lunes, 29 de octubre de 2012

El fracaso del guerrero


Eloy Gutiérrez Menoyo no eludió mencionar el fracaso en su testamento. Lamentable que una vida termine de esa manera, en la anulación casi total, pero más lamentable aún es que ese sea el destino de una nación.
“Asumo la responsabilidad de esta batalla y no me amedrenta el hecho de que algunos puedan calificarla de fracaso”, escribió Menoyo.
En su caso, el fracaso es por partida doble. El primero estuvo en el resultado de una lucha violenta y triunfadora, que si bien puso fin a una dictadura, no sirvió para instaurar la democracia y traer el desarrollo económico al país. El segundo tiene que ver con una actividad opositora pacífica, primero en el exilio y luego en la isla, que al tiempo que desencadenó críticas mordaces y acusaciones injustas en Miami, fue incapaz de lograr adeptos y desarrollarse en Cuba.
La vida de Menoyo fue un rosario de resultados adversos y sucesos lastimosos. Si tras el triunfo del 1 de enero de 1959 demostró la incapacidad de derribar al régimen de La Habana con actividades subversivas y ataques desde el exterior, luego también sirvió de paradigma de la inutilidad de una oposición demasiado temerosa a destacarse más allá de alguna declaración de turno, en la cual primordialmente destacaba su independencia y el rechazo a los extremos. Esto no le resta valor a su dedicación a la tan manipulada causa cubana, tampoco quita méritos a su entereza como luchador contra las tiranías de cualquier ideología. Prisionero político por muchos años. Hombre de izquierdas consecuente en su rebelión en defensa de la libertad.
Cuando se pueda relatar con distancia y justicia el proceso de la revolución cubana, de alguna forma será necesario describir las trayectorias paralelas y entrecruzadas de Fidel Castro y Menoyo. Quizá un capítulo, es posible que basten algunos párrafos, deberá dedicarse a caracterizar dos formas de entender la ejecución política y el apego a la lucha por cambiar un país, donde las ambiciones personales, el protagonismo y la honestidad o su ausencia se mezclan en una historia de triunfos y fracasos.
En esta recopilación posible, a Menoyo siempre le tocó la peor parte. Esquemáticamente podría intentarse como un “tema del traidor y del héroe” en una sala de espejos, donde casi de inmediato Castro pierde su imagen de héroe y ocupa el puesto de traidor, mientras Menoyo va saltando de uno a otro polo hasta el final, sin temor al riesgo de la caída.
Negarle a Menoyo esta historia de cambios es una de las injusticias que con él cometió el exilio. Su regreso a Cuba la justificación de las peores sospechas. Los años de cárcel, los golpes y los maltratos dejaron de mencionarse. 
Bajo este punto de vista, todo lo hizo mal el hombre que se anticipó a volver del destierro, por miedo de no llegar a tiempo. Castro era el guerrillero que había sacado provecho de todas las oportunidades, Menoyo el despilfarrador de ocasiones. Astucia en el primero, torpeza en el segundo. Enemigos por todas partes, que superaban sus diferencias ideológicas en el rechazo a Menoyo, un hombre que había ganado poco y perdido mucho para ser odiado tan profundamente. El ex guerrillero apareció entonces como un mal conspirador. Lo peor era que muchas veces parecía conspirar contra él mismo.
Los últimos años de su vida, transcurridos en Cuba, parecieron confirmar estos pronósticos. Puede decirse a su favor que demostró la intransigencia del régimen, pero este es un consuelo pobre.
El problema con Menoyo en Cuba fue que nunca llegó a representar oposición alguna, a los efectos de movilizar un movimiento de disidencia interna en favor del cambio que proclamaba su organización. No consiguió representar una alternativa con arraigo popular. Fue una figura con historia y proyección personal, pero sin peso político en la isla, ni entre los opositores y mucho menos en la población. Por un tiempo atrajo las cámaras y las libretas de los reporteros, pero no a los ciudadanos. 
Durante esos años finales en La Habana, Menoyo no le hizo el juego a los Castro, simplemente se dedicó a ser un político con una alternativa que se puede resumir brevemente en la inacción que tanto condenaba. Por otra parte, no puede decirse que su ejecutoria fuera inocente o libre de controversia, y lanzó más de una declaración virulenta contra el resto de la oposición pacífica. 
Entonces fue de nuevo el guerrillero solitario, y sin detenerse a pensar en el tiempo que conspiraba en su contra, siempre dio la impresión que creía que incluso un pequeño triunfo cambiaría por completo su historia o la de Cuba, marcadas ambas por más de un desengaño. Al escribir su testamento, Menoyo enfatizó la caída y ruina de una nación. Su vida no fue más que el reflejo de esa ilusión perdida. Logró entonces su definición mejor.
Eloy Gutiérrez Menoyo. Foto de Ian James.  

