jueves, 20 de enero de 2011

Cerrando filas en torno a Rivera

Con el título David Rivera alerta a Obama, Radio Martí publica en internet una breve información en que señala:
“El legislador por el estado de la Florida, quien forma parte de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, advirtió sobre las intenciones de Pekín de expandir su influencia por América Latina”.
No solo es que Rivera se limita a repetir su retórica anticastrista vulgar, que parece constituye una receta infalible para llegar a Washington desde Miami, sino que la emisora gubernamental se ha buscado el congresista menos apropiado para que se divulguen sus comentarios.
De acuerdo a una información que publica hoy jueves El Nuevo Herald, la fiscal estatal de Miami-Dade, Katherine Fernández Rundle, separó a uno de sus mejores equipos fiscales de la investigación sobre el representante federal David Rivera, y le pidió al Departamento de Policía de la Florida que se pusiera al frente de la delicada investigación.
El equipo de la fiscalía estaba dirigido por dirigido por el veterano fiscal de casos de corrupción pública Richard Scruggs, fue retirado del caso de Rivera la semana pasada. Junto con Scruggs, Fernández Rundle también eliminó a la fiscal Christine Zahralban y a Robert Fielder, un veterano investigador de casos de corrupción y exdetective de la Policía de Miami.
La decisión de Fernández Rundle llega en un momento en que el alcance de la investigación sobre Rivera parecía estar expandiéndose a múltiples frentes, de acuerdo a lo publicado en El Nuevo Herald.
Los fiscales y los detectives comenzaron a investigar a Rivera, un republicano de Miami, semanas antes de que éste ganara su escaño en el Congreso en noviembre, después de servir ocho años como legislador estatal.
Los investigadores encontraron que el Canódromo de Flagler pagó $510.000 a Millennium Marketing, una empresa propiedad de la madre y la madrina de Rivera, como parte de un acuerdo para que Rivera manejara una campaña política en favor de las máquinas de juego en beneficio de las parimutuales.
Rivera negó durante largo tiempo haber recibido ningún ingreso de las carreras de galgos, y no hizo mención de Flagler o del acuerdo con Millennium en sus declaraciones financieras. Pero días antes de asumir el cargo en el Congreso, Rivera admitió haber recibido $132.000 en préstamos no declarados de Millennium, dinero que Rivera dice haber devuelto después de su elección
No es la única cuenta del congresista Rivera que no está clara, para decir lo menos.
Después de salirse el año pasado de una contienda senatorial en el estado para buscar un escaño en el Congreso federal, David Rivera separó decenas de miles de dólares de su cuenta inactiva de la campaña al Senado para darle “gracias” a partidarios de una lucha electoral que nunca intentó terminar.
Rivera le pagó el dinero a una compañía llamada ACH Fundraising Strategies, una empresa con sede en Miami fundada por la hija de una ayudante suya por largo tiempo. Rivera envió un cheque de $50.000 a ACH el 15 de julio de 2010, el día antes que la firma comenzara a funcionar como una empresa.
Esos dólares de la “campaña de gracias” enviados a ACH son revisados en la actualidad como parte de una investigación ampliada sobre las cuentas personales y de campaña del representante federal, que llevaba a cabo la policía de Miami-Dade y fiscales, y ahora a quedado en manos solo de la policía.
El legislador federal tiene una singular tendencia de vincular sus cuentas con parientes y allegados, desde la madre y abuelita hasta su madrina y ayudante, Rivera no parece mirar mucho más allá de su círculo más íntimo a la hora de destinar el dinero.
Lo menos que provoca este comportamiento es la sospecha. Pero la sospecha mayor surge ahora, cuando parece que el poder en Miami, republicano por vocación y batistiano por herencia, parede que ha decido cerrar filas en torno a Rivera. El Herald ha estado publicando excelente reportajes sobre el tema. Cabe la esperanza de que esta tendencia continúe.
Lo que resulta más difícil de entender es que una emisora que se paga con dinero de los contribuyentes seleccione a Rivera para divulgar sus comentarios de militancia anticastrista.
Se trata de una nueva confirmación de que Radio y Televisión Martí no han cambiado en lo más mínimo, y que no hay nada más parecido a la vieja administración que la nueva. Que ambas estaciones solo sirven de trofeo o premio oportuno para las organizaciones o los legisladores de turno, según sea el poder de influencia que mantienen, ya sea un gobierno republicano o demócrata.
Fotografía: el legislador estatal David Rivera.

