jueves, 29 de noviembre de 2012

Amenazas y ofensas



El lunes escribí en El Nuevo Herald un artículo, reproducido en este blog, en que señalaba que el proceso político iniciado hace casi 54 años en la isla, lo que en una época se llamó la ''revolución cubana'', se ''batistianiza''. Complacencia con el poder y frustración cotidiana.
Agregaba que las formas de represión ejercidas por el régimen cubano han sido mucho más organizadas y disciplinadas, sin tener que recurrir, hasta el momento y en la mayoría de los casos, a la violencia indiscriminada.
Sin embargo, cada vez con mayor fuerza está emergiendo en Cuba una violencia, por parte de las fuerzas represivas, que pone en evidencia no solo la naturaleza irracional, y ya por momentos incontrolada, de la agresión como única respuesta de una sociedad opresiva, sino del ataque como comportamiento de escape emocional frente a las múltiples limitaciones que el propio régimen origina  
Ejemplo de ello es lo que escribe Elizardo Sánchez Santa Cruz y ha dado a conocer hoy jueves:
Este martes 27 de noviembre fui objeto de violentas amenazas y ofensas vejaminosas por parte de dos oficiales de la policía política secreta, en plena vía pública.  Ese mismo día, en horas tempranas de la noche, fue agredido con un madero el Lic. Guillermo Fariñas por "un  individuo vestido de civil", acompañado por otro, quienes se dieron a la fuga.  Después de esa agresión Fariñas, quien recibió el Premio Andrei Sajarov de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, presentaba inflamación e escoriaciones en su antebrazo derecho.
Adjunto copia literal de un telegrama-denuncia que hube de remitir ayer miércoles al Sr. Ministro del Interior de Cuba.
A continuación, el texto del telegrama:
General de Cuerpo de Ejército  Abelardo Colomé,
Ministro del Interior
La Habana.
Dos oficiales Ministerio del Interior adscritos a Dirección Contrainteligencia  y vestidos de paisano me esperaron e interceptaron cerca de mi domicilio, alrededor cuatro de la tarde de ayer  martes y, a pesar de mi protesta  por esa acción irregular,  me siguieron por unos cien metros profiriendo,  en forma agresiva  y vejaminosa,  diversas amenazas contra mi integridad.
Las detenciones arbitrarias, agresiones físicas, amenazas y vejámenes contra pacíficos ciudadanos resultan contraproducentes como alternativa al necesario dialogo nacional sin exclusiones que contribuya a revertir la grave y creciente crisis general que afecta a la inmensa mayoría de los cubanos.
Elizardo Sánchez Santa Cruz Pacheco.*
La Habana, 28 de noviembre de 2012.
*Defensor de Derechos Humanos  y  exprisionero de conciencia.
Presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Hannah Arendt, Holocausto y víctimas judías

Escribe Hannah Arendt sobre el juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén que el “error básico” del proceso fue que ”los judíos querían arrojar toda su pena al mundo“, aunque “por supuesto”, ella añade, ”habían sufrido más que Eichmann“.
Para los exiliados cubanos la lección es doble. Primero porque muchos evocan el sufrimiento del pueblo judío mediante una comparación ridícula. De una manera ofensiva, tanto para Israel como para Cuba, se consideran sus iguales. Hablan del “Holocausto cubano”, cuando la Crisis de los Balseros de 1994 catalogaron a los campos de refugiados en la Base Naval de Guantánamo como ”campos de concentración“, quieren igualarse al cabildeo hebreo y cada vez que hay algo que los incomoda —un cantante que llega a esta ciudad, un deportista que participa en unos juegos aquí, un conferenciante en una universidad del área— repiten la misma jerigonza de que “a los judíos no le pueden hacer eso”.
Segundo, porque cualquier generalización que se intente para equipararse a una población, que por el simple hecho de pertenecer a una raza fue exterminada por millones, sólo sirve a los demagogos de turno. En Miami esto ha sido —y es— un truco barato.
El análisis de Arendt sobre el Holocausto y la cuestión judía —y aquí sí estamos hablando de un caso real de exterminio masivo— va mucho más allá de la ecuación simple de víctimas y victimarios.
Un buen artículo sobre el tema apareció en The New Yorker de 12 de enero de 2009. Es de Adam Kirsch y se titula Beware of Pity. Para leerlo, pinche aquí.

Para cuando los cubanos tengan su Interview



En el ejemplar de diciembre de la edición en ruso de la revista Interview aparecen Naomi Campbell y Kate Moss.
La posibilidad de que en un futuro surja una edición cubana de Interview no deja de ser tentadora.

Lo que se dice material para la publicación, hay de sobra. Se acaba de conocer que la cantante y modelo Alexandra Joner, de origen cubano, fue seleccionada como “la mujer más sexy de Noruega”, según una encuesta de la revista local Mann.
Joner es nacida y criada en Noruega, pero ello no la ha hecho olvidar su origen cubano y su ascendencia negra.
“Nací y fui criada en Noruega, pero soy mitad negra. En Cuba, es natural jugar con lo sexual, ya que es una parte de la vida cotidiana”, ha dicho Joner.
De hecho, se dio a conocer entre los cubanos de todo el mundo cuando fue mordida por la cónsul de La Habana en Oslo, tras participar en una manifestación contra el régimen.
Así que tenemos una anticastrista en Oslo, que además es sexy. Sin duda una candidata para la futura Interview cubana.