jueves, 25 de octubre de 2012

Superman se va del periódico


No deja de existir cierta satisfacción infantil cuando uno se le adelanta a un superhéroe, aunque sepa que todo no es más que un truco para ponerse al día y una salida oportunista  y llena de aspaviento.
Pero es cierto que la situación en el periodismo tradicional ha llegado a un punto que ni Superman lo aguanta:
"I was taught to believe you could use words to change the course of rivers -- that even the darkest secrets would fall under the harsh light of the sun," the superhero's alter ego says in a newsroom outburst. "But facts have been replaced by opinions. Information has been replaced by entertainment. Reporters have become stenographers. I can't be the only one who's sick of what passes for the news today."
Es posible que Superman comience su propio blog. Debe saber que la competencia es dura y que llega algo tarde al asunto. Pero bueno, para algo es el hombre de acero, ¿no?

miércoles, 24 de octubre de 2012

Solo miré por la ventana


Sara Calvo

Cuando la Crisis de Octubre vivía en La Habana, en 23 y 26, en el Vedado. Mi hija Mariana tenía dos meses de nacida, y una de esas noches en que los recién nacidos no dejan dormir, me asomé por la ventana entreabierta de mi cuarto, como a las 2 o 3 de la madrugada. Bajo un silencio sepulcral, vi pasar por la calle 23 un avión con las alas plegadas, camino hacía el puente del río Almendares, en dirección a Marianao. Después de una hora más o menos, aparecieron unas rastras que cargaban lo que después se supo eran los famosos misiles camino de vuelta a la Unión Soviética. Creo que al día siguiente salió en la primera página de Revolución ese titular que todos atribuyen a Fidel Castro: Nikita, Nikita, lo que se da no se da quita. Ese es mi recuerdo de la Crisis de Octubre. Ni Máuser, ni metralletas, ni pistola. Pero, sobre todo, ni fango ni hamacas. Mi cuento no es nada heroico. Solo miré por la ventana.

