lunes, 5 de noviembre de 2012

La estulticia



Acabo de leer, de manera fortuita, un par de comentarios que aparecen en mi columna del lunes de El Nuevo Herald, y no ha servido más que para lamentar, una vez más, lo imbéciles que son algunos de mis lectores. Me da pena reconocerlo, pero es la verdad. Que ello ocurra en Miami no deja de ser una característica del lugar, una vez definido con precisión y elegancia por Lydia Cabrera como el sitio donde la mierda se convertía en gente y la gente estaba condenada a ser mierda. Por lo demás, en lo personal me tiene sin cuidado. He leído estos dos comentarios en un hotel de Viena donde hace años era un lugar de encuentro de figuras como Franz Kafka y Max Brod. ¿Qué se puede añadir? A mí no me interesa que esta recua  me lea. Es un problema de ellos. Solo que a veces no deja de insultarme la estulticia. Aunque solo a veces.

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