miércoles, 4 de marzo de 2009

Dos monos viejos

''Les voy a decir algo. Es una costumbre en ese país cada vez que quieren demostrar al mundo que se van a producir unos cambios estupendos en las estructuras (cualesquiera que estas sean, políticas, económicas, culturales), sustituir a los hombres. Es lo único que cambian. Y si no, miren los periódicos viejos. Tienen 50 años de periódicos viejos para hojear. Y, lo más curioso de todo, ellos se abocan a esos cambios de personal como la respuesta que creen pareja a los cambios políticos en los Estados Unidos. No obstante, los cubanos son cuidadosos a la hora de matizar y equilibrar ciertos detalles. Cuando Ronald Reagan ascendió al poder, Fidel le ofreció como ofrenda a uno de sus cuadros más capacitados en el sector de la cultura, propaganda e ideología: el comandante Antonio Pérez Herrero. Un viejo comunista al que sus detractores llamaban «Limón», por su carácter ácido (léase rectitud), Pérez Herrero se convertía en un obstáculo para tenerlo en su entorno a la hora de competir con el Gran Comunicador gringo. Así que lo sustituyó por un mulato guarachero y avispado, de grandes y espesos mostachos: Carlos Aldana. Cuando Bill Clinton, le tocó a Armando Hart, una especie de místico del culto a Fidel pero que te bañaba en saliva cuando te hablaba a dos pies de distancia -algún descontrol en esas glándulas emisoras- y lo despidió de su puesto de ministro de Cultura para nombrar a un joven escritor de larga melena por los hombros llamado Abel Prieto y a quien se conocía en los medios intelectuales como Shirley Temple, debido a la desusada cabellera. La cabellera. Eso era lo que quería Fidel para competir con la juventud de Clinton. 'No te la cortes bajo ningún concepto', le advirtió el jefe de la Revolución''.
Norberto Fuentes escribe sobre los viejos cambios, los nuevos cambios y lo desconocido, tanto para Fidel y Raúl Castro como para Obama.
Para leerlo, pinche aquí.
Fotografía: Norberto Fuentes.

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