martes, 30 de marzo de 2010

Contra la polarización extrema


A continuación reproduzco dos cables, para tratar de ser preciso, como había prometido en un post sobre mi columna del lunes, respecto a la muerte de periodistas en Honduras.
En ambos casos, me limito a reproducir las informaciones de las agencias de prensa.
Conozco las condenas, por violaciones de los derechos humanos, hechas a los involucrados en el golpe de Estado en Honduras. Un golpe de Estado que, por otra parte, siempre he rechazado.
Lo que me preocupa es la tendencia habitual que existe a responder ante una violación de los derechos humanos, por un grupo político o un gobierno, con la mención a otra violación de igual o peores características, llevada a cabo por otro grupo u otro gobierno. Eso es el clásico argumento de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.
Estar en contra de las violaciones a los derechos humano en Cuba no quiere decir que uno necesariamente tiene que simpatizar con un terrorista como Luis Posada Carriles, estar a favor de las guerras en Irak y Afganistán y apoyar el embargo al gobierno cubano. Esa polarización de opiniones, llevada a sus extremos, no permite un análisis más amplio.
A continuación, ambos cables:

Publicado el viernes 03/26/2010
Periodista se declara 'asilada política' en hospital en Honduras
EFE/Gustavo Amador
TEGUCIGALPA
La periodista de televisión Karol Cabrera, que ha sido víctima de dos atentados en menos de tres meses, se declaró el jueves "asilada política'' y se negó a salir de un hospital militar de esta capital donde convalece de heridas a bala.
"De aquí nadie me sacará, sólo para irme del país", dijo la reportera al canal 11 de la televisión local.
"Los médicos me dieron de alta hace 15 días luego de operarme y decidí quedarme en este hospital como asilada política hasta que me vaya del país porque los seguidores del ex presidente (Manuel) Zelaya me han advertido que me matarán al salir", añadió. No dio nombres.
Los partidarios del destituido Zelaya han rechazado reiteradamente esa versión.
"Una bala me destrozó el hueso del brazo izquierdo, donde me instalaron siete tornillos y una platina", aseguró.
Cabrera, de 42 años, instó al presidente Porfirio Lobo a que "así como sacó con honores a Zelaya, puede hacer lo mismo conmigo porque tengo los mismos derechos que el ex mandatario. Pero el gobierno no me quiere ayudar".
Al asumir el 27 de enero, Lobo otorgó salvoconducto a Zelaya para viajar a la República Dominicana y abandonar la embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde se alojó por más de cuatro meses.
"Me van a matar. Me han llamado a mi teléfono celular para decirme: la próxima vez no te salvas, perra. Entonces ¿por qué el gobierno no me protege?", se preguntó la reportera.
La periodista posee el programa de noticias y comentarios "El Angel de la Controversia'' en la emisora privada Radio Cadena de Noticias y otro en el canal estatal 8.
Es una férrea defensora del golpe de Estado que derrocó a Zelaya el 28 de junio del 2009. El ex presidente de facto Roberto Micheletti responsabilizó por el primer atentado a los partidarios de Zelaya, sin presentar pruebas.
En el segundo atentado a la periodista, el 1 de marzo, dos pistoleros dispararon al automóvil en que viajaba Cabrera, matando a su chofer y a su colega Joseph Ochoa.
Ella resultó con tres impactos de bala. Los hombres atacaron desde un automóvil cuando se dirigía a su residencia en Tegucigalpa y su vehículo subía una empinada carretera.
En ese mismo sitio dos motociclistas dispararon en diciembre del 2009 contra el automóvil de Cabrera, quien resultó ilesa, pero murió su hija de 16 años con ocho meses de embarazo.
Desde que ocurrió el golpe han sido asesinados de manera similar al menos dos coroneles del ejército, un general que se desempeñaba como fiscal que combatía el narcotráfico y un sobrino de Micheletti. El fiscal general Luis Rubí también sufrió un atentado en su finca, cuando pistoleros dispararon a su vehículo, pero él y su familia no fueron heridos.
En marzo, tres periodistas fueron asesinados en circunstancias similares, mientras las autoridades aún no aclaran esos delitos ni nadie se responsabiliza por ellos.