lunes, 22 de octubre de 2012

Más bien aburrido



De los tres debates presidenciales, el último resultó el más aburrido y el que creo tendrá menor incidencia en el criterio de los votantes. El presidente Barack Obama estuvo agudo en ocasiones, como en la referencia a los potros y las bayonetas en el ejército actual, pero cometió el error de ser demasiado agresivo y personal contra su oponente Mitt Romney.
El candidato republicano volvió una y otra vez a repetir las mismas mentiras e insistir en cifras y expresiones usadas solo con fines electorales. Aunque hasta el momento, no se conoce con certeza  si esa visión simple le resultará en última instancia negativa en las urnas. Hay que tener mucha esperanza en la capacidad electoral del estadounidense promedio para pensar que así sea.
Por ejemplo, Romney repitió una y otra vez que la situación de caos y de revueltas en el Levante actual son un indicador de que las cosas están peor en la zona que hace cuatro años atrás. Pero entonces estaban en el poder una serie de dictadores que ahora han sido derrotados. Por supuesto que la época en que ellos gobernaban con mano dura no se permitían ni el caos ni las revueltas.
Lo que llama la atención son las muchas semejanzas declaradas entres ambos contendientes, en cuanto a las alianzas internacionales y la voluntad de lanzar a este país a una guerra. El presidente Obama lo definió bien, al expresar que durante meses, en su campaña Romney había expresado criterios semejante a los suyos, solo que el candidato republicano creía que por el hecho de gritarlos a viva voz adquirían una mayor fuerza.
Cada vez que pudieron, ambos trataron de llevar el debate al terreno de la economía nacional, porque saben que allí es donde se gana la elección.
Si estuviera obligado a decir un ganador, me inclinaría porque la victoria fue para Obama, por el hecho de que volvió a lucir en forma y no estuvo tan mal como en el primero. Romney perdería por la repetición: no agregó nada nuevo. De hecho, no consiguió presentar una alternativa de política exterior frente a la actual.
Obama consiguió exponer con claridad sus logros en la arena internacional, algo que se daba por seguro antes del ataque terrorista al consulado de Estados Unidos en Bengasi, Libia, un hecho que por otra parte ocupó un lugar muy secundario en el debate. Esto sería otro punto a exponer a su favor.
Dos cuestiones adicionales merecen mencionarse. Romney volvió a repetir su objetivo, de ser presidente, de priorizar el comercio con Latinoamérica sobre China. Esto es un disparate. Latinoamérica continúa siendo un exportador, en primer lugar, de materias primas. ¿Dónde están las fábricas latinoamericanas de juguetes, teléfonos y computadoras? En segundo lugar, cuando el candidato republicano critica con razón a China por el robo de patentes y las violaciones de los derechos de propiedad intelectual, pasa por alto que lo mismo ocurre en Latinoamérica. Creo que Obama nunca ha querido responderle a Romney sobre este asunto por una razón bien sencilla: el peligro de perder votos entre el electorado latino, donde mantiene la mayoría.
La otra cuestión fue la ausencia de mención a Europa. Romney solo se refiere a las naciones europeas para ponerlas de mal ejemplo, especialmente Grecia y España. Obama, por su parte, no se sintió en la necesidad de mencionar que, a diferencia de la era de Bush, no solo su popularidad sino sus relaciones con la zona son excelentes. Al parecer, fue consciente de que este último logro le importa un bledo al norteamericano promedio, y prefirió pasarlo por alto.  La ideología de Romney cae de lleno dentro del aislacionismo que ha caracterizado a una tendencia principal dentro del pensamiento del Partido Republicano. Obama es todo lo contrario. Sin embargo, al igual que el moderador, que no preguntó nada al respecto, ambos rivales evitaron entrar en el tema.
Figuras de cartón de los candidatos presidenciales: el demócrata Barack Obama, a la derecha, y el republicano Mitt Romney, son colocadas en el campus de la Universidad de Lynn, en Boca Raton, Florida, donde se celebró el tercer debate presidencial el lunes 22 de enero de 2012. 

La última secuencia


Así que éste es el fin de la saga. Después de las traiciones, los combates, las componendas y las luchas. Tras las conspiraciones interminables y los golpes de suerte. Solo falta que llegue el nieto al patio, comiencen a jugar entre las matas y él caiga muerto.

