miércoles, 19 de enero de 2011

El mismo partido


Leo unas declaraciones del senador Robert Menéndez en Along the Malecón, en que el legislador se refiere a la flexibilización de las remesas y los viajes a Cuba, aprobada por el presidente Barack Obama, con las mismas palabras que hubiera utilizado el ex representante Mario Díaz Balart, o los mismo calificativos que usan los otros congresistas cubanoamericanos miembros del partido republicano.
Esa falta de un legislador demócrata, cuyas posiciones se aparten del tradicional enfoque republicano sobre la situación en la isla, ha terminado por perjudicar a ese partido. La única figura que se acercó pálidamente a esa diferenciación fue Joe García, sobre todo en su primera campaña. Su derrota en las urnas de debió en gran medida precisamente a esa falta de apoyo de un partido que, a nivel estatal y regional, se limita a jugar la carta republicana en este terreno.
¿Dónde se quedan las ideas liberales o la vocación demócrata de Debbie Wasserman Schultz, si durante años ha sido la principal aliada de los Díaz Balart y una legisladora que constantemente ha recibido fondos del US-Cuba Democracy PAC para sus campañas? En estos casos, el ser cubano o no (Wasserman no lo es), demócrata o no. progresista o no, queda en un segundo plano.
Bajo esta óptica, lo lógico sería que los votantes del sur de la Florida y de New Jersey dejaran fuera el tema cubano a la hora de elegir a sus electores. Lo más saludable también. Pero no ocurre así. Al final el partido demócrata continúa cargando la culpa de ser “débil” con el gobierno castrista, mientras los republicanos se dan el lujo de pavonearse como los “tipos duros”. Por supuesto que la culpa final es de la inmadurez política de un electorado que no razona que por décadas las administraciones y los diferentes congresos de ambos partidos han resultado en gran medida ineficaces en sus supuestos propósitos de contribuir a la democracia en Cuba.
De ello resulta que la historia de las relaciones, los giros y los avances y retrocesos de los diferentes gobiernos estadounidenses, a la hora de del más elemental análisis, tienen que ser vistos como acciones del presidente norteamericano de turno.
Así los enfrentamientos o coincidencias, entre Washington y La Habana, se definen en gran medida como si fuera un duelo presidencial o un tentativo avance entre contrarios. Los constantes viajes de legisladores a la isla, el intenso cabildeo del exilio de derecha de Miami y las visitas a la capital de esta nación de mandatarios y ministros de otras naciones, que tocan marginalmente el tema de Cuba dentro de una apretada agenda, queda como piezas dispersas de un acertijo político que a veces resulta difícil de explicar y otras se torna sumamente aburrido.
La imposibilidad de discernir entre un legislador republicano y otro demócrata, de origen cubano o vinculado con la comunidad cubana, no solo ha resultado beneficioso ―en última instancia― para el partido republicano. El sector más reaccionario del exilio cubano, en Miami y Nueva Jersey, ha podido presentar un frente unido y exhibir un poder político, que si bien es real desde el punto de vista de influencia, es al menos cuestionable en lo que respecta a su representatividad.
Fotografía: Debbie Wasserman Schultz, congresista demócrata por el sur de la Florida.

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