Otro cable:
Publicado el sábado 27 de marzo del 2010
Matan a otros dos periodistas en Honduras
FREDDY CUEVAS
The Associated Press
Dos periodistas fueron acribillados a tiros cuando viajaban en automóvil en una carretera de la región este del país y una fiscal dijo el sábado que aún no disponían de pistas sobre el doble asesinato.
José Bayardo Mairena, de 52 años, y Manuel de Jesús Juárez, de 55, recibieron el impacto de al menos 13 disparos cada uno en el ataque registrado el viernes, dijo a la AP la fiscal Wendy Caballero.
"Aún no existe ningún elemento que oriente la causa de este doble asesinato", añadió.
Caballero dijo que los periodistas salieron de radio Excélsior, luego de transmitir su programa de noticias, y se dirigían en un automóvil de Catacamas a Juticalpa, ambas localidades de la provincia de Olancho, cuando resultaron interceptados por otro vehículo, de donde los atacaron a tiros en la carretera.
Catacamas está a unos 300 kilómetros al este de Tegucigalpa, en Olancho, al este de Honduras y fronteriza con Nicaragua.
Mairena era un periodista que se inició en la década de los años 80. Dirigía programas de noticias y de opinión en dos estaciones de radio y televisión en Juticalpa y Catacamas. Estudiaba el último año de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de Juticalpa.
Fue presentador de noticias en la estatal radio Honduras durante el gobierno del extinto presidente José Simón Azcona (1986-1990).
Juárez asistía a Mairena desde hace cinco años.
Sólo en marzo han sido asesinado en circunstancias similares cinco periodistas, entre ellos Joseph Ochoa, de 26 años, David Meza, de 51, y Nahún Palacios, de 36.
Asimismo, Karol Cabrera, periodista de radio y televisión, ha sufrido dos atentados entre diciembre y marzo. En uno murió su hija embarazada, de 16 años, y en el otro Ochoa, cuando iba a su casa en Tegucigalpa. Ella se refugia en un hospital militar de la capital donde fue intervenida quirúrgicamente y que afirma no abandonará por haber sido amenazada de muerte.
Todavía la policía no aclara esos crímenes, que se producen en momentos en que Honduras es agobiado por una ola de violencia callejera.
Fotografía superior: periodistas marchan en San Pedro Sula, EL lunes 15 de marzo de 2010, para protestar contra el asesinato de su colega hondureño Nahum Palacios, quien fue asesinado en Tocoa, departamento caribeño de Colón (Periódico La Prensa/EFE)
Fotografía derecha: cuerpo sin vida del periodista hondureño Manuel Juárez en la morgue del hospital de Juticalpa (Honduras), tras ser asesinado junto a su colega Bayardo Mairena (stringer/EFE).

