en el libro de honor antes de reunirse con el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR), Kiril, en la Catedral de Cristo Salvador en Moscú, Rusia, el 3 de febrero (Maxim Shipenkov/EFE).

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...