miércoles, 27 de julio de 2011

De intercambios y bravatas


“Gloria Estefan no ha ido a cantar a la isla, mientras que Silvio Rodríguez ya se ha presentado en Estados Unidos”.
El argumento, que se escucha a diario en Miami y en se lee en internet, parte de una premisa falsa. Cuando Washington habla de intercambios culturales entre Cuba y Estados Unidos se refiere a que artistas y grupos culturales de las dos naciones realicen visitas, sin incluir necesariamente la actuación de artistas exiliados incluso cubanoamericanos.
Se puede estar a favor o en contra de esa política, como cubano o exiliado, pero la premisa de que esta parte no fue establecida con el objetivo del régimen castrista en la mira, sino con anterioridad. Asistimos a una continuación de un modo de ver y hacer las cosas, por parte del Gobierno de Estados Unidos, no a una fórmula nueva.
La política de embajadores culturales, típica de la guerra fría, nunca fue concebida como una forma de confrontación, sino todo lo contrario.
A Moscú fueron Benny Goodman y Dave Brubeck, no una orquesta de balalaikas de inmigrantes rusos. Louis Armstrong fue de embajador musical a diversos países tras el final de la II Guerra Mundial y en plena guerra fría, incluso a varias naciones africanas que estrenaban su independencia, no Nina Simone, una excelente cantante y pianista de señalada participación en el movimiento de los derechos civiles.
El exilio cubano comete el error de juzgar los intercambios culturales bajo la ilusión de Miami como nación. Creen que cualquier aspecto de la política estadounidense hacia Cuba debe funcionar de acuerdo a sus intereses y de que ellos representan a EEUU en cualquier aspecto de la relación entre Washington y La Habana.
Por muchos años, la ilusión mayor ha sido trasladar a esta ciudad todo lo que tenga que ver con Cuba que se produzca con fondos federales. Su máximo triunfo en ese sentido fue la mudada de Radio y Televisión Martí, un disparate que ahora no se sabe cómo corregir.
En el caso de los intercambios culturales entre Cuba y EEUU, estos aun no llegan a la categoría de un programa del Departamento de Estado, sino que todo se ha limitado a la facilitación de visas de entrada y permisos de viaje por parte de Washington.
El rechazo con el cual se ha recibido esta flexibilización, por parte de los legisladores cubanoamericanos y el sector más reaccionario de la comunidad exiliada, es simplemente otra muestra de esa visión que predomina en esta ciudad, entre aquellos que viven encerrados en su frustración e intransigencia.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...