lunes, 29 de marzo de 2010

Los enemigos de la prensa

El arresto temporal del dueño mayoritario del canal venezolano de noticias Globovisión, quien ha asumido una actitud muy crítica hacia el gobierno de Hugo Chávez, es una cruda advertencia del mandatario a quienes se atreven a alzar la voz en su contra.
Si se limitara a eso: un arresto temporal, una incomodidad, un susto, no estaríamos viendo nada nuevo en Latinoamérica. Al igual que dictadores anteriores -la mayoría vestidos de militares o arropados con la ideología de la derecha- Chávez no estaría comportándose de manera muy distinta a la practicada en una vieja tradición de amenaza a los periodistas y el apretar y aflojar en la censura de acuerdo a las circunstancias. Pero hay más, mucho más.
Primero los hechos. Agentes de la inteligencia militar detuvieron a Guillermo Zuloaga el jueves, en el aeropuerto del estado de Falcón, Venezuela, cuando pretendía viajar a la isla caribeña de Bonaire para unas vacaciones de Semana Santa. Fue puesto en libertad horas más tarde, tras comparecer en una corte, de acuerdo a una información de la AP.
El canal Globovisión es el único que mantiene una línea crítica hacia el mandatario venezolano tras el cierre en el 2007 del canal de cable RCTV.
Zuloaga fue detenido como parte de una pesquisa sobre supuestas declaraciones ``ofensivas'' que hizo contra el presidente venezolano durante una reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), efectuada el fin de semana en la isla caribeña de Aruba, afirmó la fiscal general Luisa Ortega.
En una emocionada crónica, el periodista Rui Ferreira, del diario español El Mundo, narra como en la reunión de la SIP Zuloaga se ``defendió de las viejas acusaciones de una supuesta participación en el golpe de estado que los militares llevaron a cabo contra Chávez en el 2002, en cuya lista de culpables el mandatario lo ha involucrado desde entonces''.
El empresario dijo que no hay pruebas de su participación porque ``no se puede probar lo que no existe'', agrega Ferreira, quien menciona que el objetivo de Zuloaga fue denunciar que los periodistas de las emisoras favorables a Chávez no se encontraban en la reunión de la SIP para informar, sino para crear ``hechos políticos'': la misión era conseguir la frase que sirviera para incriminarlo, llevarlo a la cárcel. Lo lograron en buena medida.
Varios mandatarios latinoamericanos están empeñados en una campaña contra la prensa, que no sólo transita por la vía tradicional de la intimidación y censura, practicada por los caudillos, y que a veces se acerca a la represión burda, típica de los regímenes totalitarios, sino que también recurre a diversas prácticas capitalistas, desde la adquisición de la mayoría de las acciones de una empresa -en su caso mediante la utilización de recursos públicos- hasta la edificación de máquinas privadas de propaganda, colocadas en manos de testaferros.
Uno de los argumentos más socorridos, para justificar este empeño, por parte de los gobernantes latinoamericanos, es mencionar las deficiencias y desigualdades de los medios de prensa privados.
Si bien es cierta la existencia de limitaciones en los medios privados, éstas no se combaten con el cierre, el acoso y el no otorgamiento de las licencias correspondientes. Tampoco es negativa la existencia de canales públicos de televisión y radio. Todo lo contrario. Siempre que no se subordinen a los intereses políticos de un determinado gobierno, que en la práctica se reduce a lo que beneficia a un gobernante y su camarilla.
En última instancia, cabe la sospecha de que a lo que aspiran estos gobernantes latinoamericanos es a ejercer un control absoluto sobre la prensa, al estilo del gobierno cubano. A la utilización de la información para una herramienta más para mantenerse en el poder, y a justificar la manipulación de la noticia como un principio idelógico y no como un mal intencionado fin político. La desinformación convertida en un derecho de Estado. El tratar de impedir que los ciudadanos puedan sacar sus propias conclusiones. La conspiración cotidiana opuesta a un pensamiento independiente.
No es que la tergiversación y la censura se practiquen sólo en la Caracas de Chávez o en la Cuba de Castro. En muchas ocasiones, en Miami la labor de ``informar'' a la población se limita a un ejercicio en apariencia compasivo: se dice sólo que ésta quiere escuchar, ver y leer. Tal tarea es propia de adulones y no de periodistas.
Lo que se hace en Cuba -bajo la premisa de que sólo sale a la luz pública lo que permite la censura- se practica en Miami, con distintos criterios pero iguales fines, bajo el amparo y beneplácito de corporaciones y políticos.
Esto ocurre con mayor fuerza dentro de la comunidad cubana. No hay que olvidar que los medios masivos aquí cumplen también una función catártica: es difícil aceptar todos los sinsabores y frustraciones de un exilio, sin un refugio emocional.
Sólo que en una sociedad democrática, por las razones más diversas, hay una mayor potencialidad para abrir canales alternativos de información, mientras que en las sociedades cerradas, como la cubana y la que quiere implantar Chávez en Venezuela, se dedican los mayores empeños a cerrar estos canales. Aquí radica una de las diferencias fundamentales entre La Habana y Miami. Lástima que Caracas no aspire a un mejor destino: alejarse de la situación de la prensa en ambas ciudades.

