martes, 8 de mayo de 2012

¿Radio Martí? ¿Radio Mambí?


No es un blog. No es un sitio en internet. No es una emisora de radio cualquiera. Tampoco un canal de televisión privado. Es Radio y TV Martí. Ambas fueron creadas para difundir información veraz y objetiva sobre lo que ocurre en Cuba. Deben su origen a una prensa distorsionada, mentirosa y parcializada que existe en la isla. No lo han hecho mejor. Nunca.
Desde su origen, primero la radio y luego la televisión martiana, estas emisoras del gobierno de Estados Unidos  se han visto envueltas en una madeja extremadamente compleja, que debe su enredo a por los menos tres aspectos.
Es una emisora de un gobierno extranjero cuyo objetivo fundamental es enviar información sobre y hacia un país con el cual no tiene relaciones cordiales, pero tampoco una situación de beligerancia. No es solo que entre Washington y La Habana no medie una declaración de guerra. En resumidas cuentas, desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no le declara la guerra a nadie, simplemente se dedica a hacer guerras, como cualquier otro producto de exportación.  Lo importante aquí es que la hostilidad entre ambas naciones se ha limitado a declaraciones de ocasión. Los espías mutuos no cuentan, porque espías tiene todo el mundo en todas partes.
Así que estamos ante una emisora extranjera que es, más que otra cosa, un rezago de la guerra fría. La justificación de existencia, por supuesto, es que el actual gobierno cubano es otro rezago de esa misma guerra fría.
Sin embargo, la emisora cuesta y la pagan todos los contribuyentes norteamericanos, incluso aquellos que a estas alturas no saben lo que es o fue la guerra fría. Hay una trampa: Radio y TV Martí supuestamente cumplen una función de política exterior, pero son financiadas gracias a la política nacional. La Florida es uno de esos estados cambiantes y decisivos en cualquier votación presidencial, al tiempo que el poder político de los legisladores cubanoamericanos y el  exilio cubano es muy elevado. Así que ni siquiera el presidente del país más poderoso del planeta se atreve a cerrarla. Y este es el segundo aspecto.
El tercero es que la emisora nació gracias al papel que por años desempeñó la más poderosa organización que logró crear el exilio de Miami y por mucho tiempo fue su coto privado, y en parte lo sigue siendo. En una época la Fundación Nacional Cubano Americana decidía hasta el menor empleado que entraba a las emisoras, ahora se limita a nombrar quien las dirige. Al mismo tiempo, y a veces de acuerdo y otras en contra, también la institución es utilizada por los legisladores cubanoamericanos en Washington para distribuir premios y castigos. Ya entonces estamos de llene en el tercer aspecto.
Por si todo esto fuera poco -y en buena medida también gracias a ello­- los exiliados cubanos nunca han entendido muy bien cuál es el papel y tampoco el objetivo de Radio y TV Martí. Para ellos se ha tratado siempre de un instrumento para derrocar a Castro, nunca de un órgano informativo. En los meses anteriores al surgimiento de Radio Martí, aquí en Miami hubo casi un fervor de que la emisora iba a poner fin al régimen imperante en Cuba. No ocurrió, pero sí sucedió algo muy importante, que desde entonces ha definido en buena medida las relaciones entre Washington y la comunidad exiliada.
Es posible que la figura más importante surgida en este exilio sea Mas Canosa. No por sus logros políticos en relación a Cuba -casi nulos- sino en relación a Washington. Hasta Mas Canosa los exiliados cubanos habían tenido que situarse -de forma más o menos voluntaria- del lado del gobierno estadounidense para lograr los medios necesarios en sus planes de lucha contra el gobierno de La Habana. Y de igual forma, Washington tanto daba como quitaba, de acuerdo a sus intereses.
Hasta cierto punto Mas Canosa cambió esa ecuación. Y Radio Martí fue ese punto de transición. De pronto los exiliados cubanos contaron con una emisora, pagada con dinero de los contribuyentes estadounidenses, para hacer llegar su discurso. O al menos así lo creyeron algunos.
Pronto se vio que esa idea original del exilio cubano no era fácil de llevar a la práctica, porque en resumidas cuentas Radio Martí, pese a nombre e intenciones, era una emisora norteamericana.
Entonces comenzó un tira y encoge -llamarlo confrontación o disputa es cierto a veces, pero otras exagerado- que dura hasta hoy. Y en el medio surgió una emisora con capital cubano, que hizo del anticastrismo vocinglero un negocio legal: Radio Mambí. El conocido lema de “Esta sí es cubana” tiene su origen en ese momento: Radio Martí no era realmente cubana, Radio Mambí sí.
Con el tiempo las cosas fueron variando algo. La radio del exilio cubano se vio obligada a transformarse y el anticastrismo vocinglero dejó de ser el gran negocio, aunque aún rinde dividendos. También Radio Mambí pasó, de ser un negocio cubano, a formar parte de una cadena mexicana. Pero pese a algunos pequeños cambios -el principal es que la política ha tenido que ceder el paso a determinadas horas y en ciertos meses a la pelota-, sigue siendo fiel a la política de intransigencia, nostalgia e ignorancia con que fue creada.
Mientras tanto, desde el exilio no se ha hecho otra cosa que tratar de convertir a Radio Martí en otra Radio Mambí, y en buena medida lo han logrado. Desde un esfuerzo geográfico, que implicó el traslado de la capital del país a la capital del exilio, se ha hecho todo lo posible por destruir cualquier vestigio de objetividad, información balanceada y análisis que pudiera brindar la emisora del gobierno norteamericano.
