domingo, 20 de septiembre de 2009

No es el concierto de Juanes, pero ...


La fotografía de arriba no tiene relación aparente con la actuación del artista colombiano en La Habana. Aunque tampoco es la imagen que en la actualidad viene a la mente de muchos cuando se habla de China. Y sí, corresponde a la China actual y fue hecha durante la celebración del recién concluido pleno del Partido Comunista Chino.
Los problemas tratados en el evento fueron fundamentalmente la corrupción y la búsqueda de medios para democratizar al partido en sus bases. Sin embargo, esta democratización interna de la organización política está lejos de lograrse y los especialistas aseguran que es más provechoso analizar el evento por lo que no se dijo que por lo que se habló. Por lo demás, dan poca esperanza a que se produjera un avance sustancial en este sentido.
Nada de lo anterior es novedoso en China, y desde hace años estamos acostumbrados a este tipo de eventos, tanto en los países donde desapareció el sistema socialista como en los que permanece, al menos como rezago ideológico y de control político.
Lo que sí vale la pena señalar, una vez más, es que esta es la nación con la cual Washington tiene relaciones plenas, que le ha prestado millones y millones de dólares a Estados Unidos durante los últimos años, cuyos productos están en todo tipo de establecimientos comerciales de este país y del resto del mundo y que ha comprado una parte considerable de los bonos emitidos por el gobierno norteamericano para sufragar desde las últimas guerras hasta los desastres financieros.
Así que con cuál China nos quedamos. Con la que nos invade con sus artículos o con la que celebra plenos del partido que recuerdan el mejor estilo soviético. ¿O con las dos?
Ahora esta otra foto:
El cantante colombiano Juanes parece haber logrado reunir más de un millón de personas en la Plaza. La cifra es importante, porque más allá de la discusión de si fue un acto político o no, lo que queda claro es que no se trató de una actividad de militancia revolucionaria. Y esa es la imagen que quería lograr Estados Unidos y por supuesto Cuba.
No se intenta aquí el hacer comparaciones simplistas con los actos de Fidel Castro. Ni siquiera invocar a Juan Pablo II. Simplemente que son miles y miles que en la isla fueron a oír a un grupo de cantantes y un sector del exilio de Miami se opuso. Así que los que al final se dieron el gusto fueron los que disfrutaron el concierto, y no los que querían que nadie lo disfrutara.
Hay una imagen poderosa: un millón de cubanos ―o un reclamo creíble de que fueron más de un millón a la Plaza a escuchar a Juanes― que asistieron a un concierto de música.
Y esa imagen va a ser utilizada y vuelta a utilizar.
¿Qué queda entonces? Podemos decir que, indudablemente, un triunfo para Juanes, Cuba y Estados Unidos (aunque el propio presidente Obama haya intentado restarle importancia al asunto o pronunciarse con una cautela adecuada). Por supuesto que el perdedor es ese sector del exilio con menos luces, que no sabe o no quiere darse cuenta de que los tiempos han cambiado. Juanes canta en Cuba y en Miami la policía tiene que intervenir en una protesta de cuatro gatos a los que no se les ocurre una mejor idea que destruir los discos del artista. Por favor, ya es hora de prescindir de esa gente, ni siquiera para el color local de la noticia.
Porque, por otra parte, esos que rompieron discos ni representan al exilio ni cuentan para nada. En La Habana podrán seguir hablando de la intolerancia de Miami ―la real y la exagerada―, pero en esta ciudad el tema se ha tratado con una amplitud, por ejemplo en los programas de televisión nocturnos, que ha sentado un buen precedente.
Lo importante en este sentido no fue estar a favor o en contra del concierto, o el manifestar que a uno le gustara o no que el evento se celebrara en Cuba, sino el rechazo ,mostrado por la mayoría del exilio, a la utilización de métodos intimidatorios a la hora de imponer un criterio.
¿Significó el concierto de Juanes un avance hacia la democracia en Cuba? El argumento del granito de arena puede resultar cursi, pero también significativo. Sin olvidar que todavía en China se celebran plenos del Partido Comunista.

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