miércoles, 20 de enero de 2010

Manipulación democrática

Lo ocurrido en Massachusetts puede resultar inexplicable para quienes no viven en Estados Unidos, y para muchos residentes de esta nación también. Cómo es posible que un estado considerado culto, progresista y un bastión de los demócratas eligiera a un senador estatal novato, que está a favor de que se torture a los prisioneros sospechosos de terrorismo, sólo se le permita obtener la ciudadanía norteamericana a los inmigrantes ilegales que abandonen el país, se coloca del lado de las grandes corporaciones farmacéuticas, las aseguradoras más poderosas y se opone a reducir las emisiones de dióxido de carbono. También muchos no entenderán ese triunfo de un candidato apoyado por Rush Limbaugh y Sarah Palin, en un estado que hasta ayer se vanagloriaba de guiarse por otros principios. Pero lo más importante es que seguro muchos se preguntarán cómo ha ocurrido que los votantes de un estado tan liberal, que es uno de los pocos en este país que permiten los matrimonios de igual sexo, hayan votado para destruir la reforma de salud, el proyecto que uno de sus hijos más notables, Ted Kennedy, consideró “mi principal causa durante toda mi vida”.
La respuesta puede ser bien simple: a quienes viven en Massachusetts un seguro universal de salud no les interesa mucho ni tampoco les preocupa, por una sencilla razón: ya lo tienen. Fue un gobernador republicano, Mitt Romney, quien logró que se aprobara una ley al respecto. Romney lo hizo en una época que era mucho más bipartidista y conciliador que antes de lanzarse a la pasada contienda electoral como aspirante a la presidencia por el Partido Republicano, y ser derrotado.
Esa cobertura casi universal de salud beneficia a los residentes de Massachusetts, y los convierte en los sujetos menos apropiados a la hora de medir la aceptación o el rechazo a un seguro medico generalizado. Se trata de uno de los pocos estados de este país donde la propuesta de ley, ahora en peligro de ser aprobada, tendrá poco efecto en la mayoría de sus residentes.
¿Por qué votaron entonces en contra de la reforma de salud en Massachusetts?, ya que la elección fue en buena medida un referendo sobre este proyecto de ley ¿Por egoísmo y maldad?
No creo fueran primordiales estos sentimientos negativos, pero sí otros igualmente elementales: para, como decimos los cubanos, pasarle la cuenta a Obama y al Congreso.
Si algo ha demostrado la votación de anoche es que en este país existe un fuerte rechazo al Establishment ―la tradicional clase gobernante y las estructuras de la sociedad que ella controla― y que este rechazo va a definir el rumbo político de esta nación.
Por ello este rechazo al gobierno actual, ya que ha sido sobre todo un voto de castigo al Presidente, quien llegó al poder con la promesa de un cambio que no ha ocurrido. Si en Massachusetts votaron a favor del político que puede echar por tierra la reforma de salud no es por un rechazo al concepto sino para darle a Obama donde más le duela y para mostrar la desaprobación por un procedimiento legislativo en el Congreso, donde diversos senadores simplemente vendieron sus votos de apoyo al plan a cambio de prebendas para sus estados. Y aquí se está afectando un profundo sentimiento dentro de los habitantes de esta nación, donde nadie quiere que el dinero que se recauda mediante los impuestos sea gastado sólo en el vecino.
Vista de esta manera, la votación de anoche no sólo tiene un sentido, sino también una justificación.
Sólo que el golpe fue fuerte, pero no certero.
Al elegir a un senador que se va a caracterizar por un impedir cualquier proyecto de ley de la Casa Blanca o el Partido Demócrata, lo único que han hecho los electores es perjudicarse ellos mismos.
Uno de los problemas con el rechazo al Establishment es que sirve como manifestación de justo encono, pero también da pie a las corrientes populistas, de las que se alimentan los demagogos de cualquier signo. Populismo que en este país está incubando un movimiento pro fascista que cobra fuerza a diario.
Así que lo ocurrido ayer no fue más que una manipulación democrática. Legal, abierta y admisible. Típica de un país democrático y de una nación que respeta las garantías electorales, donde cada ciudadano tiene el derecho de emitir su criterio. No por ello, menos perjudicial.

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