domingo, 15 de abril de 2012

Alarcón y la emigración


El tema migratorio ha sido “la noticia” dentro de una entrevista realizada por Salim Lamrani a Ricardo Alarcón. El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba no dice nada nuevo al respecto y se sabe que estaba frente a un entrevistador nada hostil sino todo lo contario. Sin embargo, la difusión inmediata que tuvo el texto dado a conocer el viernes pasado ⎯una versión en inglés, publicada el 31 de marzo en el Huffington Post fue apenas conocida¬⎯ evidencia una vez más la importancia del asunto. Puede afirmarse, en este sentido, que la entrevista de Lamrani actúa no sólo como fuente de información, sino también como globo de sondeo.
Lo importante aquí, más allá del hecho de que las agencias de prensa pasaran por alto este aspecto de la entrevista, es que la rápida divulgación de “la noticia” no hace más que reflejar lo candente del tema, y, sobre todo, que Alarcón escogiera a un profesor de la Sorbona, amigo del régimen cubano pero que vive alejado de los principales centros de residencia del exilio, para hablar con algún detalle del asunto. Esto es marcar distancia, no con el exilio de Miami que lo rechaza, sino con el que lo apoya.
Dice Alarcón que el gobierno cubano estudia “una reforma migratoria radical y profunda en los próximos meses con el fin de eliminar” la restricción que obliga a renovar el permiso de permanencia en el exterior , a quienes viven en el extranjero por más de once meses.
Esto es un cambio significativo, si se produce. Un gesto positivo por parte del régimen. Sin embargo, la reforma migratoria ⎯esperada, pospuesta y vuelta a anunciar ahora por Alarcón⎯ debe abarcar mucho más que eso, y en este punto es donde se inician las incógnitas. Como el gobierno cubano ha sido cuidadoso en no hablar claro al respecto, lo que queda son las especulaciones (por supuesto que esta columna no es ajena a ellas).
Hay tres zonas en las que, de una manera u otra, influirá la reforma migratoria.
Una es la llamada diáspora, formada por cubanos residentes en distintos países, sobre todo en Europa.
Otra son los residentes en la isla, cuya gama de problemas va desde un permiso de salida hasta el reconocimiento de una doble ciudadanía o la aceptación de renuncia a la nacionalidad cubana. Aquí también entra el problema de los graduados universitarios que desean abandonar el país, particularmente los médicos, pero es de esperar que la nueva ley no se limite a este grupo. Para esta zona, hasta el momento las esperanzas deben limitarse a que se produzcan cambios en que el potencial económico del futuro inmigrante ⎯temporal o definitivo⎯ pese más que algunos motivos políticos, pero no todos.
El tercero es el exilio de Miami, donde desde años se habla de una evolución que no se materializa en las urnas ⎯los políticos favorables a la línea más dura frente a La Habana continúan siendo los elegidos⎯ pero sí en otras conductas que unas tres décadas atrás eran rechazadas con mayor fuerza que en la actualidad. Es decir, viajes y envíos de remesas sin limitaciones y asistencia a conciertos de artistas procedentes de la isla.
Así que las consecuencias serían amplias para los cubanos que viven por todo el mundo, pero con una profundidad diferente. Por ejemplo, para el cubano que reside en Europa sería la posibilidad de permanecer fuera de Cuba por más tiempo o indefinidamente, sin el engorro y el gasto de la renovación de un permiso. Pero para quienes están en Miami, una reforma migratorio anunciada en los términos que habla Alarcón constituiría el primer paso hacia la formación del marco legal necesario para una participación económica decisiva en Cuba. No estamos hablando ya de remesas o de viajes frecuentes. Una revisión de esta índole, tanto estabiliza como hace legal el regreso a la isla de ancianos retirados en Estados Unidos ⎯algo que ya existe pero de forma limitada⎯, al tiempo que abre el camino a una inmigración temporal estilo México y a reformas de otro tipo, entre ellas la posible inversión de capital de cubanoamericanos en la isla.
Lo fundamental aquí, por parte del gobierno cubano, es asumir una posición que considera démodé al exilio histórico y combativo⎯como terminó ocurriendo con el exilio ruso en París⎯, al valorar que esta combatividad se limita a una vocinglería ocasional. Al respecto, la única espina que le quedaría a La Habana son los legisladores cubanoamericanos.
Afirma Alarcón: “Ahora, la comunidad cubana en el exterior constituye el segundo grupo de personas en orden de importancia que viaja a Cuba anualmente. Cerca de medio millón de cubanos instalados fuera de nuestras fronteras nos visitan cada año. La inmensa mayoría de la emigración cubana tiene una relación normal con su patria de origen”.
Es decir, el inmigrante como fuente de ingresos para el país de origen.
El exilio de Miami ya no se dividiría entre quienes rechazan y quienes aceptan al régimen cubano. Ese otro sector del exilio, que no combate pero tampoco comparte, empezaría a contar como un poder económico importante.
De la entrevista de Alarcón se desprende que La Habana comienza a apostar por un triunfo electoral de Obama y lanza de nuevo la pelota a Washington: ¿Qué van a decir ahora los que apoyan la llamada Ley de Ajuste Cubano?
Esta es mi columna semanal, que saldrá publicada el lunes en El Nuevo Herald. Aunque no suelo hacer este tipo de aclaración, en este caso me parece necesario. Entrego mis columnas el viernes por la tarde, aunque aparecen publicadas el lunes. Este es un procedimiento normal en cualquier periódico. Con ello quiero simplemente aclarar que este artículo fue escrito antes de que apareciera la última "Reflexión" de Fidel Castro, en que éste se refiere a la Cumbre de las Américas y a Obama.

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