La pistola de Dios



Es uno de aquellos casos en que la realidad casi supera la ficción. Uno de los cómics más populares de Estados Unidos se llama “Preacher”. Cuenta la historia de un predicador alucinado que recorre todo el país en busca de Dios y, a punta de pistola y otras armas, busca la purificación de las almas de los feligreses tentadas por el Diablo, de acuerdo a un artículo de Rui Ferreira aparecido en el diario español El Mundo.
La imagen del predicador con un revolver y disparando se encuentra en muchos westerns, pero en ellos el preacher no se dedicaba a dar clases o a propugnar el uso de las armas de fuegos. Simplemente se valía de su revolver como un “instrumento divino” y casi siempre en última instancia. Por otra parte, este predicador solía ser un pistolero arrepentido o cualquiera con un pasado turbio, un fanático o, con mucha frecuencia, un pillo.
Desde hace tres meses, sin que se sepa a ciencia cierta si los predicadores locales han leído los cómics, lo cierto es que han aparecido iglesias cristianas que, para atraer nuevos feligreses, les están ofreciendo cursos de uso y porte de armas de fuego, agrega la información. Son cursos de 10 horas, impartidos acorde a las reglas de los estados donde se encuentran las iglesias y que, al final, otorgan al nuevo feligrés una documento que le permite ingresar armado al templo y pasearse a sus anchas por todo el pueblo con el arma a la cintura.
El predicador Jeff Copley, de la aldea de Marengo, en Ohio, dice que es difícil de encontrar a alguien dentro de nuestra congregación que no dispare de alguna forma.
La decisión de Copley no es única. Por todo el país, principalmente en zonas rurales de estados como Carolina del Norte, Florida, Montana y Ohio, decenas de otras iglesias, enfrentadas a una cada vez mayor deserción religiosa, han hecho un llamamiento a las armas para atraer al rebaño de vuelta.
En marzo, el reverendo Ryan Bennett, de la Iglesia Bautista Central de Lexington, en Carolina del Norte, llevó a cabo el primer curso de enseñanza de uso y porte de armas. Desde entonces, lo admite abiertamente, no ha parado. "Queremos atraer más gente y vamos a intentar todo lo que esté a nuestro alcance para lograrlo", dice.
Pero las clases no son sólo una forma de atraer feligreses. En regiones como Texas, donde todo el mundo puede cargar un arma libremente, las clases se están instrumentando como un mecanismo que tiene a los activistas pro inmigrantes con los pelos de punta.
En la Iglesia Bautista Heights en San Angelo, una remota ciudad tejana de 93.000 habitantes, cerca de la frontera con México, las clases comenzaron en junio.
"Nos encontramos como a unos 250 kilómetros de la frontera y tenemos muchas dudas sobre la seguridad de nuestras fronteras y lo que está llegando a nuestras ciudades", dijo el pastor James Miller a la revista de la NRA, la poderosa Asociación Nacional del Rifle, que secunda ampliamente todos los esfuerzos de las iglesias de armar a su gente.
Miller dice que se siente mucho más seguro andando armado y justifica las clases impartidas a los feligreses. Para el pastor es claramente una cuestión de aplicar la 'Ley del Talión', el 'ojo por ojo, diente por diente'. Incluso, un tiroteo dentro de la iglesia.
Para leer el artículo complete, pinche aquí.


lunes, 26 de noviembre de 2012

El nuevo “batistato”


Parece increíble, pero es real. El proceso político iniciado hace casi 54 años en la isla, lo que en una época se llamó la ''revolución cubana'', se ''batistianiza''. Igual mezcla de frivolidad y represión. Superstición y acomodamiento. Complacencia con el poder y frustración cotidiana. Sólo falta la violencia descarnada del asesinato cotidiano.
Por décadas el gobierno cubano viene repitiendo que “no hay una sola familia cubana que en los últimos 50 años llore a un familiar desaparecido, no hay una sola que llore a un familiar asesinado extrajudicialmente, no hay una sola denunciando trato inhumano degradante, torturas como las que se aplicaron en otros países de América Latina''.
La afirmación no solo ha sido cuestionada por diversos testimonios, sino que encierra una falacia. Las formas de represión ejercidas por el régimen cubano han sido mucho más organizadas y disciplinadas, sin tener que recurrir, hasta el momento y en la mayoría de los casos, a la violencia indiscriminada. Hay una porción de verdad en la afirmación del gobierno de La Habana, en el sentido de que no hay en Cuba un historial de desapariciones similar al que tienen diversas dictaduras latinoamericanas. Sin embargo, este criterio no lo absuelve de su historia represiva.
Es más, lo que en otros países es pasado, en Cuba es presente. En la isla se practica una represión sin tregua, aunque en la mayoría de los casos las largas condenas han sido sustituidas por breves arrestos preventivos.
La referencia a las desapariciones tiene cierta dualidad, ya que busca tanto la absolución como el destacar la eficiencia de la maquinaria represiva cubana. Esta le ha permitido prescindir de acciones que tanta "mala fama'' acumulan sobre los violadores. Aunque se puede argumentar sobre la existencia de otras formas de "desaparición'' en la isla ⎯fusilamientos, juicios sumarios, condenas excesivas y encarcelamientos sin la celebración de un proceso penal, para citar algunos de los hechos ocurridos desde la llegada de Fidel Castro al poder⎯, hay un elemento importante a destacar: la diferencia entre el recurrir a lo prohibido con la intención de lograr un cambio de gobierno y el establecimiento de un régimen que cambia las leyes y normas con el objetivo de perpetuarse.
En este sentido, La Habana lleva años cambiando las reglas, cuando se señalan las diferencias que hay entre condenar a una persona por un delito de opinión y el expediente de colaborar con el enemigo. Es lógico pensar en actos de espionaje, terrorismo y sabotaje cuando se habla de ‘‘colaborar con el enemigo''. No en el caso cubano. Para el régimen de La Habana, esta colaboración puede ser algo tan simple como publicar una crónica en un periódico de Miami y España.
Al igual que en cualquier sociedad, el gobierno de la isla se encarga de definir lo que es un delito. Sin embargo, lo que disgusta a sus funcionarios es que alguien en cualquier lugar del mundo se cuestione esa definición.
La ira del gobierno cubano, por lo general, se expresa acompañada de la denuncia de que la isla se enfrenta a una "guerra terrible con una potencia nuclear'', cuando en realidad desde hace muchos años en el diferendo entre Cuba y Estados Unidos se puede hablar de la hostilidad de Washington mantenida en ciertas acciones, normas y leyes, pero no de acciones bélicas. Esto no lo reconocen los gobernantes de La Habana en palabras, pero sí en actos. Difícil comprender que una nación está en guerra con otra y al mismo tiempo le compra alimentos a su enemigo, agasaja a los legisladores del bando contrario y celebra subastas de tabacos donde los principales invitados y compradores no vienen de una trinchera sino viajan cómodamente al país anfitrión. Una guerra sin disparos y ataques mortíferos, sin cañones y acorazados.
Una contienda donde los únicos "barcos enemigos'' que entran en aguas cubanas traen mercancías que se cargan en los puertos de la nación agresora. Cuba está en una "guerra'', dicen quienes gobiernan en la isla, y no le queda más remedio que encarcelar a los "agentes'' que luchan en favor del otro lado. Sin embargo, un buen número de disidentes cubanos ha cumplido condenas de cárcel por el único “delito” de divulgar información y buscar cambios pacíficos. 
Recalcar el carácter pacifista de su lucha no tiene otro objetivo que establecer un contraste: ése que existe entre las sentencias drásticas y una actividad que limita su acción al terreno de la palabra.
 Raúl Castro ha utilizado una ecuación básica para mantenerse en el poder sin grandes problemas tras la desaparición de su hermano del control cotidiano de la situación: lograr un difícil equilibrio entre represión y reforma. Sólo que las reformas son cada vez más tenues y con mayor desánimo, mientras la represión se mantiene sin tregua.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Distraer y reprimir


