jueves, 1 de diciembre de 2011

La agenda de Marco Rubio


Desde la llegada del senador Marco Rubio al Congreso de Estados Unidos, sus acciones han estado destinadas al avance de su carrera política o a complacer a un sector importante de sus electores (el exilio cubano más radical), a los comités de acción política y los grupos de interés que propiciaron su elección.
Sin embargo, no se ha divulgado noticia alguna en que Rubio participe, patrocine o elabore un proyecto de ley que esté dirigido a beneficiar al estado que representa.
Da la impresión que Rubio está en Washington para favorecer o entorpecer leyes, medidas y proyectos vinculados a una agenda internacional, a descarrilar cualquier iniciativa del gobierno de Barack Obama o a mantener su presencia en la prensa.
Es indudable que Rubio es una figura carismática y que el Partido Republicano lo considera uno de sus miembros con mayor potencial de desarrollo. Cada vez es más frecuente que los principales órganos de prensa de la nación le dediquen espacio ―tanto a favor como en contra de senador, y que su vida e historial es objeto de un escrutinio constante―, pero lo que se va sacando en claro de la lectura de tantos reportajes y artículos es que el senador de padres cubanos se conoce cada vez más por sus declaraciones y actitudes políticas, no por sus esfuerzos a favor de su estado.
Es evidente que a Rubio, el estado de la Florida le queda chiquito, que lo único que le interesa es aprovechar al máximo la importancia electoral que éste representa.
Es cierto que ha transcurrido poco tiempo desde que resultó electo, pero en cierta medida ya es posible ir conociendo la meta que Rubio se ha impuesto: la Florida como pedestal.
Se puede argumentar que Rubio no es el único político, tanto republicano como demócrata, en recorrer esa vía. Resulta muy común que algunos senadores terminen en la Casa Blanca. Obama va a ser el primer nombre que se esgrima para refutar el argumento de este comentario.
Sin embargo, la existencia de predecesores que han hecho lo mismo no justifica a Rubio. El propio Obama fue duramente criticado, durante la pasada campaña para la elección presidencial, por su pobre trayectoria congresional.
En el caso de Rubio está presente un aspecto adicional, que refuerza la tesis de una carrera solo en función del objetivo de ascender en busca de alcanzar la cumbre del poder en esta nación.
Las acciones del senador parecen responder solo a objetivos ideológicos, sin contar con otra explicación que las sustente.
Rubio acaba de afirmar que se opondrá a la candidatura de Roberta Jacobson al cargo de secretaria adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental, a la confirmación de Mari Carmen Aponte como embajadora en El Salvador y de Adam Namm como embajador en Ecuador.
Todo parece indicar que al republicano por la Florida no le cuadra ningún candidato de Obama.
Es normal que existan diferencias políticas e ideológicas entre ambos partidos, pero da la impresión que al senador Rubio lo único que le interesa es entorpecer la labor de la actual administración
“Me opondré a estos candidatos en el Comité de Relaciones Exteriores, y me reservo mi derecho de bloquear o de votar en contra de otros futuros nominados para el Hemisferio Occidental hasta que la administración tome medidas significativas para cambiar sus políticas”, ha dicho Rubio.
El legislador describió la política del gobierno de Obama hacia América Latina como “definida por el apaciguamiento, la debilidad y la enajenación de nuestros aliados”.
“A principios de este año, invité a la administración a que aprovechara estas nominaciones como una oportunidad para delinear un plan para dirigir la política de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental hacia la renovación del compromiso de Estados Unidos con la promoción de la democracia y el libre mercado”, declaró.
Dejando a un lado la arrogancia de las estas palabras, casi insólitas en un legislador novato, Rubio está emitiendo juicios incorrectos, o simplemente mintiendo.
Se puede acusar a la política de Obama de abandono o poco interés hacia América Latina. Lo mismo ya se dijo de la política de George W. Bush. Los acontecimientos internacionales han hecho que Washington mire cada vez menos hacia sus vecinos del sur, algo que, por otra parte, no es nuevo.
Sin embargo, con la aprobación de un tratado de libre comercio con Colombia, el apoyo militar a este país y la posición asumida durante el golpe de Estado en Honduras, resulta muy difícil hablar de´´ apaciguamiento´´, ´´debilidad´´ y´´ enajenación de aliados´´, al menos que se añore la vuelta del apoyo a las dictaduras militares, que el pasado caracterizó la política estadounidense. Solo que ya no hay dictaduras militares y Washington ha dejado bien en claro su rechazo a la vuelta de tal situación.
En lo que se refiere a la aspiración de Jacobson al cargo de secretaria de Estado adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental, a Rubio lo que parece preocuparle es que dicho cargo, entre otras cosas, supervisa la relación de Estados Unidos con Cuba. Pero no hay que esperar que el gobierno de Obama proponga para el mismo a Otto Reich, John Bolton o Roger Noriega, quienes probablemente serían los candidatos que el legislador favorecería. No es de esperar que lo lleve a cabo cualquier administración republicana en el futuro.
En su empeño, a Rubio no parece interesarle su asociación con un poderoso legislador demócrata, que ha sido su compañero en el impulso de otras medidas tendientes a evitar cualquier alivio en la tensa relación con el gobierno cubano.
Los republicanos dicen que se oponen a la confirmación de Aponte por una supuesta relación con Roberto Tamayo, a quien supuestamente la inteligencia cubana había tratado de reclutar. Luego se supo que Tamayo estaba trabajando para el FBI, y suministrando información sobre Cuba.
También los conservadores republicanos acusan a Aponte por la publicación reciente de una columna de opinión contra la discriminación a los homosexuales en la nación centroamericana.
El senador demócrata Robert Menéndez, compañero de Rubio en propuestas para impedir cualquier cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba, acusó a los republicanos de retener la postulación de Aponte “con motivos poco transparentes” ya que el FBI no ha hallado información comprometedora pese haberla sometido a un examen minucioso en dos ocasiones.
Nada de esto parece preocuparle a Rubio, mientras los miembros del Tea Party continúen apoyándole.

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