sábado, 7 de marzo de 2009

Historia de Layo y del delfín indigno


Curioso que en la misma semana en que Fidel Castro la emprende con furia contra dos de sus más cercanos colaborados —uno de los cuales había sido apodado como ''el delfín''— se haga público que al parecer se encuentra en su conocida casa familiar, en el reparto Siboney, al oeste de La Habana. Si con tanto secreto se mantiene su estado de salud, ¿por qué hacer pública su residencia? Cabe preguntarse también qué desató tanto furor, al grado de llamar ''indignos'' a dos figuras que por años han estado presentes en los más importantes eventos del proceso cubano.
En una semana llena de conjeturas sobre la destitución del vicepresidente Carlos Lage, el canciller Felipe Pérez Roque y el jefe del Departamento de Relaciones Exteriores del Partido Comunista de Cuba, Fernando Remírez de Estenoz, cabe una especulación más, típica de un blog. Hay una serie de datos fragmentados que han ido surgiendo, que llevan a pensar que estamos ante dos acontecimientos diferentes.
Uno es la reestructuración del gobierno. Esta había sido anunciada desde hace tiempo por el actual presidente Raúl Castro. Incluso durante el último período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, éste había explicado que la demora en llevarla cabo había obedecido al paso de los tres huracanes por la isla el pasado año, y que se realizaría en los próximos meses.
Los cambios anunciados el lunes indican el avance de un proceso en que poco a poco se ha ido imponiendo el estilo de gobierno de Raúl Castro y su objetivo de situar en puestos claves a militares, funcionarios de su confianza y a los llamados ''históricos'', quienes participaron en la insurrección contra la dictadura de Fulgencio Batista.
La destitución de Lage, Pérez Roque y Remírez de Estenoz ha sido la parte más traumática del proceso. También sorpresiva, si se tiene en cuenta el viaje previsto del ahora ex canciller a Japón, y la participación de los tres en actos importantes hasta el día anterior. Se puede argumentar que no es la primera vez que este tipo de cambio sorpresivo ocurre en Cuba, pero salvo circunstancias especiales, el gobierno de La Habana ha estado prefiriendo la normalidad que los sobresaltos. A esto se debe añadir la premura del nuevo ministro de Relaciones Exteriores en asegurarle a Europa que el proceso de cooperación y diálogo sigue sin alteraciones, que incluso se acelera.
Cabría entonces suponer que lo iniciado el lunes es un proceso con dos objetivos diferentes. Uno de ellos obedece a los propósitos de Raúl Castro, el otro al de su hermano. No es que la jugada no haya sido realizada de mutuo acuerdo, es que cada cual tuvo un interés particular.
El de Raúl ya se conoce. El de Fidel quizá tenga que ver no tanto con una posible negociación con Estados Unidos —hacia donde han apuntado la mayoría de los análisis—, sino con lo ocurrido durante la reciente visita de la presidenta chilena a Cuba.
No es que Lage y Pérez Roque no estuvieran desde hace tiempo en la mirilla de Raúl Castro. Lo que vale la pena preguntarse es qué los colocó en la de Fidel.
En la noche del jueves 12 de febrero, en el tercer día de su gira a La Habana, la Presidenta Michelle Bachelet fue la invitada de honor en una cena que le ofreció el empresario Max Marambio. Según participantes de la cita, entre otros comensales -que degustaron un cerdo a la parrilla- estaban Fidel Castro Díaz-Balart, el hijo mayor del ex jefe de Estado y el canciller cubano, Felipe Pérez Roque.
El entonces canciller cubano llegó a la casa de Marambio con un set de siete fotografías de la reunión de Bachelet con Fidel Castro y se las entregó a la mandataria chilena, quien escogería dos para su divulgación inmediata. Bachelet se retiró alrededor de las 2.00 de la madrugada. Ya para entonces circulaba la ''reflexión'' de Castro que terminó por empañar su gira.
El golpe tomó por sorpresa a la comitiva presidencial. La primera opción que barajó el gobierno chileno, para reducir el impacto del golpe, fue un comunicado conjunto de los cancilleres, donde quedara claro que las palabras de Fidel no interpretaban las conversaciones oficiales.
Quien estuvo a cargo de la discusión sobre tan importante punto —especialmente para el ego de Fidel Castro y la naturaleza del régimen cubano— fue Pérez Roque. Al final el canciller respondió que no existía posibilidad alguna de una declaración desautorizando al líder de la revolución. Pero, ¿se atrevió a preguntar esta posibilidad? ¿El ´´error´´ que llevó a la caída del ministro de Relaciones Exteriores cubano fue admitir incluso el planteamiento del punto, y que después saliera publicado en la prensa chilena su respuesta, que evidentemente obedecía a una consulta a los niveles más altos?
Tras la negativa, según fuentes de la comitiva presidencial chilena, el gobierno sudamericano se jugó la carta de advertir con firmeza que se estaba analizando la posibilidad de que la propia presidenta Bachelet saliera a criticar al ex jefe de Estado cubano. Al final se pactó que el canciller chileno, Alejandro Foxley, se encargaría de hacerlo, bajo la promesa del gobierno del menor de los Castro que nadie saldría a rebatirlo. Es evidente que Pérez Roque fue el mensajero en el logro de esta respuesta.
El canciller chileno, quien nunca vio con buenos ojos el viaje, realizó con satisfacción la tarea. ''No vamos a dejar que la columna de opinión de una persona retirada opaque una buena visita'', afirmó a la prensa, junto con cuestionar que el Comandante filtrara una conversación privada. Para muchos, lo ocurrido marcó un hito: que alguien en suelo cubano criticara con fuerza a Fidel Castro -sobre todo una autoridad extranjera- sin recibir una durísima respuesta.
Es posible que este pequeño incidente internacional fuera aprovechado por Raúl para intrigar ante Fidel Castro en contra de Pérez Roque. Lage, desde la creación del nuevo gobierno raulista, ya estaba en picada. El enigma en este crucigrama sigue siendo la salida de Remírez de Estenoz.
Lo cierto es que el párrafo que en su ''reflexión'' Fidel Castro dedica a Lage y a Pérez es un ataque muy virulento.
No se trata de considerar a lo ocurrido durante la visita de Bachelet como la causa principal para las destituciones, pero quizá este hecho actuó de catalizador. Visto a la óptica de lo ocurrido en los últimos días, es posible que Fidel Castro —que evidentemente se ha recuperado notablemente de salud— percibiera que algunos de los funcionarios de mayor nivel —los cuales, entre paréntesis, había ascendido y cobijado— empezaban a actuar como si él ya no contara. Quizá aquí radique la explicación psicológica al rechazo emocional, que lo lleva a mentir de una forma tan abierta, que sabe nadie va a creerle: ''nunca los propuse''.
El padre que niega al hijo. La inversión del mito de Edipo. Layo temeroso. No sería por gusto entonces que Dalia Soto del Valle —la Yocasta cubana— sea mencionada durante el encuentro del presidente hondureño, Manuel Zelaya, y que por primera vez se revele que Fidel Castro está en su casa. El rey en su hogar y con su esposa, a salvo del ''indigno'' delfín.
Sobre lo ocurrido durante la cena en casa de Max Marambio y la reacción chilena a la ''reflexión'' de Fidel Castro he utilizado un texto aparecido en La Tercera de Chile, escrito por Cristián Bofill, director del diario, quien acompañó a la presidenta Bachelet en la visita a la isla.
Fotografía: representación teatral de la obra Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat, en La Habana, 2007.

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