El gobierno de La Habana continua utilizando la represión como otro medio para distraer la atención de los graves problemas económicos que afectan el país.
El instrumento utilizado para poner un límite a las actividades de opositores, activistas, blogueros y periodistas independientes es conocido y antiguo: la intimidación, ya sea mediante advertencias, arrestos preventivos o encausamientos, y el empleo de turbas para llevar a cabo los tristemente célebres actos de repudios. La calle es la línea que define el paso que el gobierno de los hermanos Castro no permite dar a la oposición. La eficacia de sus métodos se fundamenta en la supervivencia en el poder de quienes los ordenan.
Lo que una vez más quiere el gobierno cubano es delimitar el conflicto en los marcos de una confrontación tradicional. Este afán de control le resulta tan necesario como siempre, y en especial en un momento en que las actividades de un grupo de blogueros, relativamente jóvenes en su mayoría y con el apoyo explicito de Estados Unidos, están desarrollando otros medios de manifestar inquietudes, como el descontento generalizado con la situación del país y el intercambio de información con el exterior.
El rechazo gubernamental a este grupo reducido, pero que representa un sector de la población mucho más amplio, se ha mantenido constante, con momentos de mayor intensidad represiva como han sido estas últimas semanas.
Resulta claro que, para el régimen castrista, no hay distinciones ni matices a la hora de atacar a la oposición pacífica. Es más, se siente más cómodo cuando tiene que lidiar con una oposición que podría considerarse más tradicional.
Una de las características de este grupo de blogueros y activistas es su demostración de una independencia no sólo de las opiniones y actitudes de buena parte del exilio cubano, especialmente la comunidad residente en Miami, sino también de una disidencia que podemos llamar tradicional, histórica o vertical.
Es en este sentido que el gobierno cubano se sirve de la represión no solo para encerrar, aunque sea temporalmente, a quienes denuncian injusticias y tratan de hacer valer sus criterios independientes, sino también para tratar de evitar que blogueros, periodistas y activistas independientes dediquen más tiempo a la actividad de información.
La información de los graves problemas como la falta de liquidez y la incapacidad de avance en la producción agrícola, que experimenta la nación, se ven opacados no solo por la represión informativa en general, sino por una jerarquización noticiosa, que prescinde del análisis frente a la denuncia, necesaria pero nunca suficiente a la hora de explicar el panorama cubano.
Sin intentar establecer diferenciaciones absolutas, lo que está intentando el gobierno es convertir una crisis económica, con fundamentos políticos, en una lucha ideológica. Y desde el punto de vista de representación de la noticia está teniendo éxito en el empeño.

jueves, 22 de noviembre de 2012

La Procesión Triunfal


Obsesionado con la muerte, la posteridad y su destino final, el Emperador manda a elaborar una serie de grabados que representarán sus conquistas, sus súbditos y familiares. Los principales eventos de su vida mostrados en un amplio panorama. Trata de asegurarse que nunca será olvidado, que las generaciones futuras podrán conocer y admirar los vistosos carruajes, los complicados instrumentos musicales, las ponderosas armas. ¿Cuántos lograrán ver esa obra? ¿Él solo, varios príncipes, un grupo de cortesanos? ¿O estará ésta a la disposición de todos sus súbditos, incluso de quienes nunca lo conocerán, salvo por referencias en los libros y grabados? De momento eso no importa. Lo fundamental es que la obra exista. El mismo la concibe, y dicta a su secretario como debe ser ejecutada. Lo demás queda en manos de los artistas que con los años, sus riquezas y poder, ha reunido en su corte (Altdorfer, Durero, entre otros). 

No estamos ante un testimonio.La parada que se exhibe en La Procesión Triunfal nunca tuvo lugar. Refleja más bien una de esas obsesiones en que un emperador romano germánico se identifica con la antigua Roma. Más en el caso de Maximiliano I de Habsburgo, empeñado en fabricarse una genealogía absurda, que incluye tanto a Julio Cesar como a Carlomagno, sin olvidar algunos santos.
La Procesión Triunfal es así una obra de arte, pero también un acto de propaganda. Un proyecto para la globalización de algo más que un reinado, un imperio que nunca logra desarrollar un sentimiento nacional, pero que fue capaz de definir una unidad religiosa y política en torno a un monarca.
Maximiliano I de Habsburgo, además, fascinado con la idea de la muerte, con el temor a fallecer. En los últimos cinco años de su vida viaja siempre acompañado de su ataúd. Invierte fuertes sumas de dinero en asegurarse que su legado le sobreviva.
Obra de propaganda, pero sobre la que hay dudas respecto a su objetivo. El conjunto de paneles tenía originalmente una extensión de más de cien metros de largo (382 pies). Se ha hablado sobre la posibilidad de la reproducción de los grabados, para ser colocados en las dependencias del imperio. Otros estudiosos consideran que se trataba de una pieza de performance, en la cual la obra era desenrollada ante los espectadores. Se especula incluso que la idea original es que ese despliegue se hiciese solo para los ojos del Emperador, quien sentado, la contemplaría como un espectador de cine.
Los 54 metros remanentes de La Procesión Triunfal se exhiben en el museo Albertina de Viena. La última vez que parte de la obra había sido exhibida anteriormente fue en 1959. Es la primera vez que se muestra en toda su longitud, como un friso.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La disidencia y Washington