Médicos con fronteras


Algunos de los cambios en la política migratoria hacia Cuba, introducidos por el gobierno de George W. Bush, tuvieron un carácter marcadamente político. El resultado fue que sirvieron para aumentar la tensión entre ambos países, sin mejorar la situación en la isla ni beneficiar de forma amplia a los cubanos que tratan de emigrar.
Entre ellos, el más controversial fue el otorgar un parole a cualquier médico que se encuentra en una misión gubernamental en un tercer país y tome la decisión de desertar, así como el dar visado a los familiares del profesional.
Cuando en una columna del 9 de julio de 2007 me cuestioné la efectividad de esa medida, creada para facilitar la deserción de los médicos cubanos en terceros países.La oficina del entonces congresista Lincoln Díaz-Balart me contestó:
“El 8 de agosto del 2006 la administración Bush anunció una serie de medidas migratorias, que se implementaron en esos momentos, incluyendo un programa para que médicos cubanos en terceros países puedan inmigrar legalmente a los Estados Unidos. Gracias a este programa, cientos de cubanos y sus familiares han podido escapar del régimen durante este último año y se encuentran viviendo en libertad”.
“Cientos” es, por supuesto, una cifra muy imprecisa.
Ahora, gracias a una información aparecida en el Wall Street Journal, se puede conocer con mayor precisión la cifra de los médicos cubanos que han logrado escapar hacia Estados Unidos.
Cerca de mil seiscientos profesionales médicos y técnicos de salud cubanos se exiliaron en Estados Unidos desde 2006, aprovechando un programa de envío de médicos al exterior, informó el Wall Street Journal.
Se trata del programa Cuban Medial Professional Parole (CMPP), un plan de asistencia médica del régimen castrista que desde el 11 de agosto de 2006 recluta a personal médico de Cuba para trabajar en otros países.
De acuerdo al Wall Street Journal, 800 profesionales utilizaron a Venezuela como el primer país de enlace; luego Colombia con 300; y 135 colegas huyeron del mismo modo por Bolivia, Brasil, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Guyana, Namibia y Perú, con destino a EEUU. Para concretar las deserciones, un total de 1574 visas fueron emitidas desde consultados estadounidenses en 65 países.
Evidentemente la oficina del legislador estaba exagerando un poco, aunque no mintiendo.
En una "reflexión" del año 2007, Fidel Castro dijo que EEUU robó a Cuba el 5.16 por ciento de los profesionales graduados durante la revolución.
"Entre 1959 y el 2004 se graduaron en Cuba 805,903 profesionales, incluyendo médicos. La injusta política de Estados Unidos contra nuestro país nos ha privado del 5.16 por ciento de los profesionales graduados por la revolución", escribió Fidel Castro en una Reflexión del 17 de julio del 2007, titulado El robo de cerebros. Esto significa que unos 156,182 profesionales abandonaron Cuba
La emigración de los médicos cubanos ha sido por décadas un tema recurrente en el conflicto entre Washington y La Habana. El gobierno cubano niega o demora por años la salida de los facultativos, así como retiene a sus familiares si éstos desertan en terceros países.
Según una declaración formulada en el 2005, James Cason, que ese año abandonó el cargo de jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, acusaba al gobierno cubano de no otorgar la salida de 533 personas, a las cuales se les habían suministrado el visado.
Si el gobierno cubano tiene 37,041 médicos y otros trabajadores de la salud en 77 países, de acuerdo al artículo del Wall Street Journal, eso significa que alrededor del 4.3 por ciento de ese personal médico ha desertado.
Podría pensarse que el régimen de La Habana ha establecido mecanismos de control más estrictos, que dificultan la salida de los facultativos, pero en general el plan de las misiones médicas adolece de los mismos problemas de corrupción que otros modelos cubanos de cooperación o búsqueda de divisas, según se desprende de lo publicado en el Wall Street Journal.
Al final todo parece estar másmás cerca de otra versión de Casablanca: sobornos, la libertad puesta a precio, e irregularidades propias de un ambiente de guerra fría, como señala el diario.
Fotografía: una médico cubana en Venezuela.