domingo, 21 de octubre de 2012

Profesionales sin entrada ni salida


Hay un rasgo que se repite en las medidas formuladas por el gobierno de Raúl Castro, y es excluir a los profesionales de los cambios que, según La Habana, buscan “actualizar” el modelo cubano.
Para quienes mandan en la isla, los graduados universitarios quedan fuera de los supuestos beneficios que trae trabajar por cuenta propia o emigrar temporalmente fuera del país.
La primera consecuencia es de índole personal. Quienes se esfuerzan por obtener un título se enfrentan a un presente muy limitado y un futuro más incierto aún. O se limitan a un trabajo mediocre, donde siempre está presente el peligro del despido por los ajustes laborales, dilatados pero no extinguidos, o se dedican a empleos más lucrativos aunque alejados de su perfil de estudios. La literatura creada en los últimos tiempos en Cuba se ha encargado de recrear hasta el cansancio la frustración de lingüistas convertidos en guías turísticos y de ingenieros manejando taxis.
Otro resultado de esta política errónea tiene que ver con el desarrollo de la nación, que se compromete con esta negativa a mejorar el nivel de vida de quienes han alcanzado una educación superior, al tiempo que los mantiene como rehenes.
La educación, una de las conquistas más cacareadas de la revolución, ha pasado de ser un logro a una rémora. No hay mejor prueba de ello que la tan esperada reforma migratoria, que entrará en vigor en enero del 2013.
Mientras la ley de migración modificada amplía plazos, suprime la duplicación de permisos (el nuevo “permiso de salida” se concreta en el pasaporte actualizado) y permite el regreso de los inmigrantes obedientes al régimen, en el caso de los profesionales es incluso más represiva que en años anteriores.
No sólo en el caso de los médicos. Por décadas el régimen no ha permitido o le ha puesto trabas y demoras a la salida de otros graduados universitarios, pero como todo lo que ocurre en Cuba, se han sucedido los períodos de un cierre mayor con otros de relajamiento, de acuerdo a multitud de factores que iban de la arena internacional al plano doméstico. De ahora en adelante no. La modificación de la ley deja establecido el parámetro a seguir.
De acuerdo a uno de los cambios establecidos en la ley, cualquier graduado de la enseñanza superior que participe en una investigación que se considere “vital” para el desarrollo de la nación queda excluido del otorgamiento del pasaporte y con ello de la posibilidad legal de salida. Lo que ocurre es que bajo una categoría tan amplia, y teniendo en cuenta los temores, la corrupción y la envidia imperante en la isla, cualquier jefe de, por ejemplo, el Ministerio de Cultura en un municipio, puede impedir que un licenciado en letras se vaya porque ha participado en un censo de los versificadores, y el dato es de “vital importancia”, ya que refleja el desarrollo cultural de la zona.
Como siempre, el gobierno hecha mano al socorrido argumento del “robo de cerebros”.  Solo que este llamado “robo de cerebros” no es más que un argumento tercermundista para ocultar la impericia de los gobernantes. En los hospitales de Estados Unidos hay médicos de India y Pakistán; en la universidades de este país, por ejemplo, aquí, en la Universidad de Miami, se encuentran ingenieros de alto nivel procedentes de los países árabes; en Madrid resulta fácil encontrarse con un facultativo que sueñe o busque ejercer en Londres. Todos estos casos reflejan un fenómeno intensificado con la globalización: las personas buscan vivir en donde se sienten mejor, se les reconoce más por su labor y son mejor recompensadas. Nada más natural, y no por ello los gobiernos tienen que establecer barreras que impidan la partida sino contribuir a crear mejores condiciones de vida en los lugares de origen.
En el caso de los profesionales cubanos, el gobierno da cada día nuevas muestras de que le interesan poco en la mayoría de los casos, cuando no puede explotarlos como fuerza de trabajo que alquila o exporta de acuerdo a conveniencias políticas. Lo demás es mantener en aumento un ejército de braceros encargados del suministro de remesas.
Es posible que ese ingeniero que sale de Cuba termine colocando antenas de televisión en Miami, o que ese médico que abandona una misión internacionalista nunca vuelva a ejercer, y sea simplemente un enfermero en esta ciudad. Pero es un destino propio, elegido sin que el Estado lo mueva como un peón de un barrio marginal de Caracas a un campamento en Haití, con independencia del beneficio que estos cuidados sanitarios puedan brindar a muchos. Tanto la supuesta bondad del régimen, como el beneficio económico que obtiene brindando servicios médicos en el exterior, se deben a la burda explotación de sus graduados universitarios, que en última instancia poco tienen que agradecer al gobierno.   