Al igual que el embargo. Como ocurrió con las incursiones armadas y los actos de sabotaje. De la misma forma que viene sucediendo en la arena internacional. La política de Washington hacia la disidencia es un fracaso.
El fiasco se hace manifiesto en momentos en que la oposición pacífica cubana enfrenta un constante hostigamiento por parte del régimen.
Nacida con total independencia de Washington, la disidencia conforma un cuerpo heterogéneo, y hasta cierto punto amorfo en la actualidad. Pero en cuanto a imagen en el exterior, siempre enfrenta igual problema: mientras algunas organizaciones no reciben fondos de Washington, el argumento del dinero sirve para demonizarlas a todas. Al mismo tiempo, el tratar de silenciar las críticas respondiendo que sirven a los fines de La Habana es repetir la vieja táctica de aprovecharse de la conveniencia política para obtener objetivos personales.
La amenaza de una excesiva dependencia política al dinero norteamericano no ha provocado ni un rechazo generalizado ⎯por parte de la oposición en la isla⎯, ni una respuesta emotiva y efectiva en el exilio. No hay el intento de suplantar con fondos cubanos la mayor parte del dinero destinado a los afanes democráticos en Cuba, lo que no niega que organizaciones privadas realicen envíos. 
También la imagen en el exterior de la disidencia en muchos casos la ha mostrado con una mayor preocupación por las libertades políticas que por destacar la urgencia de un programa de justicia social. Una cosa es aspirar a que se adopten los beneficios de un sistema democrático similar al norteamericano ⎯cuyas virtudes y defectos lo sitúan por encima del actual régimen cubano⎯, y otra muy diferente es empeñar la gestión opositora con la sospecha de una dependencia excesiva a la política de un gobierno extranjero.
Si bien el Gobierno de La Habana no ha logrado establecer un programa de desarrollo económico que satisfaga las necesidades de la población, sí ha sido capaz de mantener al pueblo bajo el régimen de una economía de subsistencia. Ni el desarrollo ni la miseria extrema generalizada en tiempo y espacio.
Mientras la disidencia pudo en un momento enfatizar sus demandas sobre las diferencias en los niveles de vida, incrementadas en los últimos años, en su lugar encaminó el discurso hacia la lucha por una alternativa política y reclamos en favor de la libertad de expresión. Este esfuerzo se vio afectado por la represión en Cuba, pero tuvo una amplia repercusión internacional. La situación, sin embargo, ha derivado hacia un panorama en que elementos dispersos y contradictorios contribuyen al statu quo: la obligatoria mención a la disidencia de los gobiernos extranjeros, desde los europeos al norteamericano, mientras en la isla impera el aislamiento del movimiento.
De ahí que resulte desatinada y falta de pudor cualquier comparación desde Miami, entre el papel del movimiento disidente cubano y la función que desempeñaron en su momento organizaciones como Solidaridad en Polonia.
La discrepancia entre la proyección internacional de la oposición en Cuba y su bajo relieve en la isla ha sido un factor que ha contribuido a perjudicarla por vías diversas. Desde la acusación injusta de recibir fondos que en realidad se gastan en Miami hasta la promoción de figuras menores a partir de sus afinidades con el exilio de ultraderecha. Pero donde los opositores han resultado más afectados es en la repetición de errores por parte de Washington. Tanto cuando financió la lucha armada contra Castro como cuando ha apoyado la vía pacífica, Estados Unidos ha impuesto no sólo su ideología sino también su política. Son los cubanos quienes han pagado por ese error.

Nuestros problemas


Atrás ha quedado la época en que el triunfo en la boleta, entre los hispanos de Miami, era determinado en gran medida por cubanoamericanos, quienes elegían a sus candidatos de acuerdo a una agenda limitada ⎯y en su mayor parte ficticia⎯, donde la promesa de reducir los impuestos, luchar contra el delito y criticar con firmeza el régimen de La Habana constituían la carta de triunfo.
Durante muchos años, a legisladores estatales y nacionales les bastó esa plataforma estrecha. Lo demás quedó a cargo de una maquinaria política simple pero efectiva: apelar a los residentes de edificios del Plan Ocho, montar en autobuses a los ancianos que almuerzan en comedores para personas de bajos ingresos y movilizar a simpatizantes con una fe ingenua de que los legisladores cubanoamericanos en Tallahassee y Washington iban a contribuir al fin del castrismo. Y además, muchas, demasiadas “boletas ausentes”.
Luego, tras el triunfo en las urnas, esos legisladores se limitaban a beneficiarse de la propaganda obtenida en Miami gracias a frenéticas y repetitivas declaraciones en contra de Castro, que carecían de efectividad pero no por ello dejaban de hacer bulla, así como la promoción de alguna que otra medida en favor de la inmigración controlada y una presencia casi constante en una radio que superaba la amabilidad para convertirse en cómplice.
Llama la atención que en una ciudad que tiene algunos de los peores  ⎯o muy cerca de los peores⎯ indicadores nacionales en deserción escolar, elevados precios de alquileres, excesivos costos de salud y porcentajes de personas sin seguro, esos legisladores hayan logrado mantener sus cargos sin tener que explicar nunca su pobre o nula participación en los proyectos destinados a mejorar el nivel de vida de la población más necesitada, incrementar los planes de asistencia a quienes carecen de servicios médicos y hacer al menos algo en favor de los centros educacionales públicos.
Puede argumentarse que en esta ciudad es posible alcanzar niveles de bienestar e ingresos que son superiores, relativamente, a los que logran inmigrantes en otros lugares. Sin embargo, junto a la realidad de triunfo económico de los exiliados cubanos, respecto a otros grupos inmigrantes, se esconde la necesidad de deslindar esta riqueza por zonas y grupos. No limitarse a repetir cifras promedio y datos macroeconómicos.
El cambio ocurrido obedece a dos factores principales. Hay otros que merecen comentarios aparte, pero basta aquí señalar una diversidad en Miami y en el sur de la Florida que lleva a hablar no sólo de cubanos, sino también de otros grupos provenientes fundamentalmente de Latinoamérica, y un aumento constante de inmigrantes cubanos y descendientes de cubanos nacidos en el sur de la Florida que por razones de edad no responden a los criterios y valores de quienes llegaron antes de 1990, una fecha que no es definitoria (podría hablarse de 1980 como la década puente entre un antes y un después), pero sirve para ejemplificar las diferencias más marcadas que existen en la comunidad cubana.
Lo que une a los más recientes exiliados procedentes de la isla, con aquellos que vienen de otros países, no son criterios ideológicos ni políticos, sino una actitud más práctica hacia el país de residencia y el de nacimiento.
Este pragmatismo se expresa en una mayor capacidad de asimilación de la realidad del país de origen, no circunscrita a las condiciones del gobierno actual, sino en relación con sus condiciones geográficas e históricas. Se trata, en buena medida, de una valoración realista que no excluye el mantenimiento de una posición ideológica. Clasificar a un grupo de anticastrista y a otro de favorable al gobierno de La Habana es limitar una actitud política a un catálogo de consignas.
Al tiempo que este pragmatismo establece una actitud hacia la nación de origen, también define un comportamiento en el país de adopción. La valoración del papel desempeñado por los políticos que representan a este grupo tiende a realizarse según los logros que estos tengan en obtener beneficios para la comunidad que los eligió. Al ampliarse los conceptos nacionalistas, comienzan a carecer de sentido los llamados demagógicos y las apelaciones al "voto cubano". En su lugar, la eficiencia se convierte en un patrón de medida.
Una definición más práctica, y más humana, de los vínculos con Cuba no implica un sometimiento al régimen de La Habana. Se trata de dejar a un lado el anticastrismo de cazuela, para avanzar hacia una mayor relación ciudadana entre quienes viven aquí y allá. El abandono de ese anticastrismo parlanchín es la necesidad de elegir, de ahora en adelante, a los futuros representantes y senadores, por la Florida y en el estado, de acuerdo a una agenda que responda a los problemas de la región, que son los que afectan a diario a los votantes que viven aquí.

