lunes, 29 de agosto de 2011

Un reclamo vigente


Durante el mayo francés, Sartre reclama que el intelectual vuelva a ejercer el papel desempeñado durante el siglo XIX. Algo que él reconocía había sido abandonado durante más de cincuenta años en su país, pero que consideraba necesario retomar.
Con diversos énfasis y con resultados disímiles, desde el intelectual orgánico hasta el educador público, esa función de conciencia crítica de la sociedad se mantuvo vigente en la segunda mitad del siglo XX.
Vivimos ahora en una época en muchos sentidos pre-mayo francés. Y también presenciamos un abandono de la función intelectual, similar al denunciado por Sartre. Ser intelectual es una profesión del siglo pasado. Hasta hace poco los jóvenes autores diferían en la elección de su vocación —querían ser poetas, narradores o cineastas—, pero estaban unidos por un afán común: se consideraban intelectuales. Ya no.
Por una parte, la especialización de labores llevó a separar los campos del escritor y académico de los terrenos del comentarista político. Por la otra, la tendencia hacia la izquierda de la mayoría de los intelectuales llevó a un paulatino pero constante deterioro del prestigio disfrutado por décadas. El fin de la Unión Soviética y el deterioro del ideal comunista fueron la culminación de un proceso iniciado años atrás. La noción de compromiso político quedó en entredicho, considerada como ejemplo de deshonestidad y estafa. Su cara oculta salió a relucir con fuerza: un oportunismo que gritaba las injusticias capitalistas mientras callaba los desmanes socialistas.
Esto afectó no sólo a los intelectuales de izquierda, sino también a los críticos sociales desde una posición de centro y centro-derecha. Estos últimos, menospreciados de forma más o menos evidente por los seguidores de Sartre, que se consideraban los paradigmas del “intelectual orgánico” proclamado por Gramsci, no solo no vieron llegar su turno, sino también fueron parte del grupo en desgracia. La caída de los “comprometidos” arrastró consigo la estima de constituirse en aguafiestas social.
A partir de entonces, desempeñar la función de conciencia crítica comenzó a verse como una labor de “izquierdista”: poco confiable, caduca y sospechosa.




Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...