martes, 12 de junio de 2012

El horror, el horror


Cuando el 22 de junio de 1941 el ejército alemán cruzó la frontera de la Unión Soviética (URSS), dio inicio a otro capítulo de la trágica e heroica  historia de la Segunda Guerra Mundial y el exterminio judío. Los crímenes se multiplicaron hasta alcanzar cifras asombrosas, y también los actos de opresión cotidiana y las penurias. Luego, tras la retirada alemana de la URSS y con el avance del Ejército Rojo hacia Berlín, los escritores y periodistas Vasili Grossman e Ilyá Ehrenburg iniciaron la labor de documentar lo vivido por los supervivientes de aquel desatino. El resultado fue un libro que apenas hoy, sólo después de que transcurrieran tantos años, podemos leer en español.
A partir de 1943, cientos de testimonios llegaron a las manos de Grossman y Ehrenburg, procedentes de los más diversos rincones en los territorios que hasta hace poco habían ocupado los nazis. En otros casos, fueron recogidos en entrevistas a las víctimas realizadas por los colaboradores de la obra. Incluso se creó una comisión, formada por decenas de escritores y periodistas encargados de seleccionar y editar lo que contaban quienes habían presenciado crímenes de una magnitud y crueldad única. Toda aquella magna enciclopedia del horror comenzó a  engrosar un libro que perseguía un objetivo muy específico: conocer los horrores y castigar a los culpables.
Los autores aspiraban a poner El libro negro en las manos del fiscal soviético que participaría en el juicio de Núremberg.
Ello no ocurrió. Tras una primera autorización, Stalin mandó a destruir la obra. Incluso varios miembros del comité judío soviético fueron fusilados. El libro no llegó a las impresoras y tampoco a Núremberg. Hasta hubo un intento de destruir todas las galeradas, que afortunadamente no se materializó porque copias dispersas escaparon a los censores.
El libro negro fue otra de las víctimas del antisemitismo imperante en los últimos años del gobierno totalitario de Stalin, pero sus vicisitudes no terminaron con el estalinismo. Pese a que se había logrado salvar un conjunto de galeradas, hasta hace pocos años se conocía fundamentalmente en su versión francesa. La edición íntegra en inglés solo apareció en 2003.
Con el tiempo creció la leyenda alrededor de esta obra, salvada según unos por puro milagro y de acuerdo a otros por el empeño de quienes habían laborado en ella. De esta forma, fueron apareciendo fragmentos y ediciones parciales. Hubo una edición en Rumanía y otra en Jerusalén en 1980. En ruso no se publicó hasta 1993. Sin embargo, en el Occidente el lector promedio tenía que recurrir a la versión francesa y desde hace unos pocos años a la aparecida en inglés. Ahora, décadas después de su creación, llega en versión completa a los lectores en español.
Esta publicación en español de El libro negro tiene una especial significación. No solo porque se trata de una compilación de primer orden sobre los asesinatos de las tropas nazis contra los judíos, cometidos en Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Letonia y Estonia, sino porque describe toda esa historia de diversas censuras, omisiones y ediciones parciales. Al mismo tiempo, si bien los autores del libro,  Grossman y Ehrenburg, son dos figuras claves para entender la situación de los escritores durante el estalinismo, es Grossman quien actualmente disfruta de la merecida condición de ser uno de los autores más importantes de la literatura soviética y del pasado siglo en general.
Grossman y Ehrenburg, eran la ´´pareja dispareja´´, basta comparar sus biografías. Da la impresión que fue Grossman el verdadero corresponsal de guerra, el periodista que estuvo en Stalingrado y luego acompaño al Ejército Rojo, mientras Ehrenburg, en los años posteriores a su labor de reportero en la guerra civil española, se convierte más en hombre de comités, misiones y en un mensajero especial. 
Con la censura contra El libro negro extendida más allá de la época de Stalin y su antisemitismo, Grossman no pudo hacer nada, incluso sus obras más importantes, Vida y destino y Todo fluye,  fueron censuradas bajo el mando de Jruschov. Pero Ehrenburg se encontraba en una situación diferente, viajaba libremente al extranjero y era una figura soviética de fama internacional. Pese a lo que algunos consideran cobardía y otros colaboracionismo, su compromiso con la publicación de El libro negro fue firme y se prolongó, al menos, hasta poco antes de su muerte, ha afirmado Jorge Ferrer, traductor de la obra.
El Holocausto no fue sólo un crimen político. Fue también un despropósito moral de una magnitud tal que rechaza cualquier comparación. Muchos genocidios se han producido a lo largo de la historia, pero el Holocausto tiene un carácter único, que lo distingue por encima de todos los otros crímenes.
El horror no fue solo el Holocausto y las culpas del exterminio judío no recaen solo en Hitler. El historiador Timothy Snyder sostiene que 14 millones de personas no combatientes fueron asesinadas entre 1933 y 1945 por las políticas criminales de Hitler y Stalin en el este de Europa. En tan sólo 12 años, entre 1933 y 1945, Hitler y Stalin asesinaron a toda máquina en una estrecha franja de tierra poco conocida entonces y que hoy evoca sobre todo bosques convertidos en cementerios ocultos, dolor y muerte. Estas muertes no fueron bajas militares durante la II Guerra Mundial, sino bajas civiles, la mayoría mujeres, niños y ancianos. Víctimas de la ambición y el desatino.
Fotografía: Vasili Grossman con el Ejército Rojo en Schwerin, Alemania, en 1945.

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