viernes, 19 de octubre de 2012

Los nombres del fracaso


El gobierno de Cuba anuncia la creación de la "Maltinga", una "bebida energética sostenible" hecha con moringa, y con ese nombre basta para condenarla al fracaso.
Algún día debe de escribirse la historia de la cadena de desaciertos a la hora de elegir los nombres en Cuba tras el 1 de enero de 1959, sea para un queso o para un cine.
Estos desatinos se destacan aún más por el hecho de que antes de esa fecha en la isla la capacidad para elaborar nombres publicitarios, identificar productos y establecer marcas competía con la publicidad norteamericana. En muchos casos, Cuba no se limitaba a copiar, sino adaptaba y creaba patrones publicitarios. Esa capacidad para la innovación lingüística no solo se había trasladado a la comedia radial, sino que llegó a la literatura en años posteriores, con la obra de Guillermo Cabrera Infante.
Pero mientras que en la propaganda el modelo cubano se limitaba a copiar consignas y lemas con mayor o menor éxito ⎯ya fueran soviéticas o de la guerra civil española⎯, y dejaba la creación en manos de diseñadores, lo que llevó a una producción de un rico contenido plástico y la retórica reducida al sofisma, en la publicidad todo se redujo a un mínimo carente de gracia y originalidad.
Esto obedeció, en primer lugar, a que la publicidad fue considerada sinónimo de capitalismo. Abolida su enseñanza en centros independiente y proscrita en la Escuela de Psicología.
A partir de ese momento, los sustitutos más absurdos fueron utilizados para tratar de borrar el pecado original de la publicidad. Dos de los que ofrecieron más tristes resultados fueron la apelación a nombres, hechos y situaciones del proceso independentista y el empleo de supuestos nombres aborígenes.
Así un cine en el centro de La Rampa, en El Vedado, fue rebautizado como Yara, y un queso azul de producción nacional recibió el nombre de Guaicanamar. Quizá a estas los cubanos ya se han acostumbrado a llamar Yara al cine, un nombre breve por cierto y que para las generaciones jóvenes debe tener una carga histórica menor, y el queso azul, por lo demás excelente, no debe existir. Guaicanamar seguirá siendo solo el nombre original de una zona geográfica.
Ahora Maltinga surge libre de esos temores y pretensiones, y es simplemente un facilismo, la unión a la carrera de dos nombres y  el deseo oportunista de ponerse a tono con las circunstancias.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La emigración del hijo pródigo


