sábado, 11 de junio de 2011

Engañados y sedientos


Desde hace meses, el suministro de agua potable en La Habana presenta la situación más crítica de los últimos 50 años, con más de 100.000 personas que dependen de carros cisterna para recibir el servicio y las fuentes de abastecimiento a punto de colapsar.
Con el aumento de los costos de la gasolina, y pese al petróleo que suministra Hugo Chávez, es de esperar que el servicio de carros cisternas —las “pipas”, como se les conoce en La Habana— se reduzca. En todo caso, es seguro que hacerle llegar agua a los habaneros resultará cada vez más caro y el sistema de “pipas” es una aberración económica.
Incluso el diario oficial Granma reconoció la situación meses atrás, cuando el viernes 21 de enero publicó que la capital cubana tiene actualmente “la situación más crítica del último medio siglo” en cuanto a la disponibilidad del líquido, y pierde el 70% del agua bombeada a los consumidores en el trayecto hasta su destino.
Granma añadía en su información que existe un “notable descenso” de los volúmenes acumulados en fuentes de abastecimiento subterráneas y superficiales, debido a la sequía de los últimos dos años y al mal funcionamiento de un acueducto “deteriorado por el paso del tiempo”.
“Por la gravedad de la contingencia, se valora la posibilidad de cortar el servicio a los que sobrepasen el consumo planificado”, advertía el diario, con una insistencia a reducir el consumo en el sector estatal y “sensibilizar” a la población para “extremar las medidas de ahorro”.
Para paliar la situación, el gobierno prevé construir varias conductoras para mejorar la entrega de agua, instalar válvulas, perforar pozos, rehabilitar las redes en mal estado, suprimir fugas en campos de pozos y grandes conductoras.
Así que tenemos una situación de sequía en Cuba, lo cual es real, y un esfuerzo del gobierno por mejorar las redes de abastecimiento, lo que resulta dudoso, por decir lo menos.
Dudoso no por un afán ideológico de ver solo lo malo en Cuba, sino por un inevitable enfrentamiento con la realidad del país. Basta con una rápida mirada a lo que el propio Gobierno cubano ha publicado en los últimos años:
Un cable de la agencia Associated Press, del 15 de mayo del 2007, informaba que las redes de acueductos, en particular las de la capital, serán rehabilitadas tras años de servicio ineficiente que incluso provocaba la pérdida de hasta el 55 por ciento del líquido bombeado, de acuerdo con lo publicado en los medios de prensa del país. El programa, inaugurado por el entonces vicepresidente Carlos Lage la víspera, permitirá desde 2007 a 2011 la reparación en La Habana de unos 2.032 kilómetros de estas cañerías, según el periódico Juventud Rebelde. La información cablegráfica añadía que, para llevar adelante el plan, se contaba con un financiamiento de 60 millones en moneda libremente convertible y la participación de cuatro empresas ejecutoras: la Constructora de Recursos Hidráulicos, los contingentes Blas Roca Calderío y Raúl Roa y Aguas de La Habana. También la información añadía que los escapes de agua y las viejas cañerías son uno de los principales problemas que enfrenta la isla, pues el líquido no llega a los hogares y se desperdicia, mientras los periodos de sequía afectan este recurso limitado. En igual sentido, agregaba que la rehabilitación se extendería hasta las provincias de Las Tunas, Camagüey y Holguín, e incluso señalaba que las obras iban a comenzar la semana entrante.
Pues bien, ¿dónde están las reparaciones, los millones invertidos y las empresas ejecutoras? Porque hasta ahora lo único cierto en ambas informaciones de prensa es que hay sequía, salideros y que no hay agua.
Si en 2007 alguien pudo tener esperanza de que para 2011 el problema podría estar aliviado, al menos en parte, debe estar ahora mirando para otras aguas, las que se aprecian desde el malecón habanero y rodean la isla. El mar que separa a los que viven en Cuba de otros países.
Hay una forma efectiva con la que se desenmascara a la prensa oficial cubana, respecto a las mentiras, medias verdades y manipulaciones que, sobre la situación nacional, se publican a diario, y es simplemente comparando las informaciones de hoy con las de un tiempo atrás.
En el reportaje del 21 de enero de este año, al tiempo que se señala que “en el plan de inversiones aprobado para 2011 hay destinados catorce millones de pesos para la ejecución de diversas obras dirigidas a mitigar el efecto de la sequía sobre el estado de las fuentes y la distribución de agua”, no hay el menor intento de analizar los posibles resultados y lo que significa ese plan de inversiones. Tampoco de señalar que las cifras de inversiones resultan insuficientes en extremo frente al problema existente.
Por ejemplo, se menciona que “desde hace tiempo la capital trabaja en la rehabilitación de las redes en mal estado (en el año 2010 fueron reparados 82,3 kilómetros), y la supresión de salideros en campos de pozos y grandes conductoras”. Pero este dato no se confronta con otro anterior, que señala el “mal estado técnico de unos 2.194 kilómetros de redes”. Es decir, al ritmo actual serían necesarios al menos ¡26 años! para reparar todas las redes, y eso bajo la hipótesis imposible de que no se deteriore ni una cañería, cuando lo más probable que unos pocos años lo que aumente sean las roturas y salideros, por la antigüedad del sistema y el abandono que ha sufrido por años. ¿Y los 2.032 kilómetros de Lage? ¿Se repararon o no se repararon?
De forma sistemática la prensa oficial de la isla sigue ocultando información o dándola a conocer a medias. Que aparezcan con cierta frecuencia reportajes e informaciones que señalan algunos de los problemas que sufre la población cubana resulta un avance, pero se trata de una simple gota en un océano de despilfarro, mala organización y desidia.

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