miércoles, 22 de abril de 2009

Entre el insulto y el disparate


Creo que va siendo hora de que el Partido Republicano comience a pensar seriamente en reorientarse ideológicamente, definir objetivos electorales y buscar nuevos líderes. De lo contrario, enfrenta la amenaza de una reducción ―tanto en influencia política como en número— que no es recomendable para el necesario balance que debe regir a una sociedad democrática, con independencia de la afinidad que uno pueda tener o no con ese grupo político.
La resaca postelectoral, que está permitiendo que demagogos de la radio, extremistas y oportunistas de todo tipo traten de acaparar la lógica frustración de quienes fueron derrotados en las urnas, debe ser sustituida por una disciplina partidista y un análisis de la derrota.
Si bien es cierto que faltan casi dos años para otras elecciones legislativas —y cuatro para las presidenciales―, la senda del irracionalismo por la que en la actualidad transita una parte del republicanismo no conduce a nada bueno, ni para su partido ni para el país.
En el caso de quienes son republicanos y también pertenecen a la llamada ''línea dura del exilio'', ya alcanza alturas demenciales la frustración y enojo ante el rumbo que está tomando la política norteamericana hacia el gobierno cubano.
No sólo se escuchan opiniones descabelladas entre el grupo ―cada vez más reducido— que oye la carcoma radial de un par de emisoras de Miami. Algunos de los legisladores, que se supone representan al conjunto de electores norteamericanos, están tan alterados, que cabe preguntarse si ese enojo no les impide ejercer a plenitud y de una forma racional la labor para la que fueron electos, que no es precisamente la ''lucha'' por la democracia en Cuba.
El representante republicano por la Florida Mario Díaz Balart comparó a quienes viajan a Cuba a ver a sus familiares —algunos de los cuales son votantes de su distrito—, con los que hicieron negocios con la Alemania de Hitler. Es decir, los llamó colaboracionistas nazis.
El emitir juicios de proporciones excesivas ha caracterizado a la política cubana en ambas costas del estrecho de la Florida. Pero en este caso el legislador ha ido mucho más lejos con esa declaración desafortunada, en especial si se toma en cuenta la numerosa población hebrea del sur de la Florida, una parte de la cual ha visitado y visita la isla, así como envía ayuda humanitaria. Más allá de criterios políticos, esto es un insulto y no una simple exageración.
Para ver el video, titulado Mario Diaz-Balart compares his constituents to Nazis, pinche aquí.
Fotografía: bailarinas cubanas en la Plaza de Armas de La Habana Vieja, el 17 de abril de 2009 (Rolando Pujol/EFE).

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