miércoles, 19 de enero de 2011

El mismo partido


Leo unas declaraciones del senador Robert Menéndez en Along the Malecón, en que el legislador se refiere a la flexibilización de las remesas y los viajes a Cuba, aprobada por el presidente Barack Obama, con las mismas palabras que hubiera utilizado el ex representante Mario Díaz Balart, o los mismo calificativos que usan los otros congresistas cubanoamericanos miembros del partido republicano.
Esa falta de un legislador demócrata, cuyas posiciones se aparten del tradicional enfoque republicano sobre la situación en la isla, ha terminado por perjudicar a ese partido. La única figura que se acercó pálidamente a esa diferenciación fue Joe García, sobre todo en su primera campaña. Su derrota en las urnas de debió en gran medida precisamente a esa falta de apoyo de un partido que, a nivel estatal y regional, se limita a jugar la carta republicana en este terreno.
¿Dónde se quedan las ideas liberales o la vocación demócrata de Debbie Wasserman Schultz, si durante años ha sido la principal aliada de los Díaz Balart y una legisladora que constantemente ha recibido fondos del US-Cuba Democracy PAC para sus campañas? En estos casos, el ser cubano o no (Wasserman no lo es), demócrata o no. progresista o no, queda en un segundo plano.
Bajo esta óptica, lo lógico sería que los votantes del sur de la Florida y de New Jersey dejaran fuera el tema cubano a la hora de elegir a sus electores. Lo más saludable también. Pero no ocurre así. Al final el partido demócrata continúa cargando la culpa de ser “débil” con el gobierno castrista, mientras los republicanos se dan el lujo de pavonearse como los “tipos duros”. Por supuesto que la culpa final es de la inmadurez política de un electorado que no razona que por décadas las administraciones y los diferentes congresos de ambos partidos han resultado en gran medida ineficaces en sus supuestos propósitos de contribuir a la democracia en Cuba.
De ello resulta que la historia de las relaciones, los giros y los avances y retrocesos de los diferentes gobiernos estadounidenses, a la hora de del más elemental análisis, tienen que ser vistos como acciones del presidente norteamericano de turno.
Así los enfrentamientos o coincidencias, entre Washington y La Habana, se definen en gran medida como si fuera un duelo presidencial o un tentativo avance entre contrarios. Los constantes viajes de legisladores a la isla, el intenso cabildeo del exilio de derecha de Miami y las visitas a la capital de esta nación de mandatarios y ministros de otras naciones, que tocan marginalmente el tema de Cuba dentro de una apretada agenda, queda como piezas dispersas de un acertijo político que a veces resulta difícil de explicar y otras se torna sumamente aburrido.
La imposibilidad de discernir entre un legislador republicano y otro demócrata, de origen cubano o vinculado con la comunidad cubana, no solo ha resultado beneficioso ―en última instancia― para el partido republicano. El sector más reaccionario del exilio cubano, en Miami y Nueva Jersey, ha podido presentar un frente unido y exhibir un poder político, que si bien es real desde el punto de vista de influencia, es al menos cuestionable en lo que respecta a su representatividad.
Fotografía: Debbie Wasserman Schultz, congresista demócrata por el sur de la Florida.

