martes, 8 de febrero de 2011

Comentarios memorables (II)


“Independientemente que no comulgo con el castrismo velado de Alejandro Armengol, me adhiero a su condena de las actividades terroristas que se han llevado a cabo en nombre de ‘la libertad de Cuba’. Por ejemplo, el atentado con bombas organizado por Posada Carriles a fines de la década de los noventa en La Habana coincidió con una visita de mi esposa a Cuba para conocer a mis hijos y nietos [a mí el gobierno no me deja entrar al país]. Pues bien, la bomba que mató al italiano pudo haber herido a mis familiares, que ese día iban a una piscina juntos a pasar el día. Al escuchar aquí la noticia, empecé a llamar frenéticamente a casa de una hija en La Habana, donde tardó algo en conocerse la noticia del bombaso. Afortunadamente, mis parientes habían cambiado a última hora sus planes y en lugar de a ese hotel fueron a Río Cristal. Además del susto, la fiesta me salió en más de $250 en llamadas a Cuba.
En cuanto a Miguel Barnet, fui vecino de sus padres en Santa Clara y por eso lo conocí desde la década del 60, antes de que escribiera su famoso libro Cimarrón, que por cierto me honre en reseñar en la revista de la Universidad Central [fue la primera reseña publicada]. De ahía en adelante seguí su carrera y fui incluso compañero suyo, junto a Moreno Fraginals y otras personalidades, en un grupo de investigaciones organizado por el Teatro Nacional, del cual salió el Instituto de Etnología y Folklore. Me llamó la atención que en los primeros años no le permitieran cobrar derecho de autor por sus obras publicadas en el extranjero, aunque después se dieron cuenta del error y lo captaron como un laureado escritor oficial. Terminó la exclusión y siguieron los halagos, que con el tiempo lo llevaron a la presidencia de la UNEAC. Barnet se dejó querer por el régimen y ahora todos conocemos el resultado, que en nada disminuye su talento de poeta y narrador”.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...