sábado, 5 de junio de 2010

Una actitud mezquina


No tengo una afición especial por Silvio Rodríguez. Me gustan algunas de sus canciones, pero pocas. No comparto buena parte de sus criterios políticos. En más de una ocasión he criticado tanto su creaciones, como ese actuar que considero nunca ha dejado de acomodarse a las circunstancias, salvo en un inicio muy temprano.
En un primer momento pensé asistir al recital en el Carnegie Hall, pero luego lo dejé a un lado, ya que con anterioridad tenía preparado un viaje del que acabo de regresar.
Ahora, sin embargo, me arrepiento de no haber estado anoche en Nueva York.
Por lo que he visto y oído, fue un recital importante y también una ocasión única.
Lo que hace rato dejé atrás, más allá de mis “diferencias” con Silvio, es el tratar de obviarlo o el empeño de convertirlo en el argumento preferido para demostrar una actitud anticastrista. Y eso con independencia de que casi siempre las declaraciones del cantautor facilitan el no apartarse de ese rumbo cómodo del rechazo.
Quiero decir que pertenezco a la generación de Silvio, o Silvio pertenece a la mía, y es algo que hay que asumir sin miseria.
Escribo todo lo anterior para tratar de justificar un sentimiento: creo que la prensa de Miami ha tratado de forma mezquina la actuación de Silvio Rodríguez en el Carnegie Hall. Por supuesto que este comportamiento periodístico sólo contribuye a que, una vez más, quienes viven fuera de esta ciudad se lleven la idea de que este es, también, un exilio mezquino.
Me molesta mucho que este exilio, o lo que tradicionalmente se considera el exilio cubano de Miami o quienes representan y divulgan lo que por lo general se cataloga como el sentir y el pensar de esta comunidad, me traten de imponer ―a mí y a todos los llegados a Estados Unidos a partir de la década de 1980― lo que podría considerarse un modo de vida (hablar de cultura sería exagerado) tan ajeno como lo fueron en su momento los “muñequitos rusos”.
Con independencia de que estemos de acuerdo con lo que dice, Silvio vino a Nueva York y cantó un conjunto de canciones que representan una época, o dos épocas o tres, para una buena parte de los que vivimos en esta ciudad.
No se trata ahora de argumentar de que quien quisiera pudo ir a verlo, o que hay otras oportunidades para ello, en la propia Nueva York, o incluso en Orlando, un lugar mucho más cercano. Oportunidades que, por otra parte, no hay que agradecer a los cubanos que han dirigido o dirigen el gobierno y las principales instituciones y empresas de esta ciudad.
Lo que me parece infeliz es que un criterio político se imponga sobre un conjunto de vivencias. Reitero que esta sociedad permite a quienes viven en ella el poder ir más allá de una manipulación informativa, y tomar un avión o sacar un boleto para ver cualquier función. El desprecio, sin embargo, está ahí.
Desprecio hacia quienes se criaron oyendo un grupo de canciones, a los que rechazaron o incluso repudiaron más de una actitud del artista y a los que siempre les ha gustado escucharlo. Desprecio, incluso, hacia quienes ahora prefieren no oírle.
Actitudes de este tipo en Cuba son simplemente muestras de oportunismo y temor. Fuera de la isla representan algo más. Quienes en Miami, Madrid y Barcelona ―para hacer referencia a lugares donde fuentes informativas, de diversa importancia, han adoptado esta actitud mezquina, de resaltar sólo declaraciones políticas y una protesta mínima― se limitan a brindar una complacencia fácil. Reducen la función periodística a un oficio barato, y se convierten en vendedores de pacotilla.

Fans cheer as Silvio Rodriguez, of Cuba, takes a bow following his fist concert in the United States since 1979 at Carnegie Hall in New York, Friday, June 4, 2010. (AP Photo/David Goldman)

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...