martes, 20 de noviembre de 2012

Sin patente de corso


La recién elección presidencial estadounidense significó un golpe al interés creciente en Miami, que se extendió por toda la Florida, en mantener una política hacia Cuba mucho más rígida que la acordada en Washington.
Desde la época del gobierno de George W. Bush, la meta republicana siempre fue no solo ir un paso más allá de las normas establecidas por Washington, sino convertir a la política estatal en una avanzada de los objetivos nacionales, en lo que respecta al tratamiento del caso cubano.
Se trató de un objetivo primordial de largo alcance: consolidar el poder político en uno de los estados más importantes para las elecciones presidenciales, de forma tal que la política norteamericana hacia la isla no estuviera influida solo por la labor de cabildeo y los poderosos contribuyentes cubanoamericanos del sur de la Florida, sino por una maquinaria republicana que puede resultar clave a la hora de elegir al mandatario de la nación más poderosa del planeta.
El exlegislador federal David Rivera fue un buen ejemplo, dentro un grupo de legisladores cubanoamericanos, que en parte trataron de ocupar el vacío que dejó la muerte de Jorge Mas Canosa y la pérdida de poder de la Fundación Cubano Americana, no desde una función de cabildeo y presión, sino como parte del poder legislativo de la nación.
Rivera fue uno de los redactores en el 2003 de una carta --firmada por un grupo de representantes estatales republicanos de la Florida-- que urgió al presidente Bush para que actuara con mayor firmeza respecto a Castro, o de lo contrario podría perder su apoyo para las elecciones del 2004. Meses más tarde, el mandatario aprobó la serie de restricciones a las remesas y los viajes a la Isla.
El exlegislador incluso llegó a hablar de reducir los beneficios sociales a quienes viajaban a Cuba e imponer impuestos a los empresarios floridanos que negocian con La Habana.
Por entonces se dio un fenómeno paralelo, al surgir entonces en Florida un grupo de legisladores con republicanos varias características similares y opuestas a los llamados "talibanes'' del régimen de Fidel Castro.
La prensa internacional había creado la categoría de "talibanes'' ⎯una denominación errónea al concederle celo ideológico a lo que es simplemente sumisión oportunista⎯ al grupo de jóvenes que pasaron de su militancia en la Unión de Jóvenes Comunistas y la Federación Estudiantil Universitaria al Grupo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe.
Sin embargo, al igual que ocurrió primero en Cuba, donde luego del traspaso temporal y luego permanente de los cargos de Fidel Castro el llamado Grupo de Apoyo del Comandante perdió su razón de existir, la nueva situación política de Estados Unidos en general ha mostrado una pérdida de apoyo a las posiciones extremas.
Al hablar de semejanzas, no se intenta sólo comparar los extremos dentro de dos polos ideológicos. Más bien en este caso es enfatizar la seducción que siempre ofrecen los caminos trillados y la comodidad de lograr el triunfo recorriendo una vía segura.
Más allá de los encasillamientos generacionales y las divisiones por edades, entonces se puedo establecer un amplio paralelo entre estas dos generaciones de relevo, la que vivía en Cuba y la que creció en el exilio.
En lo que respecta a Miami, se trataba de un grupo de hombres y mujeres que por fecha y lugar de origen ⎯varios de ellos nacieron en este país⎯ no comparten una historia común con los residentes de la isla, pero se consideran depositarios de la Cuba que dejó de ser: hijos del anhelo de darle marcha atrás al reloj histórico y político en Cuba, para borrar todo vestigio del proceso revolucionario, y herederos del llamado ''exilio histórico''.
Gracias a su participación en los triunfos electorales de los hermanos Bush, este grupo desempeñó un importante papel en la confección de la política norteamericana hacia la isla. El objetivo era continuar ampliando una política que es compartida por una buena parte de los votantes cubanoamericanos con más años en el exilio. En última instancia, lo importante para ellos no era la efectividad de esa política, sino que ésta ejemplificara su influencia política.
Con la reelección del presidente Barack Obama, su triunfo en Miami y el hecho del aumento del voto cubanoamericano para el candidato demócrata, se ha producido un cambio significativo hacia una política más sensata y menos obsoleta e inútil en lo que respecta a la situación cubana.
No quiere esto decir una actitud de acercamiento hacia un régimen anquilosado, sino simplemente el dejar a un lado una retórica ineficaz.
Si bien la derrota de Rivera obedeció en gran medida a características propias del político ⎯y por ello este hecho no fue incluido en el párrafo relacionado con los cambios⎯, no deja de forma parte de ese conjunto en lo que se refiere al simple hecho de que el anticastrismo ha dejado de ser una patente de corso. Ya era hora.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Huelga en Madrid



