martes, 4 de octubre de 2011

El cadáver olvidado de Carlos Ripoll


Que uno se entere al atardecer del martes que Carlos Ripoll se suicidó el domingo por la tarde en esta ciudad, gracias al blog de Carlos Alberto Montaner, no causa preocupación a estas alturas, sino simplemente desaliento.
Saber de la muerte de un importante ensayista ―que además era un ferviente defensor de lo que podría catalogarse de interpretación bajo la óptica del llamado exilio histórico de cualquier hecho y pensamiento presente, pasado y futuro― es soslayada por la prensa local ―o que han pasado más de 48 horas de ocurrida y ni una línea en El Nuevo Herald― no debería asombrar mucho.
Tampoco altera mucho el conocer que el escritor se diera un tiro en la cabeza (abundan los ejemplos), sino más bien destacar el detalle cortés de antes llamar al 911 y dejar la puerta abierta, como para ahorrar sustos ajenos.
Sin embargo, poca esperanza hay en un sitio que se preocupa más por un futuro que apuesta a los casinos y olvida a sus escritores más fieles.

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