jueves, 30 de abril de 2009

Sin risa


En su Indagación del choteo, Mañach denunció la influencia ejercida por "el periodismo vocinglero y aldeano que generalmente hemos padecido, el arribista intelectual que ha sentado plaza de maestro, el profesional que se ha prestigiado míticamente, el político con antecedentes impublicables, la revista que ha querido ser cómica y no ha pasado de chocarrera o la farsa que, so capa de criollismo, ha escondido sólo una pornografía grosera y una esquemática plebeyez".
Estas palabras tienen plena vigencia, y ahora se pueden extender al internet.
Sin embargo, Mañach, que en su época criticó las funestas consecuencias -en el orden moral y cultural- de un choteo que no podía justificarse sino como "un resabio infantil de un pueblo que todavía no ha tenido tiempo de madurar por su cuenta", reivindicaba la "función crítica saludable" de éste cuando se convertía en el delator formidable de una "autoridad huera o improvisada".
En este sentido, quienes se merecen la trompetilla son esos personajes que, especialmente desde el exilio, pretenden convertirse en conciencia crítica de la sociedad cubana, paladines de la ética y voceros del anticastrismo, y no pasan de ser, ellos mismos, figuras risibles.
Lo peor no es convertir la política en broma, algo que puede resultar saludable, sino limitar el discurso a una broma transformada en política, y tratar al mismo tiempo de venderse de intelectual crítico o de crítico intelectual.

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