El hombre se sienta en una silla de tijera y comienza a tocar. Durante años vengo escuchándolo, a la entrada de la tienda El Corte Inglés, en la plaza Callao en Madrid, frente a la librería fnac. Ahora interpreta el preludio de la Suite No.1 para Violonchelo, de Johann Sebastian Bach. Al terminar intercambio unas frases con él y le dejo un euro o algo más. Nunca mucho, nunca quizá lo suficiente. No sé quien es. Por el acento me parece que es alguien que hace tiempo dejó Europa Oriental. Quizá era miembro de una orquesta sinfónica en su país, y no ha regresado. Me ha dicho que con los años ha ido perdiendo memoria. Nunca su interpretación ha sido ejemplar pero siempre es digna. No deja de ser una ilusión volver a escucharlo.
Esa España de detalles es la que siempre me ha gustado. Lástima que esté desapareciendo.
No es que la cultura se extinga o disminuya en Madrid. Todavía no. Es muy probable que por algunos años el violonchelista continúe tocando a Bach, al igual que los guitarristas que interpretan obras de Tárrega y Albéniz a la entrada del Museo del Prado. Mejor es pensar que el país volverá a ser como antes. Pero no es posible ser tan optimista. Los cambios en España no parecen ser reversibles.  No hay que dudar que el país saldrá de la crisis. Lo que nadie sabe es cuándo y cómo. Lo que también resulta difícil pronosticar es cuánto esta crisis, que en la actualidad no brinda una esperanza de salida, va a cambiar no solo el carácter de muchas instituciones sino incluso de los ciudadanos.
Por lo pronto, hay una señal que preocupa. El español está cada vez más amargo, y no  se detiene a la hora de amargarle, un poco también, la vida a los demás. Pequeños gestos, actitudes, prohibiciones recién descubiertas, descuidos y omisiones.  
Lo peor es que no se percibe una solución política de los problemas. 
El miércoles hubo huelga general en España, la segunda contra los recortes del Gobierno de Mariano Rajoy, en menos de un año de mandato, y la tercera desde el inicio de esta crisis. El paro no se produjo sólo aquí, sino también en otras naciones europeas. Pero las imágenes de la huelga española fueron las que llenaron las portadas de los periódicos de Europa, incluso en países donde igualmente se fue al paro.
Esa tarde decidí no salir a la calle. La razón fue muy simple: temor.
Con los años he visto diversas huelgas en Madrid, así como manifestaciones y marchas diversas, celebraciones por el Primero de Mayo y protestas variadas. Durante los meses en que los “indignados” ocuparon la Puerta del Sol presencié diversas reuniones, asistí a debates y discusiones públicas. En todos los casos, siempre como espectador. Nunca he participado en una actividad que no me corresponde.
Ahora, sin embargo, cabe la posibilidad, cada vez más segura,  que una marcha o manifestación se convierta en un acto violento. En parte ha sido la represión policial, en algunos casos excesiva. En parte también la participación de extremistas y miembros de grupos antisistema en las protestas, que inician actos de violencia con el único objetivo de generar caos y más violencia.
Por otra parte, la huelga general de miércoles sirvió para expresar un sentimiento de frustración, rechazo y protesta, pero por lo demás no parece que va a lograr cambiar nada. Salvo una prueba de poderío de los líderes sindicales, que actúan más bien como partidos políticos, el resultado se midió más bien términos de una mala imagen para España. Además, si el derecho a la huelga es válido, en igual medida lo es el derecho al trabajo. No se trata de defender a esquiroles, pero con los ingresos familiares cada vez más reducidos, hubo quien sencillamente no pudo sumarse al paro. Se produjeron actos hostiles y de repudio hacia esas personas y comercios, y ello es condenable.
España ha comenzado a dar una imagen similar a la de Grecia: disturbios frecuentes, enfrentamientos callejeros y un gobierno incapaz de encaminar al país. Por supuesto que una situación de este tipo no solo aleja al tan deseado inversionista extranjero, sino también al turista. 
Con la economía de la zona euro de nuevo en recesión, tras una caída del 0.1% del producto interior bruto (PIB), según anunció el jueves el instituto europeo de estadísticas (Eurostat), el pronóstico para Europa, sobre todo en los países del sur, resulta desalentador. 
En estas condiciones, España no sólo sufre un deterioro del bienestar de una parte cada vez mayor de la población, sino que de forma progresiva está dejando de ser una nación de esperanza, como en su momento debe haber sido para ese violonchelista que ahora toca en una calle de Madrid.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Disidencia roja


Al autor de una columna aparecida en la edición del jueves de El Nuevo Herald le llama la atención una carta de Ernesto Che Guevara, donde el guerrillero expresa: “En este largo período de vacaciones le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos  soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya el partido lo hizo por ti y tú debes digerir”.
Alfredo Felipe Fuentes llega a titular su artículo: El che Guevara, un “disidente” incómodo.
Bueno, lo que está detrás de estos comentarios del Che Guevara ⎯aparecidos en esa carta y en documentos más que conocidos como El hombre y el socialismo en Cuba⎯ es la existencia de tendencias ideológicas en algunos miembros de los centros de poder en Cuba. Nunca llegaron a concretarse en movimientos y tampoco alcanzaron una definición que las hubiera convertido en contestatarias dentro del país. Efectivamente, Guevara fue quien avanzó más en el terreno, pero a título personal. Lo primero es aclarar que aquí no estamos frente a la dicotomía totalitarismo-democracia, y cualquier referencia al concepto disidente, tal como se maneja hoy en Cuba, queda fuera de lugar. Tampoco aporta mucho al debate esta visión a la dicotomía libertad-dictadura. En realidad, la crítica de Guevara a la burocracia y al aparato partidista soviético solo formaba parte de su acercamiento al maoísmo. Así que simplemente se trataba de un sacarnos de Guatemala para meternos en Guatepeor. A su vez, su intercambio con Armando Hart se encuadra dentro de la pálida simpatía demostrada por este último hacia el trotskismo. El Che Guevara, por su parte, era un estalinista declarado. Poco hay de meritorio aquí. Las referencias a un Che Guevara opuesto a Castro en lo ideológico no pueden ser tratadas sin incluir un choque de egos y un pobre dominio de la táctica y la estrategia por parte del argentino, además de la contradicción en su carácter que lo llevaba de un estoicismo probado a un vedetismo político. A Guevara solo le cabe el destino de la alegre camiseta en todas partes del mundo y el mausoleo vacuo en Cuba.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La derrota


Tienen razón para la ira. Le sobran las causas. Los motivos son fuertes y no son pocos. El exilio de ultraderecha de Miami. El exilio a secas. Para muchos y en muchas partes del mundo. El exilio que por años ha definido la imagen y la ideología de la comunidad cubana en el sur de la Florida, y que tuvo el logro histórico de imponer cara, conducta y pensamiento de forma definitiva. Porque crece por días la evidencia de que el exilio no se transforma sino se destruye, se acaba, perece. Ese exilio, ha sufrido una enorme derrota.
El fracaso tiene dos rostros. Uno es el más inmediato, por años ha perseguido a quienes viven en Miami, y es la incapacidad de participar en esa desaparición pausada del castrismo, que como en una visión macabra del Gato de Cheshire tiene la voluntad de aparecer y desaparecer a conveniencia, y siempre consigue dejarnos la presencia de su mueca.
Otro es el  principio del fin de ese juego ⎯lucrativo en algunos, satisfactorio en las emociones para muchos, entretenido a los ajenos⎯ en que la política internacional del país más poderoso del planeta parecía estar subordinada a los empeños de un grupo, las disputas de una ciudad, hasta el capricho de un sector de electores. Recalcar la palabra juego. Nunca en realidad Miami fue tan determinante, pero casi siempre se le hacía creer eso y los exiliados estaban contentos.
Lo sucedido en esta elección es bien sencillo. Obama nunca los tomó en cuenta. No quiso ganárselos como en la ocasión anterior y simplemente los dio por perdidos. A Romney sí no le quedaba más remedio que tomarlos en cuenta, aunque lo hizo a medias y nunca fue el favorito de una parte de ese exilio que al  principio abrazó calurosamente a Gingrich.
Esta es, sin embargo, solo la mitad de la película. Aunque siempre hubo un esfuerzo para tratar de acomodar a Romney en lo personal, como estereotipo siempre representó el ideal del exilio: la vuelta a los años cincuenta del pasado siglo, su familia como la portada perfecta de las revistas de entonces o de la Hola de ahora, lo que no es lo mismo pero es igual.
Así que, tras una pequeña sacudida con aquel triunfo de Obama, venía ahora este empresario a poner las cosas en su puesto, y además religioso, no importa que fuera de una secta  por completo ajena al cubano. Lo importante es que era blanco, rico y anticomunista. Ah, y tampoco le gustaba Europa, y eso también valía.
Lo que no entendía, lo que ahora tampoco va a entender ese exilio, es que las cosas en Estados Unidos han cambiado. De forma definitiva. Un hombre de la raza negra, con un origen étnico no solo mixto sino complicado, puede llegar a la presidencia de este país. No solo eso. Ser reelegido también. Y ese hombre es además inteligente, carismático y popular, pero no populista, y durante sus años de estudiante hizo cosas que al exilio de Miami le pueden resultar muy extrañas ⎯y hasta peligrosas⎯ como escribir un trabajo sobre T.S. Eliot.
Nada curioso entonces que se sienta con tanta fuerza la derrota de Romney. No por el político, que pronto comenzarán a criticar con ahínco, sino por lo que representaba. Casi el fin de una ilusión.
Mundos paralelos que se repiten. Si cada vez más Raúl Castro está transformando a la isla en un país de buhoneros, como afirma Roberto Madrigal, y “logrando el imposible de convertir el colorido, de giros violentos, impredecible, proceso cubano, en uno de los países más aburridos del planeta”, al decir de Norberto Fuentes, en Miami el triunfo de Obama deja a los exiliados “verticales” con un sabor de impotencia. Eso de, les pasaron la bola por delante y no la vieron.

