viernes, 6 de julio de 2012

Orbis Mundi


La noticia, aún hoy, viernes 6 de julio, se puede leer en la portada de la página de Cuba de la edición digital de El Nuevo Herald: “Especulan sobre visita secreta de Raúl Castro”.
Hay dos informaciones sobre el mismo tema. La primera llevó el título: “¿Hizo Raúl Castro una parada secreta en su viaje hacia China?”.
La diferencia entre ambas informaciones no es en el contenido sino en el título. El segundo título trata de salvar lo que encubrió la primera información, que se atribuía la originalidad de la especulación sobre esa parada supuesta de Raúl Castro y se limitaba a citar el blog de Martha Beatriz Roque.
En realidad, el periodista de El Nuevo Herald se había limitado a copiar, en gran parte, un artículo de Pablo Alfonso aparecido en el sitio en Internet de Radio Martí el 3 de julio. Alfonso no solo especulaba sobre el misterio, sino que hacía referencia a los supuestos viajes privaos de Raúl Castro a Italia.
Sin embargo, más importante que el origen de la “información” es señalar el disparate que encierra.
Dice El Nuevo Herald:
“La peculiar longitud del viaje del gobernante cubano Raúl Castro a China —al menos dos días, en comparación con los vuelos comerciales que toman alrededor de un día— ha desencadenado especulaciones sobre una escala secreta en el camino.
Funcionarios chinos y cubanos firmaron ocho acuerdos el jueves tras un encuentro entre Castro y el presidente chino Hu Jintao, incluyendo dos memos pidiendo préstamos libres de interés de Beijing a La Habana.
Pero ninguna de las partes comentó por qué tomó tanto tiempo al visitante cubano llegar a China, ni hizo mención alguna de una parada en su travesía de La Habana a Beijing”.
Es posible que estos párrafos sirvan para especular en la radio de Miami o en alguna barbería de la ciudad. Sé que la referencia a las barberías no es propia, pero no por ello deja de resultar adecuada.
Para comenzar por lo más tonto. Nunca funcionarios, ministros o presidentes hacen referencia a las escalas de viaje, salvo la intención de que las mismas sean públicas o guarden relación con el objetivo principal de viaje.
Es muy posible que Raúl Castro hiciera una escala en su viaje. Es también posible que esta se realizara en Moscú, de acuerdo a la ruta seguida.
Una especulación válida es si el gobernante cubano, y su seguridad, prefirió la ruta del Atlántico o del Ártico. 
Por ejemplo, los vuelos desde Estados Unidos siguen una ruta a través de la zona ártica, ya que es la más adecuada de acuerdo a la geografía.
Pero Raúl Castro pudo haber preferido la ruta atlántica, mas lejana pero al mismo tiempo con un mayor control por parte de Cuba del espacio aéreo.
En este caso sus paradas posibles podrían ser Madrid o más probable Moscú. Por otra parte, el avión en que viaja Raúl Castro cuenta con la capacidad suficiente para ser un vuelo directo. En cualquier circunstancia, algo que se cumple en los vuelos comerciales de Estados Unidos al país asiático, este viaje se realiza con una doble tripulación. Se da por descontado que este requisito fue puesto en práctica por Cuba. Otra cuestión es el desconocimiento de la hora de salida de la isla.
Sin embargo, aquí no radica el centro del disparate de la información de El Nuevo Herald.
Señala la información de El Nuevo Herald:
“Los medios de prensa de China reportaron que [Raúl Castro] aterrizó en Beijing el miércoles, indicando que había pasado al menos dos días en camino. Los vuelos comerciales estadounidenses de Miami a Beijing, con una escala, usualmente toman un poco más de 24 horas”.
Gran misterio. ¿Dónde estuvo Raúl? ¿Por qué si por lo regular el vuelo toma un día, él necesitó dos? ¿Voló en un avión anticuado, que apenas llega a Hialeah sin tener que descender? ¿Será el problema que le racionaron la gasolina?
La respuesta es mucho más simple. Quizá estos periodistas de Miami no lo sepan por ignorancia, por no haber hecho nunca el viaje o por mala fe. Pero Rui, mi compañero en esa ruta, tiene una respuesta más simple y certera: porque no han leído a Julio Verne:
“Cuando se leen cosas como esta lo primero que viene a la mente es muy simple: no han ido a China. Pero cuando se piensa mejor, el resultado es escalofriante: ¿habrán escuchado hablar de Julio Verne?, ¿han leído La vuelta al mundo en 80 días?
Cualquiera que haya ido a China, como Armengol y yo, sabe que en el viaje de ida se pierde un día y en el de regreso se gana otro. Fue por eso que Phileas Fogg ganó la apuesta en La vuelta al mundo en 80 días. Una de las grandes contribuciones de Julio Verne al conocimiento de la geografía mundial fue esa: enseñarnos a todos que existe una línea de demarcación del tiempo a mitad del camino de aquí a China”.
Así que ya lo saben ex colegas: Et pour lire, à lire Jules Verne.  

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