domingo, 8 de mayo de 2011

Sin mojitos y a la sombra


Hay una distancia cada vez mayor entre los métodos represivos utilizados por el gobierno cubano y la actividad que despliegan los blogueros en la Isla. Mientras el régimen permanece enclaustrado en sus formulas tradicionales ―encierros, amenazas y prohibiciones―, un grupo cada vez más numeroso se dedica fundamentalmente a divulgar denuncias, dar a conocer actividades y establecer una visión alejada tanto de lo que puede considerarse una disidencia tradicional como de las aspiraciones del exilio más conservador de Miami.
Aunque muchos de estos nuevos opositores son jóvenes, no es la edad el factor determinante a la hora de caracterizarlos, sino su actitud más desenvuelta y el dejar a un lado categorías ideológicas, embriones de partidos políticos y la formación casi a diario de una nueva organización para darla a conocer en esta ciudad.
De hecho, muchos de ellos pueden ser considerados opositores por su rechazo a un régimen que los asfixia, no por perseguir un programa de gobierno ni por pretender la llegada al poder. Si pudieran, estarían escribiendo poemas, pintando o enfrascados en la realización de una novela. En situaciones normales, sus inquietudes se definirían en la búsqueda de una editorial, una sala de exposiciones o un espacio en la prensa nacional. Su función de conciencia crítica les ha sido impuesta por las circunstancias y en muchos casos no por vocación de reformadores. Es por ello que han encontrado en la crónica y el artículo breve los medios ideales para desarrollarse. Sin embargo, más allá de sus intereses individuales, todos comparten el haberse convertidos en guardianes contra la impunidad y en ejemplos de que hasta en un régimen tan cerrado como el de La Habana vale la pena luchar por la independencia personal y el decoro.
Aunque en parte la acción represiva del régimen ha sido adaptada a las circunstancias actuales ―con detenciones breves, arrestos domiciliarios y advertencias―, mantiene intacta su esencia, que es castigar con dureza a quienes se manifiesten en favor de otro destino que no sea el pautado por los hermanos Castro.
Al estar el Gobierno cubano incapacitado para enfrentar con un enfoque novedoso a esta oposición ―ya que desde hace décadas quienes mandan en el país perdieron la capacidad de audacia―, la táctica más utilizada es tratar de llevar el enfrentamiento al socorrido encuadre de la época de la guerra fría. Se trata del viejo truco de intentar lanzar al otro extremo ideológico a cualquiera que disienta.
Dos ejemplos recientes de esa táctica. Uno es la negativa de permitir a Yoani Sánchez la salida de la isla. Se trata de la decimoquinta ocasión,  en apenas cuatro años, que se le impide viajar. Esta vez la bloguera pretendía recoger el premio que le entregara en noviembre el Center for Political Studies, presentar en Madrid su libro WordPress. Un blog para hablar al mundo y participar como jurado en el evento PhotoEspaña. Otro es la advertencia hecha a Ted Henken, profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, de que no puede volver a Cuba.
Henken, un especialista en el tema cubano, ha realizado múltiples viajes a la isla durante los últimos 15 años. Ha escrito ampliamente sobre el tema de los blogs cubanos y ha participado en diversos eventos académicos, donde ha presentado el resultado de su labor. Ningún misterio hay en su tarea. Incluso en este viaje fue publicando en su blog sus actividades en Cuba. Durante este viaje, sostuvo encuentros con blogueros de las más diversas tendencias ideológicas. No se limitó a reunirse con los más conocidos o con los de una oposición más manifiesta. También realizó entrevistas a quienes han abierto negocios particulares en fecha reciente. No le pidió permiso al gobierno cubano para llevar a cabo esas entrevistas, ya que se trataba de personas dedicadas a un quehacer privado.
Al momento de abandonar la isla, en el aeropuerto de La Habana, lo llamaron y condujeron a un cuarto para ser interrogado. Al final le dijeron:
Estamos aquí para informarte que ésta será tu última vez. ¿Entendiste?”.
Antes le habían hecho otra advertencia clara: “Si eres un turista debes estar en la playa tomando un mojito, no visitando paladares y contrarrevolucionarios y tomándoles fotos”.
En el caso de Yoani, la negativa a permitirle viajar fuera del país se inscribe de lleno dentro de las represalias típicas de la guerra fría en los países comunistas. Pero al tiempo que régimen actúa según patrones caducos, trata también de encasillarla en esos términos y la llama “contrarrevolucionaria”.
Precisamente por el hecho de que Yoani se ha convertido en una de las voces más populares de la nueva oposición cubana ―en muchos casos desplazando de la atención internacional a los disidentes tradicionales―, con un discurso que combina el uso de las nuevas tecnologías con su visión generacional sobre la isla, se intenta una y otra vez incluirla dentro de la contrarrevolución tradicional.
En Miami ―y también en otras partes de Estados Unidos― el profesor  Henken sería catalogado de “izquierdista” y “liberal”, no como una caracterización ideológica sino como una forma de rechazo. Ese compartir extremos desde las antípodas no es un fenómeno nuevo.
Una vez más queda claro que, además de mantener una confrontación constante con todo el que exprese un punto de vista contrario a la línea pautada por la Plaza de la Revolución, a La Habana sólo le interesa el turista con el mojito en la mano y el intelectual de izquierda borrego. Lo demás es arriesgarse a una estancia en la sombra.

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