Como era de esperar, la nueva política migratoria del Gobierno cubano ha renovado de inmediato la eterna visión del vaso de agua a medio llenar: hay quienes saludan lo que podríamos llamar aspectos “positivos”, o se concentran a ver el vaso medio lleno, y otros destacan lo “negativo”, que es el vacío existente entre el contenido del líquido y el borde del vaso.
Sin embargo, esta discusión resulta interminable porque se produce en dos planos paralelos. Quienes ven un paso de avance en las nuevas medidas tienen toda la razón al destacar que hay una serie de duplicación de pasos y procedimientos engorrosos que han quedado anulados, al tiempo que se amplían plazos de estancia y se definen posibilidades, como la de que un exiliado permanente regrese a vivir a Cuba (algo que en casos aislados ya existía, pero que ahora se establece de forma extendida aunque regulada).
Por su parte, los detractores del nuevo decreto ley ven de forma acertada que las principales restricciones que por décadas han estado vigentes siguen en pie, y el Gobierno cubano mantiene el control absoluto para decidir  ⎯tanto de forma arbitraria como de acuerdo a sus intereses, la distinción es intrascendente en un régimen totalitario⎯ quienes salen y quienes entran. Es por ello que la acusación de que se trata solo de cambios cosméticos tiene una validez absoluta.
Pero más allá de esta discusión hay un terreno práctico, donde se va a mover la ley, y es el que interesa al Gobierno cubano. Aquí los objetivos son de dos tipos, y la ley está creada a la perfección para cumplirlos.
Uno es que la facilidad en los trámites y el alargamiento de los plazos de estancia tendrá consecuencias inmediatas en facilitar un incremento de viajes y permanencias en el exterior que desde el punto de vista económico beneficiará al régimen.
El otro es un fin político, y no se limita al repetido argumento de que el régimen busca “lavar la cara” o brindar un rostro más amable, de cambio y comprensión, sino que está destinado fundamentalmente a la descontextualización de la comunidad de Miami como un exilio político. Este proceso lleva tiempo en marcha y obedece a razones no solo dirigidas desde la Isla, sino también propias de un cambio de circunstancias, pero sin duda la ley se dirige a darle un puntillazo.
A partir de la promulgación del Decreto-Ley No. 302 resultará mucho más difícil argumentar que cualquier cubano que llega a suelo estadounidense es en alguna medida un refugiado político que merece una consideración especial. Aquí vale la pena detenerse brevemente, porque no se trata del otorgamiento del estatus de “refugiado político” a los efectos legales ni tampoco de la razón de ser de la famosa “Ley de Ajuste Cubano”, pero desde el punto de vista de imagen y propaganda, hay un cambio de circunstancias.
La Ley de Ajuste Cubano ⎯promulgada en 1966, durante la presidencia del demócrata Lyndon Johnson⎯ se fundamenta en que los cubanos no pueden ser deportados, ya que el régimen de La Habana no los admite, que en cualquier caso estarían sujetos a la persecución y que en la isla no existe un gobierno democrático. La medida deja a la potestad del Fiscal General, o sea el Secretario de Justicia, su aplicación y "ajuste", y para su cambio o abolición de forma adecuada requeriría de un acuerdo migratorio de mayor amplitud entre Cuba y Estados Unidos, especialmente en lo que se refiere al tema de las deportaciones de criminales, delincuentes o indeseables. Así que su mantenimiento no depende solo de Washington, sino también de La Habana. Pero indiscutiblemente es uno de los temas de propaganda predilectos del régimen, y a no dudar sus centros de repetición en el exterior se encargarán de hablar contra la Ley de Ajuste en los próximos meses.
Así que La Habana busca incrementar las ganancias económicas con los inmigrantes en general y especialmente con los que considera “respetuosos” y en el exilio llamamos “obedientes”, intenta alimentar los argumentos de propaganda en contra de la Ley de Ajuste y al mismo tiempo mantiene sin cambios el control no solo sobre la población que habita en la Isla y quiere viajar y regresar, sino también hacia aquellos que se fueron, algo que ha tratado de hacer siempre. Y además lo deja bien en claro. La tan esperada reforma migratoria se ha reducido, hasta ahora, a un decreto ley que modifica la Ley No. 1312 (Ley de Migración del 20 de septiembre de 1976).
En realidad no hay una nueva política migratoria, sino una vieja política migratoria, aún vigente, solo que “actualizada” o modificada. Pero la actualización no es tal, ya que la Ley de Migración que entrará en vigor en enero de 2013, aunque modificada, resulta completamente arcaica.