lunes, 22 de marzo de 2010

Apatía y volencia

Cuando años atrás las cazuelas sonaron en Buenos Aires, en horas barrieron con el gobierno de Fernando de la Rúa. No ha sucedido lo mismo en la Venezuela de Hugo Chávez, donde las protestas han indicado un grado de desacuerdo con el mandatario a veces creciente, pero sin llegar al grado de una revuelta popular.
En La Habana, sin embargo, las marchas de las Damas de Blanco han logrado una amplia difusión en la prensa extranjera, pero también la incapacidad de la población de la isla para apoyar una queja y convertirla en un reclamo masivo. A esta ciudadanía que aún permanece en calma van dirigidos los actos de repudio, las contramanifestaciones, los golpes, los insultos y las obscenidades.
Varios factores conspiran para que en Cuba no ocurra lo que sucede en Argentina y Venezuela. El primero es que ya ocurrió y la represión fue total, durante los primeros años del proceso revolucionario. El segundo es que más allá de las simples turbas controladas que de nuevo se han visto en acción en los últimos días, el régimen cuenta con tropas adiestradas y vehículos antimotines, listos para poner fin a cualquier manifestación popular. A ello se une la existencia de una fuerza paramilitar, que ha demostrado su rapidez y capacidad represora en otras ocasiones.
Pero otro importante factor que demora o impide un movimiento espontáneo de protesta masiva es la apatía y desmoralización de la población. La inercia y la falta de esperanza de los habitantes del país. Su falta de fe en ser ellos quienes produzcan un cambio. El gobierno de los hermanos Castro ha matado --o al menos adormecido-- el afán de protagonismo político, tan propio del cubano, en buena parte de los residentes de la isla.
Hay, sin embargo, un temor creciente, por parte del gobierno cubano, de que un estallido popular pueda ocurrir. La táctica del silencio, utilizada en otras ocasiones, de ignorar las actividades de la disidencia, ha sido sustituida por una campaña nacional e internacional para desvirtuar el conjunto de actos y protestas por la muerte del disidente preso Orlando Zapata y la huelga de hambre y sed del psicólogo y periodista Guillermo Fariñas.
Como en otras ocasiones, La Habana enmascara la situación. Sólo en la gramática universal de la infamia se puede llamar ''campaña mediática contra Cuba'' a la denuncia de los abusos contra mujeres indefensas, muchas de ellas de edad avanzada, y la tozudez e intransigencia a las peticiones de varios opositores pacíficos y prisioneros de conciencia.
El no ceder una pulgada, el no admitir siquiera la necesidad de reconsiderar una política de represión feroz que no admite la menor disidencia, no es algo nuevo en Cuba. Ello no exime a esa actitud de ser una muestra de debilidad del sistema.
En gran medida, esa debilidad es consecuencia de los tres pilares en que se fundamenta el gobierno cubano: represión, escasez y corrupción.
El exigir una posición incondicional es abrir la puerta a oportunistas de todo tipo, quienes a su vez se desarrollan gracias a la escasez generalizada.
Si La Habana admitiera un mínimo de cordura, y diera muestras de superar el encasillamiento que ha mantenido por décadas, el peligro de un estallido social disminuiría. De lo contrario, lo único que hace es alimentarlo a diario.
Mientras el gobierno cubano se empeñe en definir su estrategia entre la apatía y la violencia, corre un peligro permanente de caos e ira que hasta el momento ha podido controlar, pero no se sabe hasta cuándo.
Si ha resultado una táctica errónea e inhumana el intentar utilizar un agravamiento general de la situación económica como detonante social -ya sea mediante el embargo, las restricciones al envío de remesas y los viajes familiares-, es igualmente irracional, y un ejemplo de afán desmedido de poder, el no ceder un ápice en las libertades y garantías ciudadanas.
Detrás de este control extremo, que no permite manifestación alguna de los derechos humanos, hay un fin mezquino. El mantenimiento de una serie de privilegios y prebendas. La represión política actúa como un enmascaramiento de una represión social que ha penetrado toda la sociedad. En última instancia, el régimen sabe que el peligro mayor no es la posibilidad de que la población se lance a la calle pidiendo libertades políticas, sino expresando sus frustraciones sociales y económicas.
De producirse un estallido social en Cuba, el régimen lo reprimirá con firmeza. No hacerlo sería la negación de su esencia y su fin a corto plazo. Imposible no usar la violencia. En cualquier caso lleva las de perder. La habilidad del gobierno castrista radica en evitar las situaciones de este tipo. El ``maleconazo'' de 1994 logró sortearlo con una avalancha de balsas hacia la Florida. Esa salida está agotada.
La represión en su forma más desnuda -arrestos y muertos- no conlleva necesariamente el inmediato fin de un régimen totalitario, pero en el peor de los casos lo tambalea frente a un precipicio. Ningún dictador tiene a su alcance un manual que lo guíe, sino ejemplos aislados: los hay tanto de supervivencia, el caso de China, como de desplome, el de Rumania. El régimen de La Habana cuenta con una sagacidad a toda prueba. Pero, ¿por qué empeñarse en creer que es invencible?