Ganó la cordura


Por esta vez ganó la cordura, que en muchas ocasiones ha demostrado el electorado estadounidense, aunque en otras no. Lo mejor sería que el republicanismo reflexionara y repudiara la política del Tea Party, que volviera a ser un partido conservador y no a militar en un "conservadurismo" revolucionario.
La victoria de Obama no debe hacer olvidar lo difícil que resultó obtenerla. Ese es el reto.
Por lo demás, los votantes de Estados Unidos demuestran, una vez más, que prefieren el centro. Y eso es bueno.
Importante también en Florida fue ese rechazo total a una serie de propuestas torcidas, escritas con un lenguaje expresamente diseñado para confundir al votante, que hicieron la boleta demasiado larga y que en buena medida contribuyeron a las largas colas y las horas de espera antes de llegar a las urnas.
Que sepan los legisladores republicanos de este estado que no pueden hacer lo que les da la gana. Al gobernador Rick Scott, que olvide los sueños de convertirse en un pequeño Napoleón,  

martes, 6 de noviembre de 2012

El fin de una coartada



Lo que se llama un tipo con suerte. Estoy disfrutando en el café del Kunsthistorisches Museum de Viena, que no es poca cosa, al menos para mí, porque este museo alberga la mejor y más completa colección de pinturas de Brueghel del mundo. Es decir, que si a usted le apasiona Brueghel y ha contemplado sus cuadros en Nueva York, Madrid y Bruselas, solo tiene una visión salteada de la obra de este pintor. Tiene que ir a Viena. Con esa incomodidad estaba yo hasta ayer, luego de tantos años de admirar a este artista, y hasta de haber estado a la puerta del lugar donde está enterrado. Puerta que no me abrieron en una iglesia de Bruselas, pero esa es otra historia.
La cuestión es que Brueghel es una vieja pasión que creo sana, mientras que escribir de política y estar atento a ella me parece cada vez más antihigiénico, sobre todo si se vive buena parte del tiempo en Miami.
Por ello desde hace meses decidí que el día de la elección presidencial me cogía fuera del país. Cuando se presentó la oportunidad de que fuera en Austria, casi fue una fiesta, o la ilusión de una fiesta.
Así que estoy sentado contemplando la extraordinaria cúpula del edificio, bajo la cual está el café del museo ⎯y tratando de prometerme que voy a memorizar con ahínco cada detalle de los cuadros vistos, y que es posible que hasta compre para ello unas pastillas al regreso a Madrid, y así fortalecer la memoria⎯  cuando se me acerca una señora y me pide ocupar la silla vacía.
Se trataba de un matrimonio, ambos de unos setenta y tantos años de edad, con una hija que aparentemente pasaba o estaba cercana a los cuarenta, pero no estoy seguro. En un terreno donde hay o no hay apariencias yo me siento perdido.
El marido y la hija habían ocupado otra mesa, al lado de la mía, ya que esta sección del café está definida por un gran sofá circular, alrededor del cual las mesas son solo para dos personas.
La señora conversaba conmigo, en lo que yo esperaba me trajeran la cuenta. Eran de Mississippi y daba la impresión que llevaban un tiempo viajando por Europa. No sé por qué tuve la desdichada ocurrencia de sacar el tema de la elección y agregar que estaba por Obama. 
Resultó que mis recién conocidos eran partidarios de Mitt Romney, e incluso habían votado por boleta ausente (no les pregunté si estaban viviendo en Europa o pasando unas largas vacaciones).
La mujer de más edad me dijo que había conversado con su gente de Mississippi, y que el embullo para votar por Mitt Romney era tremendo allí, que ella me podía asegurar que salía. Ah, y por supuesto, cuando se contaran las boletas ausentes e incluyeran los tres votos de quienes ahora tenía delante de mí, compartiendo mesa en un café de Viena, la victoria sería aplastante. 
Traté de explicarle las diferencias entre el voto electoral y el voto popular, pero para ella no cabía duda. Tampoco pude indagar hasta donde abarcaba su territorio en Mississippi. ¿Todo el estado? Romney va a ganar en Florida, me agregó para demostrarme que su tendencia electoral también abarcaba mi territorio.
Obama puede perder Florida y ganar, le dije casi para lograr poner una ante esa avalancha de votos a favor de Romney.
Fue entonces que la más joven entró en la conversación: Lo primero que hizo, en un salto dialéctico de la aritmética a la ideología, fue explicarme que los gobiernos socialistas, como el de Obama, no funcionaban; que solo traían pobreza y perjudicaban a los de menos recursos. Para comprobarlo ⎯agregó ya en pleno tono doctrinal⎯, lo único que tenía que hacer era fijarme en Europa, donde a las naciones con gobiernos socialistas estaban muy mal y en una crisis de la que no salían, mientras que a las naciones de gobiernos conservadores les iba fenómeno.
Intenté recordarle que precisamente estábamos en Viena, y le pregunté que si no sabía lo que significaba “Viena Roja”. Me respondió, que sí que lo sabía.
Bueno, pues entonces Viena es un buen ejemplo de un lugar donde por décadas hubo un alcalde socialista, y que la ciudad no estaba nada mal, desde el punto de vista económico, en cuando a calidad de vida y en lo referido a los beneficios de los ciudadanos.
Le agregué que si íbamos a hablar de España, el ejemplo socorrido de Romney para hablar mal de Europa, una de las cosas ocurridas en ese país ⎯cuya gestión del último gobierno socialista no me había simpatizado desde el principio, por hacer demasiados pactos  y poner por delante la ideología frente a la realidad⎯ había sido una burbuja inmobiliaria similar a la sufrida en Estados Unidos, por ejemplo en Miami.
Fue entonces que ella sacó a relucir el argumento de que dicha burbuja era culpa de los políticos socialistas de Estados Unidos, que había obligado a los bancos a prestar dinero a los pobres para comprar viviendas, aunque éstos no tenía con qué pagarlas. Era casi escuchar a Pérez Roura, en inglés y con falda.
En esos momentos me di cuenta que llevaba casi veinte minutos hablando, en un lugar muy agradable, a miles de millas de Miami, con unas persona afables, correctas y muy simpáticas, y repitiendo y escuchando los mismos temas y argumentos que había decidido evitar en el día de hoy meses atrás.
Supersticioso por naturaleza, el asunto comenzó a darme mala espina. ¿Y si sale Romney?
El camarero me había traído el cambio. Entre sonrisas me despedí de aquellos tres americanos tranquilos, que sin proponérselo habían logrado destruir mi coartada. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

