miércoles, 17 de febrero de 2010

No avanza

Esta muchacha, Zoé Valdés, no ha dejado de ser una barriotera. ¡Qué lamentable!
Un ejemplo de su falta de imaginación:
Por cierto, ya quisiera la Armongola…
Debo recordar que esa chusmería la reconocí a tiempo:

Published: Martes 21 de Enero de 1997
Section: Editorial
Page: 8A
ZOÉS
Por ALEJANDRO ARMENGOL
El Nuevo Herald
Memo: OPINIONES
Zoé Valdés es la Madonna de la literatura cubana. Igual capacidad para transformar el desenfado y lo grotesco en espectáculo, para mostrar la vulgaridad y el erotismo despojado de misterio. El mismo rechazo saludable a las convenciones y la hipocresía. Semejante sagacidad para terminar ajustándose a sus propias conveniencias. ¿Cómo si no explicar ese talento de la escritora cubana para pasarse del bando de Alfredo Guevara al de Guillermo Cabrera Infante, enemigos irreconciliables? Algo así como nacer Montesco y terminar de invitada a comer con los Capuletos. Ahora bien, ni Madonna canta bien ni Valdés es una buena novelista, aunque a veces escribe tan mal que pone en duda esta afirmación.
No se trata de que para ser buen novelista sea imprescindible escribir bien. Pío Baroja escribía horriblemente mal. Es más, no podía lograr un párrafo medianamente correcto. Pero era un buen novelista porque en sus obras hay autenticidad. Te di la vida entera , la última obra de Zoé Valdés, finalista del premio Planeta 1996 y libro de gran venta en España y Miami, no es una novela: es un pastiche. Comienza como una crónica habanera de los años 50, en una imitación de Cabrera Infante disfrazada de falso homenaje, para luego convertirse en un remedo de Reinaldo Arenas y terminar después de trescientas y tantas fatigosas páginas transformada en una cantaleta sobre las vicisitudes de vivir en Cuba durante el ''período especial'', una especie de novela rosa-fantástica y fantasmagórica, llorona y anticastrista, sazonada con recetas de cocina a lo Laura Esquivel. Mientras tanto, Valdés nos ha abrumado con algunas de las peores imitaciones de los puns de Cabrera Infante de que pueda hacer gala un fanático, junto con una poderosa falta de imaginación y unos diálogos aburridos entre la autora y su conciencia (¿o es anticonciencia?) que más bien parecen destinados a dormirnos. Todo ello sin contar con icos de la literatura cubana, la de aquí y la de allá. La autora hace trampas al lector, en una narración que empieza en tono picaresco, con el relato de un amor sin fronteras que trasciende la halitosis y el mal olor de cualquier zona del cuerpo amado, y termina dejando a un lado la ironía y entronizando en un cielo melodramático a unos protagonistas que nunca logran humanizarse.
Como una especie de autojustificación, Valdés dice que ''los críticos literarios se toman la libertad, y el lujo, de escribir que los personajes de una novela cubana son caricaturescos''. Para afirmar seguidamente: ''Pues, siento decir que tienen toda la razón, porque todos somos, aquí, en esta islita caricaturesca, cada uno de nosotros, una caricatura de sí mismo''. Pues bien, no siento decir que los personajes de las obras más logradas de la literatura cubana no son caricaturescos, que ni Cecilia Valdés ni la Estrella son caricaturas, y eso por citar sólo dos ejemplos de la literatura cubana del exilio. Que Ramón Yendía -el personaje de ese cuento ejemplar de Lino Novás Calvo- no es una caricatura, y que sí lo es el protagonista de ese cuento de (¿Ambrosio Fornet, Cesar Leante, Noel Navarro?), que moribundo escribió con sangre el nombre de Fidel, aunque estoy seguro no lo fue el miliciano en que dicen está basado el relato, si no es que vinieron después que estaba muerto con un pomito de ''mercurocromo'' y un fotógrafo. En el caso de esta obra de Zoé Valdés, no sólo son caricaturas sus personajes sino también la propia novela.
Lo peor en este caso no es que estemos ante un libro de escaso valor literario, sino el hecho de que Te di la vida entera parece la continuación de una nueva tendencia en la literatura cubana, un tipo de escritura grosera y soez, que tiene como antecedente la novela de Reinaldo Arenas El color del verano , y donde el carácter de denuncia no atenúa la chapucería y lo grotesco, no como forma expresiva sino como vulgaridad ramplona. Toda obra literaria refleja sólo lo que la voluntad expresiva del autor, consciente o inconsciente, logró captar en ella. Pero indudablemente existen factores condicionantes que llevan a pensar que el deterioro económico, político y moral de la isla está influyendo en las formas de expresión, con esta tendencia de presentarnos el caos y el desorden de forma caótica y desordenada, y que no sólo encontramos en la literatura y otras formas artísticas sino también en algunos de los escritos de periodistas independientes procedentes de la isla.
Pero si bien esta explicación justifica en parte las limitaciones y deficiencias de una obra anterior de Valdés, La nada cotidiana , donde un texto igualmente burdo y por momentos aburrido es también un testimonio personal y momentáneo de la peor crisis económica e ideológica de la revolución cubana, el problema con Te di la vida entera es que se evidencia la intención de situarse en el plano de una escritora profesional que trasciende sus experiencias, para expresar una cosmovisión habanera, un bolero en forma de novela y un culebrón posmodernista. El resultado es una prosa chabacana y llena de errores, imprecisiones, nombres mal escritos y canciones mal citadas, de la que se reviste un libro al gusto de europeos en busca de lo exótico, coleccionistas de la decadencia de todo el mundo y hasta algún que otro ex izquierdista lacrimoso. Ello explica en parte su popularidad, ¿pero no es también una nueva forma de oportunismo?
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