El período gris de Ambrosio Fornet



Si tuviera algún sentido —no lo tiene ni por asomo—, me sentiría inclinado a dedicar este comentario ―si es que algo vale, especialmente si tiene algunos tonos grises― al pensamiento y la obra del crítico Ambrosio Fornet.
No fueron solo la represión contra los homosexuales, las obras prohibidas, los escritores y artistas trabajando en lugares que no tenían nada que ver con su labor, los libros recogidos y las películas censuradas.
Por penosos que resultaron estos hechos —identificados en su momento oportuno por el ensayista—, una definición de su período gris no se puede limitar a la descripción de un paréntesis: sacar una obra de cartelera y luego reponerla, colocar a un poeta o narrador en una biblioteca o ponerlo a traducir documentos y luego darle un premio nacional de literatura, impedirle viajar al extranjero durante varios años y luego enviarlo a un congreso o una feria del libro.
El período gris de Ambrosio Fornet fue también una de las peores épocas para comenzar a escribir, en una isla que nunca ha sido amable con los creadores. Un momento en que lo mejor era dedicarse a cualquier oficio ajeno al verdadero significado de las palabras, olvidar la música y dejar los pinceles a un lado. No hizo falta “parametrar” a quienes por entonces fuimos jóvenes o adolescentes y queríamos alejarnos de la épica del momento, escribir, actuar o movernos con un ritmo alejado de la alabanza revolucionaria, identificarnos e imitar con mayor o menor suerte lo que se hacía en Europa, Estados Unidos y cualquier lugar sospechoso de no comprender la grandeza de ese socialismo tropical que pesaba como una condena pero debíamos asumir como una bendición.
Quedan regados por la isla, en bibliotecas universitarias norteamericanas, librerías de viejo y mesas de liquidación españolas algunos de los libros que lograron los ansiados premios Unión. David, Casa de las Américas para unos pocos afortunados, y 26 de Julio para los más militantes. Libros olvidados por todos, varios incluso rechazados por sus mismos autores, que hoy prefieren no sólo no recordarlos sino que otros los olviden.
Una generación de autores a medias, escritores frustrados y artistas que gastaron años antes de poder comenzar de nuevo. Nombres que en el exilio lograron publicar su primer libro cuando en circunstancias normales hubieran contado con una obra más o menos extensa desde mucho antes.
Nada podrá, nada ha podido, hacerles recuperar el tiempo perdido. No vale la pena siquiera hablar de ello. ¿“Quinquenio gris”? A estas alturas, qué valor tiene revisar un viejo calendario.
Fotografía: pacientes psiquiátricos salieron en el Paseo del Pradro, durante la escenificación de una obra sobre “El Caballero de París”, en esta foto de archivo de 2009.