lunes, 15 de marzo de 2010

El Korda ignorado

Las imágenes de las actividades diarias de los líderes de la revolución cubana, captadas por el objetivo del fotógrafo Alberto Korda, fueron vendidas por la subastadora británica Dominic Winter Auctioneers, en Cirencester, por un total de 35,240 euros, publicó el 5 de marzo el diario español El País.
Se trata de 14 imágenes en blanco y negro captadas entre 1959 y los albores de la década de los sesenta, agregó el periódico, que mostró en su edición siete de las fotografías del lote.
Entre las fotografías escogidas por El País, aparece una particularmente célebre. Es la entrada de Fidel Castro en La Habana, junto al comandante Camilo Cienfuegos.
Se trata de una imagen que se ha convertido en icono, pero que a los efectos de la subasta tiene una característica singular: no fue hecha por Alberto Korda.
Dice el catálogo de la casa subastadora, al describirla: ``Fidel Castro y Camilo Cienfuegos entrando a La Habana, el 8 de enero de 1959, revelado en plata e impresión hecha por Korda alrededor de 2000, con su cuño y firma en el margen inferior''. La foto se vendió por el equivalente a 4,400.82 euros.
En realidad, la foto más emblemática de la entrada de Fidel Castro a La Habana la tomó Korda, pero no el célebre fotógrafo de Ernesto Che Guevara, sino el otro Korda.
Alberto Díaz Gutiérrez adoptó el nombre de Korda por motivos comerciales. También fue el nombre de su estudio fotográfico, y con los años una marca.
Los fotógrafos Díaz Gutiérrez, Luis Peirce Byers y Newton Estapé se unieron para establecer un negocio fotográfico en 1956. Gracias a un premio obtenido por Díaz Gutiérrez, nació el Korda Studios, que primero estuvo en el edificio La Metropolitana, de La Habana Vieja, y luego en su local más conocido, en el número 15 de la calle 21, entre N y O, frente al hotel Capri, en el Vedado.
Según un artículo publicado en Juventud Rebelde, el 6 de enero del 2007, los fotógrafos decidieron ponerle Korda al negocio por varias razones: ``era un término corto, sonoro, rotundo, carismático, fácilmente pronunciable y recordable; aprovechar el parecido con la marca fotográfica Kodak, y sobre todo en homenaje al famoso director y productor del cine británico -de origen austrohúngaro- Alexander Korda, quien nació en 1893 y había fallecido el 23 de enero de 1956, en esos días del inicio del nuevo estudio común''.
A partir de ese momento, las fotos comenzaron a aparecer como hechas por Alberto o por Luis Korda, que son los nombres que adoptan respectivamente Díaz Gutiérrez y Peirce Byers .
