lunes, 10 de mayo de 2010

Obama y la otra guerra civil

Las familias estadounidenses terminaron el 2009 con mayores ingresos, por primera vez en tres años, según un informe de la Reserva Federal.
La riqueza neta de los hogares de este país (diferencia entre su patrimonio y sus deudas) alcanzó $54.18 billones (millones de millones) a fines de diciembre. Esto representa un 5.4% por encima del año anterior, de acuerdo a los datos.
Sería ingenuo atribuirle este logro sólo al gobierno del presidente Barack Obama, pero es indudable que en muchos años esta nación no ha contado con un mandatario y un gabinete que estén haciendo tanto a favor de los trabajadores y la clase media baja del país.
Lo que puede parecer insólito es que esta labor no se le reconozca.
Insólito si se mira la diferencia entre los logros de este gobierno y la popularidad de que goza, que aunque alta se sitúa por debajo de la que merece. Comprensible si se analiza el papel que cada vez más desempeña una prensa comprometida con los intereses más poderosos y que prefiere el sensacionalismo a la verdad.
El escritor Paul Auster aseguró hace pocos días en Jerusalén que en Estados Unidos ''hay una especie de guerra civil'' que se libra sin balas pero ''con palabras e ideas'' y que se ha agravado desde la llegada de Obama a la Casa Blanca.
Responsable de este estado de cuasi beligerancia es la ultraderecha norteamericana, la cual se ha apoderado de buena parte del Partido Republicano y se aprovecha de la actitud pusilánime de la otra parte, que no la quiere pero le teme.
Quienes ahora reclaman la dirección del movimiento conservador norteamericano, en realidad no son verdaderos conservadores. Se trata de un grupo de revanchistas que no acaba de admitir su derrota en las urnas, durante la última elección presidencial.
Estos revanchistas tuvieron su momento de gloria durante el gobierno de George W. Bush, y quieren repetirlo, pero aún peor. Son quienes ahora admiran a Sarah Palin y Marco Rubio, y se han agrupado alrededor del movimiento Tea Party.
Lo que buscan estos reaccionarios es destruir todas las leyes, principios y normas que llevaron a la creación de una sociedad con servicios de seguridad social, asistencia pública y beneficios para los más necesitados, y volver al capitalismo más salvaje de la década de 1920.
Se apoyan en que en este país existe un fuerte rechazo al Establishment -la tradicional clase gobernante y las estructuras de la sociedad que ella controla- y que la palabra Estado es casi anatema. A partir de estos dos prejuicios, quieren definir el rumbo político de esta nación.
Uno de los problemas con el rechazo al Estado y al Establishment es que da pie a las corrientes populistas, de las que se alimentan los demagogos de cualquier signo. Esta nación se encuentra bajo la amenaza de un movimiento pro fascista que cobra fuerza a diario.
Lo malo para el país es que los movimientos populistas tienden a crecer en época de crisis, y los legisladores republicanos tienen tanto miedo -o por oportunismo o convicción están comprometidos con las fuerzas más arcaicas y explotadoras- que están haciendo lo posible por empeorar la crisis. Que es una actitud antipatriótica no preocupa a muchos de ellos.
También es una actitud contraria a los intereses de sus propios electores, ya que esta no es una nación formada sólo por los ricos. ¿Cómo logran engañar a tantos por tanto tiempo? En buena medida porque en este país desde hace mucho tiempo le tienen ''lavado el cerebro a la gente''. Suena cliché, ¿verdad? Es una afirmación típica de la guerra fría, ¿no es cierto? Sí, lástima que por ser cliché no deje de ser cierta.
En buena medida, la prensa escrita, radial y televisiva es responsable de esa manipulación e ignorancia política en que vive la sociedad norteamericana.
En un seminario sobre la libertad de prensa celebrado a comienzos de mayo en Río de Janeiro, Carl Bernstein, el reportero que saltó a la fama con el caso Watergate que hizo renunciar al presidente Richard Nixon en los años 70, criticó a la prensa actual en estos términos:
''De forma creciente, el retrato de nuestra sociedad, producido por esta prensa, es engañoso. Es un retrato sin conexión con el contexto real de nuestras vidas; un retrato desfigurado por el culto a la celebridad, por el chisme, por el sensacionalismo, por la negación de las reales condiciones de nuestra sociedad, por la controversia fabricada'', dijo.
En el caso del presidente Obama, en ocasiones la personalidad y el carisma han llamado más la atención que el quehacer político. Por supuesto que el mandatario se ha beneficiado de ello, pero el papel de la prensa debe ser enfatizar más los errores y logros del gobierno, con independencia del gusto de los lectores o televidentes, ya que no se trata de un negocio de venta de perros calientes o fritas.
En la actualidad Obama se enfrenta a dos rechazos. Uno es de quienes piensan que no ha ido demasiado lejos, otro es el de aquellos que quieren atarle las manos.
Para quienes tienen ideas más avanzadas que las manifestadas por la reacción ultraderechista, resulta necesario comenzar un apoyo más dinámico y crítico al gobierno de Obama. De lo contrario, todos seremos culpables de la catástrofe que nos amenaza con un triunfo de los populistas del Tea Party.

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