viernes, 27 de marzo de 2009

Buscan dilatar el inicio de juicio contra Posada


Los abogados de Luis Posada Carriles están apostando a la táctica del aplazamiento de un nuevo juicio, luego de que el Tribunal Supremo rechazara una apelación para revisar el caso.
El lunes el Tribunal Supremo de Estados Unidos anunció la negativa a reconsiderar una decisión de la Corte de Apelaciones del Quinto Circuito (Nueva Orleans), que el pasado agosto dio marcha atrás al fallo precedente de la jueza Kathleen Cardone, y ordenó que Posada fuera juzgado por los delitos de fraude migratorio y falso testimonio, informa hoy El Nuevo Herald.
La negativa de la Corte Suprema obliga al tribunal de El Paso a reabrir la causa contra Posada Carriles, de 81 años y actualmente en libertad condicional en Miami.
Además de este juicio, sobre él pesa una orden final de deportación y una solicitud de extradición del gobierno de Venezuela, que busca juzgarlo como máximo responsable de la voladura de un avión cubano con 73 pasajeros en 1976.
Además, un jurado de instrucción en Nueva Jersey también lo investiga por su presunta participación en atentados dinamiteros contra instalaciones turísticas cubanas en 1997.
Para complicar aún más su situación, en julio del pasado año la Corte Suprema de Panamá dejó sin efecto el indulto que le había otorgado la presidenta Mireya Moscoso en septiembre de 2004.
El gobierno de Cuba ha acusado al norteamericano de ''cómplice inacción'' y de ''impedir'' que se haga justicia en el caso contra Posada Carriles.
''Los ridículos y vergonzosos esfuerzos de la fiscalía para dilatar una y otra vez el caso de fraude migratorio presentado (contra Carriles), constituyen una maniobra legal dilatoria que impide la justicia, extraordinariamente demorada en este caso'', apuntó una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba aparecida el 17 de abril de 2008 en el diario Granma.
Mientras tanto, Posada continúa viviendo aquí en Miami.
En mayo de 2007, sus abogados dijeron que éste iba a permanecer en esta ciudad apartado de la vida pública, y que no realizaría declaraciones a los medios de comunicación hasta tanto no se esclareciera completamente su situación legal en Estados Unidos.
Sin embargo, Posada ha hecho algunas apariciones públicas, particularmente en cenas realizadas en su honor patrocinadas por el sector ultraderechista de Miami. También asistió al funeral del músico cubano exiliado Israel López ''Cachao'' e hizo declaraciones por el Canal 23 de la televisión local.
En una cena celebrada en su honor alrededor del 6 de mayo de 2008, en el club Big Five de Miami, Posada predijo que el fin del gobierno imperante en Cuba estaba cerca. Manifestó su fe en Dios, al tiempo que le pidió que ''afilara nuestros machetes'' para acelerar el fin del régimen.
Salvo algunos en Miami, nadie quiere tener cerca a Posada. De continuar las dilaciones en sus posibles procesamientos legales, esta ciudad parece destinada a ser su hogar durante los años que le quedan de vida. No debe sorprendernos, cuando por tanto tiempo se paseó por estas calles Esteban Ventura Novo, quien murió sin pagar nunca por los crímenes que cometió durante la dictadura de Batista. Nada hay de extraño en que, al igual que ocurrió con Orlando Bosch, aquí siga Posada manteniendo su refugio al sol y no a la sombra.
El problema es que hasta el momento no parece existir la intención de llevarlo a la justicia bajo los cargos que en realidad debe enfrentar. El único perdedor cuando se anuló el caso por fraude migratorio fue el gobierno norteamericano. Se trataba de acusaciones menores, para un hombre que cuenta con un amplio y documentado historial de actividades violentas.
Tratar de juzgar al anciano por mentirle a Inmigración resultó no sólo ridículo sino hipócrita. Encubrir la verdadera naturaleza del caso con un pretexto agarrado por los pelos. Se intentaba mantenerlo en prisión alegando motivos baladíes. Al final, en un sentido estrecho se hizo justicia, porque los cargos no justificaban la detención, pero bajo las consideraciones éticas que deben regir la vida en democracia se asistió a la consumación de una farsa.
Posteriormente, cuando el gobierno llevó el caso ante el Tribunal del Onceno Circuito de Nueva Orleans, donde se determinó que la jueza Cardone sobrevaloró los deslices cometidos en el proceso de ciudadanía y erró al anular los cargos contra el acusado, se volvió prácticamente al punto de partida. Y es este punto de inicio el que los abogados de Posada quieren seguir postergando.
Por años se viene esperando el inicio de un proceso serio que, con todas las garantías legales para el acusado, se determine su posible culpabilidad en hechos que se le imputan. En especial los atentados dinamiteros ocurridos en los hoteles habaneros.
Durante el gobierno del ex presidente George W. Bush existieron pocas esperanzas de que ello ocurriera. Falta por ver ahora si realmente esta situación ha cambiado.
La investigación en marcha sobre las bombas colocadas en Cuba se ha visto demorada por un rosario de procesamientos incompletos, documentos desaparecidos o destruidos y pequeños avances y grandes retrocesos. Todo esto sin contar un historial anterior de actos de sabotaje en que la verdad de los hechos —y las consecuentes responsabilidades—, las exageraciones y falsedades nunca han podido ser separadas.
Durante más de 40 años, Posada desarrolló una tormentosa relación con el gobierno estadounidense, en particular con la Agencia Central de Inteligencia, la cual, pese a que contrató sus servicios en diversas ocasiones, mantuvo siempre abiertas investigaciones sobre sus pasos. Esas investigaciones se realizaron por sospechas diversas: que era un agente de la inteligencia cubana, tráfico de drogas y moneda falsa, pequeños robos y, principalmente, por estar involucrado en actividades violentas contra el régimen castrista, sin informarlo a las autoridades estadounidenses, de acuerdo con un legajo de documentos gubernamentales secretos dados a conocer el 6 de octubre de 2006.
La realidad es que Washington utilizó a Posada Carriles para diversas actividades encubiertas, en una época en que el empleo de ciertos medios violentos se mantuvo en secreto y no se sancionó como ahora. Pero la guerra fría terminó. A esto se añade que el actual gobierno del presidente Barack Obama quiere limpiar el legado negativo que ha dejado la recién concluida administración de Bush, donde se volvió al empleo de la tortura y el asesinato para destruir a los que se consideran enemigos del sistema. Al mismo tiempo, también ha aumentado —en el pueblo norteamericano y el mundo— el repudio a las justificaciones ideológicas y políticas de los asesinatos de civiles, y a los actos que ponen en peligro la vida de inocentes.
Posada se ha convertido en un rezago de otra época. Demasiadas guerras y crímenes ocurrieron durante el siglo pasado, para persistir en presentar como víctima a un terrorista. Tiene un amplio historial —en parte hecho público, en parte mantenido aún en secreto— que lo descalifica como patriota y luchador por la democracia. No es un inocente acusado sin motivos, que sufre a causa de intereses internacionales y ha consagrado su vida a la causa de la libertad de Cuba. Es un individuo que la mayor parte de su existencia ha obrado al margen de la ley, sin detenerse a medir las consecuencias de sus actos en las vidas de seres inocentes.
Fotografía: Luis Posada Carriles al llegar a su casa en Miami, luego de ser liberado tras el fallo de la jueza Kathleen Cardone en 2007.

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