No solo la ley es engañosa al sustituir el permiso de salida por el permiso para tener un pasaporte, algo que no existía anteriormente simplemente por el vicio de duplicar la represión, sino porque se niega, de forma irracional, a admitir una pérdida de control sobre los que se han ido. Es como si el empleado de la finca de los Castros no pudiera nunca desprenderse del yugo.
En una inversión de la “Parábola del Hijo Pródigo”. No se trata del padre misericordioso ni del perdón hacia el hijo pecador. Es simplemente la negativa a romper el cordón umbilical. Todo se reduce, obligatoriamente, a que a su vuelta el hijo debe mostrarse arrepentido. Y su arrepentimiento tiene un nombre: pasaporte cubano.
Sin un pasaporte cubano, ningún nacido en Cuba puede regresar a la Isla.
Una vez eliminadas las restricciones de los permisos de entrada y de salida definitiva del país queda en pie la siguiente pregunta: ¿por qué los cubanos que salen de Cuba de forma definitiva, según las propias leyes del país, y se hacen ciudadanos de cualquier otro, especialmente Estados Unidos, tienen que renovar el pasaporte cubano para volver a entrar a su país de origen, aunque sea por unos días? Pero incluso esta pregunta pasa a un plano secundario ante una interrogante mayor: ¿por qué el gobierno cubano no cumple sus propias leyes?
Si la actual constitución cubana, en lo cual sigue las pautas de la Constitución del 40, no admite la doble ciudadanía ―y fundamenta que una vez que un cubano adopta una ciudadanía extranjera pierde automáticamente la cubana―, carece de sentido jurídico que al mismo tiempo exija el pasaporte cubano para entrar al país a quienes han nacido en la Isla, pero viven de forma permanente en el exterior y han adquirido otra ciudadanía.
La cuestión se ha complicado aún más tras la llamada Ley de Nietos, cuando decenas de miles de cubanos se hicieron ciudadanos españoles. Hasta ahora la adopción de la ciudadanía norteamericana podría considerarse traición, venderse al enemigo y cambiar al país por un pantalón de marca. Al hacerse españoles miles de cubanos han dado un paso más allá. No solo ―de acuerdo al punto de vista del gobierno cubano― han incurrido en todas las formas de deslealtad enunciadas anteriormente, sino han demostrado un enorme desprecio por la situación en que ha caído su país de origen. Las implicaciones son varias y las lecturas también, desde echar por tierra los ideales independentistas hasta estar más allá de conceptos en transformación en el mundo moderno, como es el de patria. Pero en lo fundamental están diciendo a las claras una sola cosa: la Cuba que ellos conocen no vale una peseta.
Para un gobierno que machaca hasta el cansancio un ideal nacionalista decimonónico ―y cuyos repetidores en el exterior pulsan una y otra vez la misma tecla― admitir la doble ciudadanía es demasiado. Pero tampoco parecen estar dispuestos a poner en práctica la ley, y despojar de la ciudadanía cubana a quienes no la quieren. Incluso dentro de Cuba se han dado casos de intentos de renuncia de la ciudadanía cubana, en que no se ha logrado que las instituciones gubernamentales cumplan con las leyes del país.
Esta doble trampa para el gobierno cubano es lo que impide que se lleve a cabo una reforma inmigratoria amplia y completa, como también contribuye a que el gobierno cubano no esté dispuesto a un diálogo profundo y abierto con quienes viven fuera de Cuba, salvo las reuniones ocasionales con el coro que aplaude y aprueba solo las resoluciones contra el embargo.
La clave en todo este asunto es que el régimen cubano no considera al pasaporte como un documento más, al que tiene derecho todo ciudadano, sino como un privilegio que se otorga como recompensa y se niega como castigo. Y al mismo tiempo quiere extender ese control al que partió. Este concepto medieval, del terruño y el origen, no solo es obsoleto desde hace mucho tiempo, sino que obliga a quienes se someten a ello a portarse como ingratos hacia el país que los acogió.
Si alguien se hace ciudadano estadounidense o español, y acepta viajar a la Isla con pasaporte cubano, está no solo tirando al cesto de la basura la ciudadanía adquirida ⎯y por lo tanto despreciando a la nación, el gobierno y la población de su nuevo sitio de residencia⎯ sino renunciando a sus derechos. Y a estas alturas del juego, ¿vale la pena obedecer al padre avaro y hacer el papel de hijo pródigo?
El coronel Lamberto Fraga Hernández (d), segundo jefe de la Dirección de Inmigración y Extranjería, y el teniente coronel Mario López Expósito (i), jefe del Departamento de Migración de dicha institución, hablan sobre las nuevas reformas migratorias con la prensa, el martes 16 de octubre de 2012, en La Habana (Cuba).
Este artículo aparece en la edición de hoy miércoles, 17 de octubre de 2012, de Cubaencuentro.

