martes, 24 de julio de 2012

Sin límites



Empecinarse, exagerar e insistir son rasgos típicos del exiliado, según Edward W. Said. Mediante ellos, el expatriado trata de obligar al mundo a que acepte una visión que le es propia, "que uno hace más inaceptable porque, de hecho, no está dispuesto a que se acepte". 
Esa negativa a adoptar otra identidad, a mantener la mirada limitada y conservar las experiencias solitarias marca a quienes han sufrido cualquier tipo de exilio, con independencia de raza y nación. 
En el caso cubano, este largo proceso, donde con los años se han mezclado las categorías de exiliado, refugiado, expatriado y emigrado, entre los miembros de un mismo pueblo, adopta rasgos disímiles que no dejan de ser confluentes. Así se mezclan lo que constituye un sentimiento trágico (el “dolor del exilio”, las separaciones, muertes y  desgarramientos) con otro cómico y farandulero, al extremo de caer en lo bufo.
En las últimas semanas, el exilio de Miami se ha empecinado en “batallas” de las que ha salido maltrecho.
Primero fue la del cólera. Cuando se conoció de un brote de la enfermedad en la isla, lo primero que se destacó fueron las deficiencias actuales del sistema de salud cubano, el mal estado de las cañerías abañales y de agua potable, así como pozos artesanales. Después se habló de los peligros que para Miami y el estado de Florida significaban los viajes a la isla. Por último, los más descerebrados saludaron la epidemia como “el fin del castrismo”.
En poco tiempo se comprobó que, pese a un deterioro de los servicios de salud en la isla, el régimen contaba con los recursos necesarios para contener con prontitud el brote epidémico.
Entonces la noticia del cólera desapareció de los titulares.
Aunque de contenido diferente, la noticia del fallecimiento de Oswaldo Payá ha recorrido una vía bastante similar.
El escritor Carlos Alberto Montaner indicó que, de comprobarse que la muerte de Payá se trató de un atentado, tendrá severas consecuencias contra el gobierno de Raúl Castro, de acuerdo a una información aparecida en El Nuevo Herald.
“Si las sospechas llegan a confirmarse, las cosas se le complicarán seriamente al gobierno de Cuba”, afirmó Montaner. “La muerte de Payá se convertirá en un poderoso argumento para quienes dicen que lo único que puede funcionar es la mano firme frente a un gobierno inescrupuloso”.
Otros exiliados han ido más lejos, y reclaman que lo que califican de “asesinato” ⎯sin que hasta el momento existan pruebas para tal afirmación⎯ servirá como detonante para el estallido de una guerra civil en Cuba.
Se trata de una especie de “síndrome infantil del juguete ajeno”. No importa si al niño le han regalado un traje de vaquero con dos pistolas, él quiere también el tiraflechas del vecino.
Así que los cubanos de Miami, según lo han expresado en la radio hispana de esta ciudad, quieren que en Cuba estalle un conflicto civil similar al de Siria. Claro que os muertos los ponen los que viven en la isla.
No hay remedio. Aquí se pasa de la tragedia al aquelarre en cuestión de segundo.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...