jueves, 24 de febrero de 2011

Preguntas a Hermanos


Creo que es iluso y de una perjudicial ceguera política negar que el ganador de este encuentro fue Fidel Castro. No se trató de una acción tomada en un momento de soberbia ni de un gesto impensado, sino de una decisión fríamente calculada, donde una vez más demostró sus conocimientos profundos de lo que puede esperar como respuesta de Estados Unidos a sus actos más osados. En primer lugar, el crimen del que fueron víctimas los Hermanos colocó de inmediato en un segundo plano la represión contra los miembros de Concilio Cubano. Luego, la aprobación de la Ley Helms-Burton como consecuencia del asesinato sirvió para volver a llevar la confrontación con el régimen cubano del terreno político al económico, y de dentro de la isla al plano La Habana-Miami-Estados Unidos. Hasta ahora, la única consecuencia visible de la Helms-Burton es el arrepentimiento de invertir en Cuba por parte de algunas empresas extranjeras. De nuevo la estrategia es el ataque económico contra el régimen de Fidel Castro. ¿Cuántos años más son necesarios para convencernos de que cada vez que aplicamos la estrategia de plaza sitiada estamos llevando la lucha al terreno más propicio para el gobernante cubano? ¿Cuántas veces tendremos que presenciar una y otra vez que cada vez que parece inmediato un acercamiento entre el gobierno de Estados Unidos y el de Cuba, Fidel Castro hace algo para impedirlo?
A su vez, la respuesta del gobierno norteamericano al derribo de las avionetas no puede catalogarse menos que de cobarde. No se trata solamente de que los pilotos derribados eran residentes de este país, tres de ellos ciudadanos norteamericanos, sino que se comprobó sin lugar a dudas que el derribo ocurrió en aguas internacionales. Si Estados Unidos demostró este hecho fácilmente, ¿por qué no castigó el crimen de forma más enérgica?, o ¿por qué no impidió antes las actividades de Hermanos al Rescate si quería evitar que en algunos de estos vuelos se violara el espacio aéreo cubano? El precario equilibrio entre neutralidad, simpatía con la causa del exilio y miedo a una confrontación actuó en contra de la vida de los Hermanos. Y contrario a lo que suele pensarse y el propio Fidel Castro afirma, el estrecho vínculo entre la política nacional y la internacional de Estados Unidos respecto a Cuba es aprovechado como un signo de debilidad por el régimen cubano.
Error táctico
Por otra parte, desde el punto de vista de la acción política, fue un error táctico que los aviones de Hermanos salieran a volar el 24 de febrero, como también fue un error anterior, que algunos criticaron adecuadamente en su momento, entregar públicamente $2,000 para Concilio Cubano, y dar pie a otro pretexto: el decir que Concilio estaba financiado desde Miami. Si Hermanos desplazó su labor humanitaria a la lucha política pacifista y a la desobediencia civil, su presidente debió tener en cuenta que el 24 de febrero no era el día más adecuado para salir con sus aviones. No hay ninguna duda de que el gobierno de Fidel Castro es el único responsable por las cuatro muertes, y que las guerras se ganan cometiendo errores, pero es hora de reconocerlos. Las razones que da Basulto para explicar el vuelo de ese día invitan a pensar que entre sus motivaciones también estaba un ansia de participar en una situación cuya acción se escapaba por completo para quienes residían en Miami, un afán de protagonismo si no político al menos histórico.
Ahora se contemplan retrospectivamente los hechos, y se ve cómo todos los peones de la jugada de Fidel Castro se movieron hacia las casillas favorables para él: doble agente listo para aparecer en el momento oportuno y montar una operación de distracción (con pobres resultados, es verdad, pero de cualquier manera un elemento en su favor, reforzado por la ineficaz labor del FBI), una condena mediatizada en los organismos internacionales, una Ley Helms-Burton repudiada por medio mundo, un movimiento de oposición interna que aún no ha podido recuperarse del golpe recibido. ¿El año que viene en La Habana, o de nuevo en el estrecho de la Florida?
Nota: esta columna la publiqué en El Nuevo Herald el lunes 24 de febrero de 1997, a un año del derribo de las avionetas. Me parece que mantiene vigencia y que las preguntas continúan sin respuestas.

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