La estulticia



Acabo de leer, de manera fortuita, un par de comentarios que aparecen en mi columna del lunes de El Nuevo Herald, y no ha servido más que para lamentar, una vez más, lo imbéciles que son algunos de mis lectores. Me da pena reconocerlo, pero es la verdad. Que ello ocurra en Miami no deja de ser una característica del lugar, una vez definido con precisión y elegancia por Lydia Cabrera como el sitio donde la mierda se convertía en gente y la gente estaba condenada a ser mierda. Por lo demás, en lo personal me tiene sin cuidado. He leído estos dos comentarios en un hotel de Viena donde hace años era un lugar de encuentro de figuras como Franz Kafka y Max Brod. ¿Qué se puede añadir? A mí no me interesa que esta recua  me lea. Es un problema de ellos. Solo que a veces no deja de insultarme la estulticia. Aunque solo a veces.

Truco o trato




Madrid- El primer cambio de vuelta en España es que me sabe más malo el café. Quizá sólo se trate de un resabio propio. En cualquier caso los españoles nunca han sido muy buenos en eso de hacer un “espresso”, y se limitan a algo que llaman “café solo”. Pero lo real es que ahora casi todo el mundo está tratando de hacer más con menos, y uno lo siente por todas partes. 
Es patente en la cara del camero, que si se acuerda de uno lanza una queja breve, porque posiblemente su trabajo se ha triplicado; en la conversación con el taxista, que pasa del fútbol a la política ⎯sus dos temas predilectos y casi únicos⎯ para comentar el último decreto, la ley que se discute o la medida que se anuncia; en los intercambios con colegas y amigos, donde junto al tema del libro y la película se ha colocado el temor a perder el empleo o la realidad del paro.
El pesimismo ha aumentado también. Cuando se habla de la situación hay una especie de fatalismo. Se prosigue echándole la culpa a los políticos ⎯que la tienen⎯ pero sin invocar un cambio. La sociedad española ha perdido la fe en la clase política, y no sabe a quién llamar para pedir ayuda o conseguir encaminar las cosas.
Una crisis que también tiene características específicas, y en el caso de quienes viven en Cuba, y atravesaron por un “período especial” que aún persiste en cierto sentido, puede parecer broma. Si alguien llega de la isla y durante este último feriado por el Día de los Fieles Difuntos se dirige al Mercado de San Miguel, y tiene que empujar para poder entrar y ve a todo el mundo comiendo y bebiendo, piensa que las noticias sobre la crisis española han sido “ligeramente exageradas”. O si tiene que hacer cola en La Mallorquina durante casi media hora, para comerse un dulce y no para obtener unas onzas de garbanzos o un cuarto de pollo, se convence que los españoles se quejan por gusto. No es así. No se ha acabo una forma de vida, pero sí se está transformando a diario.
Vale la pena preguntarse cuándo esos cambios van a llegar a la cultura, no en la forma inmediata de menos asignaciones para los proyectos e instituciones, sino en la permanente de una preponderancia del espectáculo  tonto.
España se “americaniza” con una trivialidad alarmante. Los fieles difuntos han cedido el paso al Halloween (la palabra en inglés sin necesidad de buscar un ridículo equivalente fonético). Por supuesto que es un fenómeno comercial. Lo que se busca es sacarle utilidad a una fecha, más allá de la venta de flores. Es por ello que el rito familiar y religioso ha cedido espacio a las cenas especiales en los restaurantes y las fiestas en las discotecas.
Pero no hay que volverse reaccionario. El cambio de morbo, de las brujas a los fieles difuntos, tiene su encanto. Tampoco todas las apuestas actuales son tan frívolas.
Hace poco menos de dos meses abrió junto a la plaza del Callao una librería que se anunció como una audacia en estos tiempo. Con el apadrinamiento de Alessandro Baricco, Inge Feltrinelli, Mario Vargas Llosa y Jorge Herralde se lanzó un reto.
No se trataba de un nombre nuevo. En Madrid ya existían dos, una en el Reina Sofía y otra en la Fundación Mapfre. Pero el centro de referencia, aquello que uno siempre señala cuando intenta arrebatarle la frase a Borges, y transformar el paraíso no en biblioteca sino en librería, era La Central del Raval, en Barcelona. Ahora ya Madrid no tiene nada que envidiarle a la Ciudad Condal.
La Central del Callao no es una audacia. Todo lo contrario. Es el establecimiento del presente: el concepto de boutique aplicado a una librería. Si la cadena fnac equivale a la tienda por departamentos, dedicada a la venta de libros, discos compactos, videos y telefonía, aquí lo que se busca es al cliente ilustrado. El mérito mayor es que un concepto de mercadotecnia ⎯la tienda de productos selectos que es toda boutique⎯ se ha aplicado con conocimiento a un producto cultural. El catálogo de literatura traducida al español de La Central del Callao es asombro, junto con el surtido de versiones originales. Al tiempo que coloca al libro junto al juguete y la chuchería. Walter Benjamin debería ser el santo patrón del establecimiento.
Lo que sí se puede afirmar es que el concepto aplicado en La Central del Callao es una excepción. Como ocurre en cualquier crisis, hay un patrón deslucido que se impone, y desgraciadamente abunda en España. En el Cementerio de La Almudena, este año abundan las flores artificiales en las tumbas, por la celebración de los fieles difuntos. “Son más bonitas, duraderas y económicas”, dicen algunas ancianas.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...