martes, 24 de julio de 2012

La emoción y el análisis


“El valor de un análisis es inversamente proporcional a la carga emocional que contenga”, afirma Eugenio Yañez en un artículo que aparece en la edición de hoy martes en Cubaencuentro.
La pregunta precisa a formularse, al tratar de comprender lo ocurrido en la muerte de Oswaldo Payá, es: ¿qué beneficios le brindaría al régimen cubano el asesinato de un opositor que se encontraba bastante relegado dentro del panorama político cubano?
La otra cuestión que había que plantearse: ¿Tiene sentido que el Gobierno cubano asumiera los riesgos de asesinar a Payá durante un recorrido con dos extranjeros, con cargos políticos en sus respectivos países? Suponiendo que, por lo general, estos visitantes no pasan más de una semana en la isla, y que además habían entrado con visa turística, ¿qué fundamento tendría convertirlos en víctimas y/o testigos de una operación de asesinato?
Son preguntas simples, que no se necesita ser un especialista para formularlas.
Tan evidente era que la hipótesis del asesinato político por el régimen no funcionaba, que tenía cierto sentido plantearse como interrogante, aunque no como hipótesis, la argumentación aparentemente más absurda: la posibilidad de un atentado no por parte del gobierno de Raúl Castro, sino en contra de éste, ya sea con el propósito de minar la vía a la oposición pacífica, y a una ampliación del diálogo Iglesia-Gobierno, o mediante la acción de una facción dentro del mismo Gobierno. Más cerca de las teorías conspirativas extremas, discutir esta variante poco probable resultaba mucho más atractiva que las formulaciones desde Miami realizadas por los exiliados. Confieso que me sorprendió un poco que un académico muy agudo y experto en temas políticos de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, como es Joaquín Roy, se acercara bastante a este análisis.
Sin embargo, más allá del brainstorm quedaba poco campo para una formulación seria de una teoría de asesinato político.
Comprensible el dolor de familiares y colaboradores cercanos. Fácil de comprender más de una declaración apresurada de estos. Pero lo que se comprende dentro de un entorno familiar no puede extenderse a supuestos analistas y líderes políticos.
Lo ocurrido durante casi dos días en Miami ha sido un desborde de juicios apresurados, informaciones sin fundamento real y un trágico carnaval en donde algunos han querido aprovecharse del fallecimiento de una líder opositor de prestigio internacional, pero que fue calumniado en muchas ocasiones en esta ciudad.
La consecuencia de todo ello es, una vez más, una pérdida de credibilidad y un chapoteo en la ignorancia.
En medio de todo este derroche de sin sentido y oportunismo político, en Cuba y en Miami, hay que reconocer la labor de la Comisión de Derechos Humanos, una entidad ilegal aunque tolerada por el gobierno cubano, que preside el disidente Elizardo Sánchez Santacruz. Sólo que, es bueno recordarlo, Elizardo es tan vilipendiado a diario en Miami como en su momento lo fue Payá.

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