Por supuesto que esto se ha logrado en buena medida de que ambas emisoras son un fracaso, desde el punto de vista informativo. Esta incapacidad, que es también el resultado de todas las políticas, tácticas y estrategias erróneas que desde el principio se han aplicado, tiene  al igual su fundamento en el hecho de que a través de repetidas administraciones, tanto republicanas como demócratas, el interés fundamental no ha sido transformar la situación cubana, sino mantenerla como está. Y desde el punto de vista del fracaso, Radio y TV Martí son un verdadero éxito: la emisora de radio, tras una primera etapa de existencia , ha ido perdiendo oyentes y al mismo tiempo ha sido incapaz de contabilizar o explicar estas pérdidas, mintiendo descaradamente sobre supuestos aumentos de radio escuchas, en los que nadie cree pero que tampoco se rebaten con fundamento; la estación de televisión nunca se ha visto en Cuba, y año tras años se desperdician millones en esfuerzos que van desde aviones hasta la contratación de espacios en emisoras de televisión de Miami; el sitio en internet por años fue un punto perdido en la red y en la actualidad no ha logrado situarse en una posición destacada entre otros que también tratan sobre Cuba, al punto que blogs y sitios con pocos o ningún recurso económico los superan, demostrando que nadie gana a un gobierno a la hora de botar dinero a manos llenas.
En fin, que por tres décadas al hablar de noticias y Radio y TV Martí solo tienen cabida las malas noticias, esas que se refieren a lo mal que lo hacen o lo mal que están las emisoras. No porque no cuenten con buenos periodistas, técnicos e informadores, sino porque siempre la administración ha sido nefasta. Es difícil encontrar un lugar con igual capacidad para colocar ineptos en cargos de dirección. Esta práctica se mantiene hasta hoy.
Por ello no debe extrañar que las emisoras sean de nuevo muestra de lo que no se debe hacer. Ahora un editorial firmado por el director de la Oficina de Transmisiones hacia Cuba (OCB) califica de “lacaya” la actitud del cardenal  Jaime Ortega hacia el gobierno cubano.  Hay dos cuestiones fundamentales aquí. Una que no ha sido norma que editoriales aparezcan en estas emisoras. “Los únicos editoriales de las emisoras del gobierno de EEUU son los de la Voz de América (VOA), una práctica que comenzó en la Segunda Guerra Mundial y se consolidó durante la guerra fría”, como explica el periodista Rui Ferreira en un artículo publicado en Cubaencuentro. El otro es que, aunque la publicación del editorial sea legal, el lenguaje del mismo tiene un tono de barricada que es más apropiado en Radio Mambí que en Radio Martí. ¿O son una las dos?
Hay otro hecho que llama la atención aquí, y es la torpeza demostrada  por Carlos García, el director de la OCB, que controla las transmisiones de Radio y TV Martí , al tratar el asunto.
El editorial en cuestión, que al parecer fue hecho por García -un abogado que hasta ahora se desconocía si en algún momento había escrito una coma-  apareció en la página web Martinoticias, fue transmitido por radio y luego retirado. A preguntas del diario El Nuevo Herald, sobre la retirada del editorial, el director de la OCB respondió:
No estamos escondiendo nada”, afirmó. “No es una cosa que queremos estar machacando todo el tiempo; lo pusimos dos días y lo sacamos”, señaló.
Esto es poco serio. A ningún director de una publicación se le ocurre tamaña respuesta. Los editoriales se hacen, se publican y se archivan. No los desaparecen. Desaparecer textos es lo que hacían en las dictaduras comunistas, ¿no? Es lo que aún hacen en Cuba, ¿no?
Aunque en eso de respuestas torpes, ni la OCB ni la Junta de Gobernadores de Transmisiones (BBG) parecen tener límites.
De acuerdo a  Lynne Well, portavoz de la BBG, “el editorial se inscribe en el marco de un exploratorio formato piloto de la emisora que incluye escritos de opinión, debidamente identificados”. Al menos eso es lo que le dijo Well a El Nuevo Herald, al día siguiente de que ese diario informara sobre el editorial aparecido y desaparecido.
Vamos a detenernos un momento en un hecho. No estamos hablando de ejecutivos de una cadena de noticias, directivos de una agencia de prensa, directores de periódicos y canales de televisión local, dueños de periodiquitos de esquina. Se trata de funcionarios importantes del gobierno de Estados Unidos de América. El cargo de director de Radio y TV Martí, no necesita confirmación senatorial, pero el Senado sí tuvo que aprobar el nombramiento del director de la Oficina de Transmisiones Internacionales, que supervisa tanto las operaciones de Voz de América como de Radio y TV Martí, labor que desempeña en la actualidad de Richard  'Dick' Lobo.
 Ambos cubanoamericanos visitaron en abril la redacción de El Nuevo Herald para promover una nueva fase de desarrollo de las emisoras.
De acuerdo con el diario de Miami, “Well indicó que el editorial representa la opinión de García y aclaró que no tiene que ilustrar necesariamente la de ninguna otra instancia gubernamental”.
Hasta hace poco -quizá aún siga vigente- quienes trabajaban en ambas emisoras del gobierno de Estados Unidos, contaban con un buen número de restricciones a la hora de emitir públicamente sus criterios personales. Esto sin contar con otras muchas que también existen para los funcionarios del Departamento de Estados, al que pertenecen Radio y TV Martí. Parece que ya no, al menos para el director de la OCB.
¿Es este desparpajo parte de esa “nueva fase de desarrollo”?

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