domingo, 20 de mayo de 2012

Usted también, don Mario



Dice Mario Vargas Llosa que “también los Premios Nobel de Economía, cuando se convierten en iconos mediáticos, dicen a veces tonterías”. Se le olvidó agregar que a los que obtienen igual galardón en Literatura les ocurre lo mismo.
A Vargas Llosa le ocurre, cada vez con mayor frecuencia, el parecerse al personaje don Guido, del poema de Antonio Machado. Ya solo falta verlo salir el Jueves Santo llevando un cirio en la mano.
Por lo pronto publica una columna en el diario español El País donde alaba a la canciller alemana, Ángela Merkel y su férrea política de austeridad. De paso la emprende contra el nuevo presidente francés, François Hollande, y el economista estadounidense Paul Krugman.
Contra Krugman, lanza la siguiente andanada: "Dicho sea entre paréntesis, los asustados por las profecías apocalípticas del profesor de Princeton harían mejor en creerle al presidente de Telefónica, César Alierta, quien acaba de afirmar de manera categórica que ´España es un país solvente, tanto en el sector público como en el privado´. Tengo la seguridad absoluta de que el señor Alierta está mejor informado que el doctor Krugman sobre la salud económica de este país".
Aunque el paréntesis podría indicar una leve disculpa, el novelista lanza un golpe engañoso y pérfido: eso de preferir la opinión de un alto ejecutivo sobre la de un destacado intelectual evidencia al menos traición de clase, o de gremio.
Es posible que Krugman exagerara al anunciar un “próximo” corralito para la economía española. Sin embargo, a partir de lo que está ocurriendo en Grecia no deja de ser una hipótesis. Pero lo fundamental es que, si llega a ocurrir o si los españoles comienzan a retirar los fondos de sus cuentas en grandes cantidades, la culpa no hay que echársela solo al economista norteamericano, sino a los mercados europeos y al actual Gobierno español. Un gabinete y un mandatario que en sus pocos meses de gestión han  demostrado un desacierto absoluto. Claro que ideológicamente la presidencia de Rajoy es mucho más cercana a Vargas Llosa de lo que fuera el gobierno socialista, así que una columna nunca está demás para tratar de evitar el desmoronamiento.
Lo demás es, sin decirlo explícitamente, una defensa de la censura. Hablar de "ficciones malignas", además del toque santurrón del título, es de cierta forma hacer un llamado a exterminar ese mal.
Ahora bien, si Vargas Llosa recurre al presidente de Telefónica para refutar a un intelectual, nada más lógico que recurrir a otro presidente para rebatir a otro articulista.
En cualquier caso, este presidente es mejor que el de Vargas Llosa, o al menos tiene mucho, mucho más poder para cambiar las cosas.
Da la casualidad que se celebró una reunión en Estados Unidos que cambia en buena medida lo que afirma Vargas Llosa en su artículo.
Los líderes de las principales economías del mundo se pusieron de acuerdo ayer sobre la idea de que la austeridad, por sí sola, no puede resolver la grave crisis de Europa y en que ha llegado la hora de impulsar el crecimiento. Finalmente, la canciller alemana, Ángela Merkel, suavizó su posición y aceptó la estrategia del estímulo económico como conclusión de la cumbre del G-8, informa el mismo diario El País en su edición dominical, esa que también trae el artículo de Vargas Llosa.
“Es imperativo favorecer el crecimiento y la creación de empleo”, subraya la declaración final. “Nos comprometemos a tomar todas las medidas necesarias para fortalecer nuestras economías y combatir las tensiones financieras, reconociendo que las medidas adecuadas no son las mismas para cada uno de nosotros”, añade el documento, según El País.
Así que los consejos del novelista parecen que no llegaron a tiempo a Camp David.
Dice Vargas Llosa:
“La estupidez es contagiosa, sobre todo en el dominio político, y lo extraordinario es que mucha gente perfectamente consciente del estado real de la economía europea, cree que la receta simplista y fantasiosa de Hollande, que le ha servido para ganar las elecciones, será también la columna vertebral de su política ahora que ha llegado al poder”.
Por su parte, la información de El País señala que el presidente norteamericano venía buscando una estrategia de crecimiento desde hace tiempo, la misma que ha aplicado en EEUU con relativo éxito. Pero nunca había podido trasladarla a Europa porque no encontraba en ese continente el ambiente propicio. Eso parece haber cambiado. La llegada de Hollande, unida a la comprobación de que las medidas de ajuste están condenando a los países europeos a la recesión y, como consecuencia, a la agudización de su problema de deuda, parecen haber movido el péndulo en la otra dirección.
Así que la “receta simplista y fantasiosa de Hollande” no era más que un slogan de campaña.
Si es cierto que la estupidez es contagiosa, se sabe donde el novelista adquirió el virus. Algunas compañías son malas consejeras. ¿O es a la inversa?

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