Antes del triunfo de la revolución cubana, Alberto Korda desarrolló sus habilidades de publicista y convirtió el estudio en una empresa que brindaba una imagen de marca en todas las fotografías, con independencia del fotógrafo que las captara. El concepto fue de gran utilidad en el desarrollo de campañas publicitarias para grandes firmas, que consolidaron el negocio económicamente. Una de las especialidades era el retrato de coristas, artistas y cubanas en general que aspiraban a destacarse en la farándula y la moda, así como las imágenes de eventos sociales y espectáculos.
Tras la llegada de Fidel Castro al poder, cambiaron los acontecimientos y los protagonistas a fotografiar, pero persistió el empeño de imponer una marca. Luis Korda participó de ese objetivo desde los primeros días de enero de 1959.
``Su foto más famosa, la de Fidel con Camilo, la tomó, según me contaba, cuando la Caravana de la Libertad entró a La Habana, el día 8 de enero'', afirmó Margarita Sánchez Treto, de acuerdo al trabajo de Juventud Rebelde.
``Muchos han creído que fue Alberto el que tiró esa foto del Comandante en Jefe con su fusil de mira telescópica en el hombro y Camilo con su ametralladora de mano Thompson, calibre 45. Pero en verdad la captó Luis'', agregó Sánchez Treto.
En el libro Cien imágenes de la Revolución Cubana (1953-1996), editado por la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado y el Instituto Cubano del Libro, en La Habana, en 1996, aparece Luis Korda como autor de la foto.
En su página 39 está la foto de Castro con Camilo, y se señala: ``Otra de las imágenes emblemáticas de la Revolución Cubana: Fidel y Camilo Cienfuegos sobre el vehículo en el que entran triunfalmente a la ciudad de La Habana, al frente de las fuerzas del Ejército Rebelde, el 8 de enero de 1959''.
También la foto se encuentra en la página 15 de un libro del periodista alemán Willi Huismann, titulado Cuba ein politisches Reisebuch, editado en 1985, explica el diario cubano.
Luis Peirce Byers nació el 17 de enero de 1912, en Manzanillo y falleció el 10 de diciembre de 1985, de un paro respiratorio.
Su madre era una mulata jamaicana llamada Virginia y su padre Edward, un estadounidense. Ambos vivían en esa ciudad del oriente cubano. En 1954, Luis viajó a La Habana y comenzó su labor de fotógrafo. Tras el 1 de enero de 1959 trabajó en el periódico Revolución y luego fue colaborador de las revistas Cuba, Bohemia y Palante, así como del diario Granma.
Respecto a la muerte de Peirce Byers, expresó su viuda: ``Muy pocos se enteraron y fue un grupo reducido de amigos a su entierro, casi nadie''.
El otro Korda parece condenado, no al olvido pero sí a la ignorancia.

