lunes, 1 de agosto de 2011

Recordar con rencor


Creo que es importante, para muchos exiliados cubanos, el no plantearse la relación personal entre su vida actual y los años vividos en la isla bajo la dicotomía de justicia (¿venganza?) u olvido. Me refiero a esa mayoría que no participó activa y militarmente en ninguno de los dos bandos, y que no sufrió castigos mayores o recompensas importantes, recibidas por su actuación durante las décadas en que el proceso se definió por algo más que remesas, recortes y reformas. Hablo, en resumidas cuentas, del noventa por ciento o más de la población cubana. Víctimas o victimarios de ocurrencias diarias como el poder comer o no en un restaurante, perder la noche en una guardia absurda y dedicar un domingo a un trabajo inútil, que se empeñaban en llamar ´´voluntario´´, ´´productivo´´ o ´´agrícola´´, pero que siempre era obligatorio y gratuito.
Hoy acabo de leer que el gobierno cubano puso fin a la práctica del llamado ´´ trabajo voluntario´´ y la información me revolvió el estómago.
Pura bilis es lo único que me queda ante ese abuso cometido durante años y años, que nos obligó a tener a muchos una o más fotos durante un trabajo agrícola entre los recuerdos de juventud. La foto puede tener ahora la patina de la nostalgia, el recuerdo de algún ausente o la evocación de este u otro sueño que se materializó o no. Quizá todo eso sea lo permanente, pero la injusticia de obligar a muchos jóvenes ―o no tan jóvenes― a perder días, meses y años de la vida para complacer los caprichos ideológicos de un tirano ahora senil no es fácil de borrar.
El llamado ´´trabajo voluntario´´ incluía “gigantescas movilizaciones hacia campos agrícolas u otras actividades sin un contenido productivo, donde prevalecía la pérdida de tiempo, y el gasto de recursos era muy superior al efecto económico del trabajo que se iba a realizar”, recordó el periódico Trabajadores.
El rotativo añadió que “en innumerables ocasiones solo sirvió para tapar o eliminar la ineficiencia, malos métodos de trabajo y otras deficiencias administrativas”.
Todo esto es cierto, pero si alguien lo hubiera dicho en otro momento, cuando existió un verdadero culto por este tipo de labor, en la época en que era un deber ´´religioso´´ participar en ellas y la menor apatía al respecto era sancionada con medidas punitivas que podrían incluir la expulsión de la universidad, el en envío a cumplir el Servicio Militar Obligatorio y otras similares, habría sido acusado de diversionismo ideológico, posible agente de la CIA y contrarrevolucionario.
Ahora es muy fácil eliminar el ´´trabajo voluntario´´ de un plumazo. De hecho, el gobierno cubano anunció hace una semana la eliminación de las movilizaciones de un millón de estudiantes para tareas agrícolas en el periodo vacacional, debido a que eran improductivas y generaban enormes gastos.
Lo peor del caso, en lo personal, es no poder mirar con desdén estas medidas, caer finalmente en lo que uno ha tratado de rechazar una y otra vez: recordar con rencor.
Fotografía: jóvenes cubanos realizan trabajos agrícolas.


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