martes, 20 de septiembre de 2011

Ni plumas ni cacareando


Los líderes del exilio histórico están perdiendo la chispa. Se roban uno de los gallos de la Pequeña Habana, para colmo el llamado ´´gallo cubanoamericano´´, y no salen a denunciar el acto como una maniobra del gobierno de los hermanos Castro.
Es increíble que a nadie se le ocurra apuntar hacia La Habana para buscar al culpable.
Primero están los motivos. ¿A quién se le ocurre robarse una de esas espantosas esculturas, que son de fibra de vidrio y pesan unas 70 libras? Descontado que nadie va a comprar tal adefesio. Como no se puede colocar a la intemperie, por ejemplo en algún vivero o finca de Homestead, al ladrón o los ladrones solo les queda ponerlo en la sala de la casa, y descontado que a las pocas horas toda la familia estará protestando por el estorbo. Tampoco se puede vender como chatarra. Miami no es Europa y no da para esculturas de bronce. Aquí hay que conformarse con fibra de vidrio y una pieza miserable que apenas cuesta $3,000, según su dueño, y ese precio a todas luces está inflado.
Así que quedan dos opciones respecto a los motivos del robo. O fue uno o varios jodedores o los motivos son políticos.
La opción de la jodedera se cae por su peso, o por el peso del gallo. Supongamos que a un grupo de jóvenes ―o de viejos, que para algo están las pastillas― se les ocurre después de algunos tragos de más o vaya a saber qué otra cosa, llevarse el gallo. Pues aquí surge el primer problema que va a desencantar a los ladrones. La pieza escultórica estaba fijada con tuercas a una placa de metal en la acera y las tuercas habían sido reforzadas con un pegamento especial.
Así que todo indica que se trato de una brigada especial, especialistas en demolición, con equipos pesados, que sabían su trabajo. El nuevo Team Avispa, que desde hace tiempo opera en Miami. La Habana dio la orden oportuna, aprovechando el vacío de poder tras el despido del jefe Esposito. Nunca en años esta ciudad estuvo más indefensa frente a los ladrones de gallo.
Para reforzar esta teoría, bastan algunos puntos:
  • El gallo era cubanoamericano.
  • Lo robaron de frente al restaurante El Pub, lugar de reunión de los políticos locales y los elaboradores de planes para derrocar a Castro. Es decir, los elaboradores de planes que tienen dinero, y eso son los que cuentan y La Habana lo sabe. Si alguien hubiera tomado la decisión sabia de colocar al gallo frente al Versailles, todavía estaría allí.
  • El gallo fue símbolo del gobierno de Batista. La conocida estatua del Gallo de Morón, levantada durante la dictadura batistiana, fue destruida el 1 de enero de 1959. Luego el llamado gobierno revolucionario edificó otra, pero nunca fue lo mismo. Al robarse el gallo, el golpe fue dirigido no solo contra el ilustre exilio histórico, sino contra su corazón más antiguo: el alma batistiana.
  • El gallo tenía los colores y las estrellas de las banderas de Cuba y Estados Unidos. Una afrenta más. Al régimen de Castro seguro molestaba mucho esa mezcolanza de estrellas en el corazón de Miami.
Para tamaña operación terrorista, el régimen de La Habana debe haber contado no solo con los recursos proporcionados por el presidente Hugo Chávez, sino con las ganancias de los últimos conciertos de músicos de la isla llevados a cabo en esta ciudad. Ya se empiezan a ver las consecuencias de esa operación malévola, que el digno exilio histórico rechazó en su momento.
No pasará mucho tiempo sin que Wikileaks comience a filtrar los documentos de las conversaciones secretas para intercambiar al gallo por los Cinco Espías.
Lo alarmante de esta situación es que ni Saavedra ni ninguno de los otros aguerridos anticastristas se han pronunciado al respecto. Lamentable esa pérdida de militancia, esa guardia en baja, ese desinterés por un gallo.

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