lunes, 8 de marzo de 2010

La escasez como represión

En un proceso que tiene como única razón de existencia el perpetuar en el poder a un reducido grupo, el mecanismo de represión invade todas las esferas de la forma más descarnada, y sin tener que detenerse en los tapujos de supuestos objetivos sociales, que en el proceso cubano desaparecieron o pasaron a un segundo o tercer plano hace ya largo tiempo.
En una ocasión, Fidel Castro le afirmó a un oficial de alto rango de la seguridad del Estado cubana que la conducta del gobierno chino en la plaza de Tiananmen demostraba que no sabía como reprimir al pueblo de forma adecuada, y por lo tanto éste se había visto forzado a la ``dolorosa y poco placentera'' tarea de ``eliminar'' a miles de sus ciudadanos.
La dictadura militar de los hermanos Castro no ha escatimado recursos en una maquinaria represiva eficaz, silenciosa y omnipresente. Pero no ha sido suficiente. En ocasiones la situación escapa de control y hay que recurrir a medios más burdos.
Entonces el mecanismo de terror delega la ejecución de la represión en turbas, e incluso en ocasiones en grupos que hasta cierto punto podrían catalogarse de paramilitares.
No son las autoridades, sino el propio ``pueblo'', quien responde a las ``provocaciones''.
La justificación de la violencia es la ira revolucionaria. Los actos de repudio, las Brigadas de Respuesta Rápida y el hundimiento del transbordador 13 de Marzo por un grupo de ``trabajadores que actuaron en defensa de sus intereses'', para citar uno de los ejemplos más conocidos, responden al mismo patrón represivo, cruel e hipócrita.
Sin embargo, esta situación de ``violencia revolucionaria'' no puede ser mantenida de forma permanente en su versión más cruda, y el régimen lo sabe. Por ello dosifica una tensión diaria con esporádicos estallidos --a veces provocados por la misma Plaza de la Revolución y en otras como respuesta a los acontecimientos que considera tienen cierta potencialidad para poner en peligro su supervivencia-- de saña y algarabía.
En este sentido, uno de los aliados que por décadas ha empleado el gobierno cubano es la escasez. La falta desde alimentos hasta una vivienda o un automóvil ha sido utilizada, tanto para alimentar la envidia y el resentimiento, como en ocupar buena parte de la vida cotidiana de los cubanos.
En tal situación, la corrupción y el delito han reinado durante cincuenta años de proceso revolucionario. La escasez actúa a la vez como fuerza motivadora para el delito y camisa de fuerza que impide el desarrollo de otras actividades. No se trata de justificar lo mal hecho, sino de aclarar sus circunstancias. En resumidas cuentas, un análisis marxista de la crisis económica permanente que existe en la isla no debe excluir al mercado negro, la corrupción y el delito como importantes fuerzas de un mercado informal pero poderoso.
De ahí que resulte apropiado hablar de dos fuerzas opositoras frente al gobierno cubano. Hay otra disidencia en la isla. No son hombres y mujeres valientes que desafían el poder, porque forman parte del mismo. No gritan verdades, ya que se ocultan en la mentira. Ni siquiera se mueven en las sombras. Habitan en el engaño. Son los miles de funcionarios menores --y algunos no tan menores-- que desde hace años desean un cambio, pero al mismo tiempo no hacen nada por conseguirlo. No por ello dejan de realizar una labor de zapa, por supuesto que para beneficio personal, que perjudica al gobierno.
No hay que olvidar que el régimen siempre ha usado a su conveniencia la distinción entre delito común y delito político. En una época todos los presos comunes estaban en la cárcel por ser contrarrevolucionarios, porque matar una gallina era una actividad contraria a la seguridad del país. Muchas veces también a los opositores se les ha acusado de vagos y delincuentes. El último ejemplo en este sentido ha sido Orlando Zapata, un preso de conciencia que murió tras una huelga de hambre para protestar por los abusos en la cárcel.
La escasez también ha sido usada para incrementar la delación y la desconfianza, a partir de la ausencia de un futuro en la población manipulada como el medio ideal para alimentar la fatalidad, el cruzarse de brazos y la espera ante lo inevitable.
Mediante las detenciones de disidentes, más o menos breves y a lo largo de toda la isla, cada vez que se produce o se anuncia una actividad opositora pacífica, el gobierno de los hermanos Castro no sólo intenta sembrar el miedo, sino también el desaliento. Los argumentos son gastados, los recursos son viejos, pero la vida es una sola.
Hay que agregar además que al régimen no le basta con castigar a los independientes, quiere matar su ejemplo, enfangar su prestigio.
Con su vida fundamentada sobre el principio de la escasez, tanto económica como sicológica, tras el primero de enero de 1959 el cubano vive presa de la corrupción, que detesta y practica con igual fuerza. Desde los primeros fusilamientos hasta la Causa No. 1, es justificación y escape, motivo de envidia y rencor. El régimen de La Habana ha logrado como ningún otro gobierno anterior explotar la dicotomía de la falta de lo necesario para sobrevivir, y la corrupción actuando de respuesta para conseguirlo, como instrumentos represivos.