martes, 18 de enero de 2011

Cambios en Cuba y a la espera en Miami


Solo la arrogancia y el desconocimiento explican que en Miami hay tantos llamados a la transición en Cuba, sin plantearse que cuando éste se ponga en marcha ocurrirá también un cambio en esta ciudad.
Da la impresión que los portavoces de la idea, y los elaboradores de esos planes que no pasan de comentarios diarios en las tertulias más diversas, consideran que todo se reduce a una exportación de recursos, proyectos y talentos, con el objetivo de reproducir en la isla una sociedad similar a la existente aquí.
Pasan por alto dos aspectos fundamentales. El primero es que Miami no es la Cuba del futuro, como cada vez representa menos la del pasado. Felizmente se aleja de ese modelo. Nadie se engañe por algunos programas radiales, una que otra feria y las guayaberas de los políticos de turno en las efemérides destinadas a recaudar simpatías y votos.
El segundo es que Cuba no será el Miami del pasado. Demasiadas diferencias se han acumulado a lo largo de los años para hacer difícil una confluencia futura.
Los valores, ventajas y beneficios que se disfrutan aquí, y vale la pena establecer en Cuba, son intrínsecos de la sociedad estadounidense —la mayoría característicos de cualquier nación democrática desarrollada— y no fueron creados por los exiliados. Nos hemos adoptado a ellos, en algunos casos se puede agregar que hasta los hemos enriquecido, pero existían antes de que el primer exiliado cubano llegara a estas costas.
No se trata de restarle méritos a una comunidad. Es situarla en el lugar que le corresponde: trabajo, esfuerzo, sacrificio y capacidad creativa por encima de la demagogia, el chanchullo, la estafa y la politiquería. En la nación cubana que se edificará tras el fin del régimen castrista serán necesarios profesionales, inversionistas y administradores. Los políticos pueden ahorrarse el boleto. No es que los de allá sean buenos, es que muchos de los de aquí han demostrado no ser superiores.
Cuba comenzará a ser una nación mejor en la medida en que se libre de esa dependencia enorme de la política. No hay que alimentar la especie de los políticos, más bien alentar que entre en período de extinción. Que finalmente sea posible que la administración de las cosas se imponga sobre la administración de los hombres.
Sobran en Miami los que preparan proyectos, elaboran constituciones futuras y discuten leyes para una república imaginaria. Es posible que la discusión diaria de tales planes resulte entretenida para algunos, lucrativa para unos pocos y contribuya a la peregrina estabilidad emocional de unos cuantos. Pero estas “ganancias secundarias” poco tienen que ver con el supuesto objetivo primordial de sentar las los fundamentos de una nación aún por construirse. Este país, si en algún momento llega a materializarse, será obra y responsabilidad de quienes viven allá. El habitar esta costa nos incapacita para algo más que ayudar.
Si aspiramos a una Cuba democrática, tenemos que partir no de proyectos sino de valores fundamentales, muchos de los cuales existieron en alguna medida en la nación en desarrollo antes del funesto golpe de Estado de Fulgencio Batista, pero de forma tan precaria que permitieron el surgimiento de tiranías y las violaciones de los derechos fundamentales que mancharon la historia cubana.
Si aquí existe la libertad de expresión —este artículo es un ejemplo de ello— es en muchos casos a contrapelo de esos mismos exiliados de “línea dura” que tanto proclaman el derecho de que impere en la isla. Si es necesaria la justicia, no hay que buscarla de forma selectiva, olvidando atropellos, torturas y asesinatos anteriores al primero de enero de 1959 y considerando “acciones patrióticas” simples actos de terrorismo. Si queremos una Cuba para todos, no hay que partir de exclusiones, como no han sido excluidos los batistianos de Miami a la hora de denunciar lo mal hecho, salvo en sus reductos más vulgares, como Radio Mambí y otros engendros similares.
Es en este sentido que Miami debe servir de ejemplo para una Cuba futura. Generosidad de una ciudad que ha dado cabida a diversas generaciones de inmigrantes, con diversos pasados políticos y participaciones y responsabilidades diferentes en un proceso que no se originó con el comienzo del año 1959, y ni surgió sólo del engaño ni de la traición, aunque estos aspectos formaron parte de un movimiento traicionado y desvirtuado.
Generosidad que en lo personal puede resultar difícil de asimilar para los familiares de tantos fusilados, los prisioneros políticos que cumplieron largas condenas injustas, las víctimas de la represión, el terrorismo y los crímenes de cualquier bando. Pero que se manifiesta mejor en todo aquel que respiró más a plenitud en esta ciudad el día que falleció Esteban Ventura Novo, quien por muchos años se paseó por estas calles sin rendirle cuentas a nadie de sus crímenes. La estupidez de reconciliarse con el batistato, exaltar sus méritos a la hora de comprar cortinas de crepé para una mansión edificada sobre el latrocinio y oportunismo repetido en el congraciarse con los herederos de esa antigua maldición cubana. Pacotilla intelectual que no ha encontrado un destino mejor para buscar fama y fortuna.
Cuando cada exiliado ―no importa el lugar remoto donde finalmente ha hecho su vida, y cada habitante de la isla, que sólo no ha conocido más que trabajos y limitaciones y abrigado el deseo perenne de marcharse del lugar en que nació o ha sido fiel a la decisión de pese a todo quedarse en una espera, o se ha aferrado con una ilusión suicida a un ideal abandonado, tergiversado y falso― abandone la espera será más libre. Cuando cada cubano comprenda que el cambio que se quiere no es sólo una esperanza pospuesta una y otra vez, sino también un proceso personal ―y que para iniciarlo no tiene que pedirle permiso a nadie―, dependerá menos de lo que ocurra en la política nacional. Cuando cada uno de nosotros mandemos a paseo a los funcionarios ―activistas y líderes políticos y comunitarios de aquí y de allá―, seremos más dueños de nuestro destino. Cuando esto ocurra, la transición estará en marcha, en Cuba y en Miami.
Foto: Festival de la Calle Ocho.