domingo, 28 de junio de 2009

La purga de Raúl


Una de las noticias más comentadas hoy, de las publicadas en los periódicos españoles, y que se conoce en todo el mundo gracias a internet, es el ya famoso video (versión corta y larga), en que se detallan los hechos que condujeron a la destitución de varios importantes funcionarios cubanos y los arrestos de Conrado Hernández, por su supuesto espionaje para España, y de Raúl Castellanos Lage, primo de Carlos Lage y directivo del Instituto de Cardiología Vascular.
El video, por supuesto, cumple al menos dos funciones. Además de informar a los llamados ''cuadros'' del partido, todo parece indicar que forma parte de la preparación para un juicio político y legal a los acusados.
En este sentido, se trata de un mecanismo clásico utilizado con éxito en la URSS y los países socialistas, hasta su desaparición: la maquinaria del terror demostrando una vez más su eficiencia. Nadie está a salvo de ser vigilado, los micrófonos andan por cualquier parte y una palabra, un chiste o simplemente una risa pueden ser usados en tú contra.
Nada diferente a lo conocido en otros casos. Sin embargo, hay en esta mezcla de supuestos delitos de espionaje ―que en cualquier país que se comentan son sancionados— y comentarios de ocasión, frases sueltas y exposición de privilegios que, es seguro, no son nuevos para la cúpula gobernante ni limitados a los que ahora están en la picota, mucho más que una simple defenestración.
Estamos a punto de asistir a la primera purga dirigida por Raúl Castro, pero vislumbrada por Fidel Castro mucho antes de su enfermedad. Lo que llama la atención es cómo el actual gobernante ha logrado orientar el proceso para que represente una ganancia absoluta hacia su persona. Si bien fue Fidel Castro quien avanzó la naturaleza de lo ocurrido, con su reflexión sobre “las mieles del poder”, la trama lleva la firma del hermano.
El 17 de noviembre de 2005, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso en la Universidad de La Habana, Fidel Castro escribió el primer capítulo de lo que vemos ahora, cuando dijo: “Este país puede destruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos [Estados Unidos]; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.
Hubo más de uno, ya entonces candidato a ''sospechoso'', que no supo prever lo que le venía para encima. Felipe Pérez Roque, por ejemplo, no entendió en aquel momento lo que estaba diciendo Fidel Castro, o no pudo entenderlo por soberbia o ignorancia, pese a sus repetidos alardes de que él conocía la forma en que pensaba el gobernante.
Pero permitir que los hechos se desarrollaran al coste ideológico, que para el proceso cubano tienen las informaciones que están saliendo a relucir, sólo se explica con un Fidel Castro enfermo y un Raúl Castro urdiendo los hilos de la conspiración de forma sistemática.
Conocer ahora que el mismo joven dirigente que anunciara la enfermedad del líder de la revolución, y la proclama de traspaso de poder, estuviera celebrando una fiesta y emborrachándose mientras su jefe estaba en peligro de muerte, y que esta fiesta ocurriera en el mismo edificio donde estaba el enfermo, denota un afán por permitir que las ambiciones se desbordaran, salieran a flote, y las ilusiones de llegar realmente al poder se hicieran fuerte. Y esta maniobra sólo puede ser obra del actual presidente cubano.
Por otra parte, resultan interesantes los términos en que Raúl Castro narra lo ocurrido: ''Mientras mi hermano se debatía entre la vida y la muerte, un piso más abajo Carlitos [Valenciaga] celebraba una fiesta que llegó a ser indecente, en la que participaron Lage y Pérez Roque''.
''Su hermano'', no el Comandante en Jefe, no quien aún oficialmente era el gobernante de Cuba. Raúl no sólo ocupa el turno del ofendido, incluso desde el punto de vista moral y de ''las buenas costumbres'', sino define términos: su familia y la fidelidad hacia los hermanos. Y al mismo tiempo, deja en entredicho la capacidad del líder máximo a la hora de rodearse de subalternos. Valenciaga fue en los últimos 10 años secretario personal y jefe de Despacho de Fidel Castro.
Está por verse si se celebra un amplio juicio político, lo cual es casi seguro, y el alcance del mismo. De ocurrir, es Carlos Lage quien parece saldrá peor parado, mientras Pérez Roque en un grado menor. Pero lo importante aquí es que, conspiraciones palaciegas aparte, la lentitud en cerrar este capítulo obedece a la intención clara de dejar manifiesto que quien dirige en la actualidad el gobierno cubano no se preocupa por la sucesión, sino por la supervivencia.
También en Cuaderno Mayor, Anestesia local, pistola en mano.

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