lunes, 1 de marzo de 2010

Cárcel y difamación

La muerte de Orlando Zapata Tamayo es un llamado para que se reconozcan internacionalmente las difíciles condiciones en que se encuentran los prisioneros de conciencia cubanos. Debe servir de alerta también, ante una de las tácticas preferidas por el régimen de La Habana: degradar siempre a sus opositores.
Un paso de avance en este sentido es la declaración de Amnistía Internacional (AI), que el viernes nombró a Darsi Ferrer, director del Centro de Salud y Derechos Humanos ``Juan Bruno Zayas'' de La Habana, prisionero de conciencia, y pidió al gobierno cubano su inmediata e incondicional liberación.
En un comunicado, la organización denunció que Ferrer está detenido desde julio de 2009 acusado de obtención ilegal de bienes, un delito que habitualmente no comporta cárcel, que está en una cárcel de máxima seguridad en La Habana, donde la mayoría de los presos han cometido actos violentos, y que no ha sido juzgado, de acuerdo a un cable de la agencia Efe. Con Ferrer, ya hay 55 prisioneros de conciencia en la isla, según la organización.
``La acusación contra Darsi Ferrer es claramente un pretexto. Pensamos que ha sido detenido como castigo por su trabajo para promover la libertad de expresión en Cuba'', manifestó en la nota Gerardo Ducos, investigador de AI sobre Cuba.
Amnistía explicó que el delito que se le imputa suele ser competencia de un juzgado local, pero que en este caso está siendo tramitado por la Fiscalía General, lo que ``añade argumentos a la opinión de que este caso tiene una motivación política''.
Al igual que está tratando de hacer con el médico Ferrer, La Habana ahora presenta al albañil Zapata Tamayo como un delincuente común, que estaba preso por diversos delitos y había agredido a sus carceleros. En ambos casos, hay una motivación en difamar a los opositores: rebajarlos en su condición ciudadana, reducirlos a seres antisociales. Con frecuencia el gobierno cubano echa mano a una serie de recursos viejos pero eficaces: el insulto y la vejación como arma; la divulgación de mentiras, que en ocasiones se apoyan en elementos aislados de verdad, pero que en su totalidad presentan un panorama falso; la visión desplazada que deforma la perspectiva de conjunto y la demonización del enemigo. No hay originalidad en este empeño, empleado con éxito anteriormente por la Alemania nazi, la Unión Soviética de Stalin y la China de Mao.
En sus primeros años, la ideología castrista propuso la imagen de una sociedad mejor pero futura. El ataque político se elaboraba a partir de un discurso dirigido fundamentalmente contra una clase social, capitalista y explotadora.
La deformación del lenguaje se producía de dos formas. La abstracción servía como un medio para despersonalizar y tergiversar las palabras. Se hablaba de la ``liquidación'' de la explotación, el ``ajusticiamiento'' de los traidores y la ``recuperación'' de las propiedades del ``pueblo''. Al mismo tiempo, se deshumanizaba a los opositores: ``gusanos'', ``escoria'' y ``parásitos'' en Cuba; ``perros rabiosos del capitalismo'' en China y ``vampiros'', ``bastardos'' y ``piojos'' en la desaparecida Unión Soviética.
Por supuesto que el recurrir a esos recursos tuvo un precio. El lenguaje ideológico del castrismo nació deforme por naturaleza, por encima de cualquier intención verdadera o bastarda de justicia social, y comenzó a deteriorarse desde su origen.
Los factores contradictorios contribuyeron a ese deterioro: el fracaso en la concretización de su modelo ideal y los éxitos en la exclusión de sus enemigos tradicionales. Las exitosas campañas represivas, por momentos de verdadero terror, apuntaron hacia el exterminio o la segregación de una clase social, y lo lograron. De forma similar y diversa el comunismo y el fascismo habían empleado el mismo recurso, y con anterioridad los imperios coloniales y esclavistas, aunque con distintos argumentos. Pronto Cuba se vio libre de ``explotadores capitalistas''.
Por años se prefirió ignorar a los disidentes, catalogar como ``vicios del pasado'' todos los intentos de crítica e identificar con la ``sociedad anterior'' a quienes se oponían al sistema. La permanencia en el poder fue erosionando esos argumentos. El golpe más formidable ocurrió con la crisis que culminó en el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso, cuando miles que eran niños en 1959 o nacidos después de esta fecha, y trabajadores carentes de propiedades, decidieron o se vieron forzados a abandonar el país. Ello obligó al gobierno a recurrir a una difamación menos política y más vulgar. El ataque frontal a los ``enemigos de clase'' se sustituyó por las vejaciones y los epítetos. Las palabras más repetidas fueron ``prostitutas'', ``homosexuales'' y ``proxenetas'' (claro que en sus versiones más crudas).
El albañil Zapata y el médico Ferrer son por edad ``hijos de la revolución'', por el color de su piel pertenecen a esa raza que precisamente la revolución triunfante proclamó que iba a reivindicar y darle la posibilidad de una integración plena, pero también seres humanos que individualmente, y sin ponerse de acuerdo, posiblemente sin siquiera conocerse, decidieron pensar y actuar por ellos mismos. Esto último puede llegar a convertirse en un delito en Cuba. Como hasta el momento ha sido imposible cambiar la ley, lo que el régimen ha decidido es convertir en delincuentes a las víctimas.