sábado, 8 de octubre de 2011

Cuba en la campaña electoral de Mitt Romney


Hasta ahora, la campaña por la candidatura republicana se muestra cada vez más risible. Sin embargo, hay un elemento que va dar mucho que hablar en Miami.
Mitt Romney, el precandidato republicano a la elección presidencial del 2012, ya metió el tema cubano en la contienda.
Muchos pensarán que ello no es nada nuevo en las contiendas electorales de Estados Unidos, donde siempre el candidato de turno, sea republicano o demócrata ―con la notable excepción del presidente Barack Obama― promete que va a ser duro con Castro, cualquier Castro, para acabar en nada.
Con Romney es posible que esa cantaleta se amplíe considerablemente con protagonistas locales, pero antes hay que situar a la campaña, aunque sea brevemente, en el lenguaje y el tono que hasta ahora impera: una vuelta absurda a los años cincuenta del siglo pasado.
Romney, prometió este viernes que arremeterá contra la “alianza maligna del socialismo de Cuba y Venezuela”.
Romney declaró también que Dios creó Estados Unidos para que dirigiera al mundo, y acusó al mandatario demócrata Barack Obama de haber debilitado al país.
“¿Es que el socialismo maligno de la Venezuela de Hugo Chávez, en estrecha alianza con el socialismo maligno de la Cuba de los Castro, van a socavar las perspectivas de la democracia en una región sedienta de libertad y de estabilidad y de prosperidad?”, preguntó el ex gobernador de Massachusetts en la academia militar The Citadel en Charleston, Carolina del Sur.
Esto de hablar de ´´socialismo maligno´´ nos lleva de cabeza a la época de Ronald Reagan, o más atrás si es posible.
“Estados Unidos debe conducir al mundo o lo harán otros”, agregó, señalando que el planeta sería más peligroso si Washington no jugara un papel de primer orden.
“Déjenme ser claro: como presidente de Estados Unidos, me dedicaré a (gestar) un siglo estadounidense”, señaló.
No hay nadie en sus cabales que pueda pensar que el futuro es un siglo estadounidense. Es posible que alguien se le ocurra decir que viene un siglo chino, lo cual tampoco es muy seguro que digamos, pero al menos que ocurra un apocalipsis nuclear, y también aquí hay que ponerlo en duda, nada indica la proximidad de un dominio absoluto norteamericano.
A ello habría que agregar que solo bajo un ataque de megalomanía a cualquiera se le ocurre que un futuro presidente de este país es capaz de lograr no el sueño americano sino la pesadilla del mundo: un siglo americano.
Es más, solo hay que imaginar por un segundo que es imposible que Estados Unidos sea guía del mundo gracias al dinero de China, pero esta nación está acostumbrada a escuchar a los candidatos presidenciales ―y sobre todo a los precandidatos presidenciales― repitiendo disparates.
No creo que Romney crea en eso de que Estados Unidos debe conducir el mundo. No me parece un fanático tarado, sino alguien que trata de aprovecharse de la situación.
Por otra parte, el rival más cercano que tiene Romney es el gobernador de Texas, Rick Perry, un cristiano evangélico y ultraconservador.
Los cristianos evangélicos son quienes le han hecho más daño al Partido Republicano en los últimos años, al apropiarse de su fundamentación ideológica, establecer alianzas impensadas en otras épocas, como el sumar objetivos comunes con el fundamentalismo sionista y dirigir su campañas políticas sobre la base de la intimidación, el odio y el terror.
Así que en una campaña que ha arrancado sobre los cimientos de la ignorancia, el rencor y el revanchismo, Romney mete el tema cubano. Y aquí llega también la cuestión el apoyo que va a encontrar en el exilio de Miami.
Durante la campaña presidencial anterior, Romney dijo en una entrevista del Tampa Tribune que contabacomo asesores a los congresistas Mario Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen. También que apoyaba una entrada masiva de cubanos.
De seguro ahora dará marcha atrás a ese apoyo a la entrada masiva de cubanos, pero es muy posible que en esta ocasión sí logre el apoyo de Díaz-Balart y Ros-Lehtinen.
En la campaña anterior, Romney nunca llegó a contar con un apoyo pleno de estos candidatos, que se declararon a favor del congresista John McCain, tras una serie de declaraciones y rectificaciones que es mejor leer en Herejías y Caipirinhas 2.0.
Ahora Romney también debe contar con el auxilio de Armando Pérez Roura, entre sus asesores sobre el tema cubano. Pero una advertencia para quienes siguen al pie de la letra las recomendaciones del director general de Radio Mambí. Quien ya en una ocasión fue el aspirante favorito del conocido locutor de Miami es un cambia casaca.
Durante la anterior contienda presidencial lo demostró un artículo de la revista The New Yorker del 29 de octubre de 2007. Romney dice lo que sospecha que cualquier posible elector, que tiene por delante, quiere escuchar.
La revista dejó claro que el político lo mismo hablaba como un abanderado de la protección ambiental, al estilo de Al Gore, que como un representante de la firma petrolera Exxon Mobil. The New Yorker aseguraba que ello era ''un hábito en Romney''.
El historial de Romney, como gobernador de Massachusetts así lo demuestra. De hecho, para entonces era el único aspirante a la presidencia, entre republicanos y demócratas, que había logrado un plan de salud universal en su estado. ¿Una medida "republicana de línea dura"? ¿Qué dicen de esto los legisladores cubanoamericanos por la Florida, que siempre se han opuesto a cualquier plan de salud que favorezca a quienes carecen de seguro, que incluso se opusieron a una ampliación de los servicios médicos a los niños de familias pobres y de clase media?
Por lo pronto, los votantes republicanos de origen cubano van a tener que confiar de nuevo en un Romney con sus ''promesas''. No es una tarea fácil.
En lo que respecta al resto del exilio, Estados Unidos y el mundo, lo que se dice en etapas tan cercanas de la campaña presidencial estadounidense puede resultar tan meritorio como lo que se repite más adelante en la contienda o incluso en la recta final: puro esfuerzo por conquistar con la palabra lo que no se puede lograr con la acción, mentiras, embustes o medias verdades.
Después de todo, quizá Romney no sea una mala opción, dentro del republicanismo, para lidiar con los esperados cambios en Cuba.
Romney con guayabera y en plena campaña electoral en un centro comunitario de Miami en 2007.

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