lunes, 15 de octubre de 2012

La risa de Biden


La buena noticia es que a partir del primer debate presidencial la campaña republicana ha girado hacia el centro. La mala es no ser lo suficiente tonto para creerlo.
Hasta hace pocas semanas parecía que el extremismo del Tea Party llevaba la voz cantante entre los republicanos. El largo proceso de selección en las primarias nos había acostumbrado a un candidato luchando por demostrar que era más reaccionario que sus contrarios. La elección del congresista Paul Ryan indicaba sin lugar a duda que la intransigencia fiscal y el auge por privatizar la seguridad social y convertir al Medicare en un sistema de vales, como los que en otra época otorgaban los patrones a sus empleados, era la palabra de orden. La presencia del sheriff Joe Arpaio, paseándose como invitado de honor en la convención republicana en Tampa, un recuerdo palpable de que el candidato Mitt Romney había declarado que deseaba extender las medidas anti-inmigrantes de Arizona para toda la nación.
Pero ahora parece que no. Todo aquello que presenciamos por largos meses ha quedado atrás. ¿Estamos ante otro Romney? ¿Ante otro Ryan? ¿Cuáles son los verdaderos, los anteriores o estos? Y todavía algunos se quejan de que el vicepresidente Joe Biden se riera tanto durante el debate.
Es lógico  que ocurran cambios de táctica electoral entre las campañas  primarias y  presidenciales. Durante la selección de su candidato, el campo republicano no solo estuvo tratando de demostrar las calificaciones de un futuro luchador, sino también puso a prueba la capacidad de resistencia de un contendiente. Por su parte, el presidente Barack Obama contó con la ventaja de no tener un contrincante dentro de su partido, pero eso al mismo tiempo lo alejó de un necesario fogueo e influyó en que adoptara una falsa confianza, una actitud distante y un tono catedrático que han resultado fatales según las encuestas electorales. La lid actual es una carrera de obstáculos, y era de esperar que el Presidente encontrara todos los disponibles en el arsenal republicano.
Ahora bien, lo que viene haciendo Romney una y otra vez, ahora con el apoyo y el eco de su consorte Ryan, es cambiar el discurso, lo adapta a las circunstancias, de acuerdo a la audiencia presente y al momento. Nada nuevo en ese político, que desde la anterior campaña ha sido catalogado reiteradamente como un camaleón. En Cuba, sencillamente le dirían que es un oportunista.
¿Qué es o era un oportunista en el argot cubano? Pues sencillamente una persona con un cargo, o que aspiraba a tenerlo, que cuando le preguntaban o se quejaban por la calidad de los frijoles respondía que lo importante era la comida de los niños, los “gloriosos” militares que guardaban las fronteras y defendían a la patria de una “agresión imperialista”. 
Romney se pasa la vida yéndose por las ramas, mintiendo, expresando medias verdades o tres cuartos mentiras y hasta el momento nadie le ha dicho la verdad a la cara: que es un mentiroso.
La lógica indica que el decir tantas mentiras, sacar tantos números de la chistera, distorsionar innumerables datos y fundamentar su discurso en clichés debe ser razón más que suficiente para descalificarlo en una elección presidencial. No es así. Vivimos en la “sociedad del espectáculo”, término acuñado por Guy Debord, y para el espectáculo la pregunta de si es real carece de sentido.  El triunfo de Romney en el primer debate no fue por lo que dijo sino como lo dijo: logro comunicar la apariencia presidencial, él también podría ser presidente de Estados Unidos, o mejor dicho, representar ese papel. 
Ese juego de apariencias no es algo limitado al actual candidato republicano. Es parte de una tergiversación en la sociedad actual que no hace más que intensificarse.
Hubo un momento en el debate vicepresidencial que se hizo claro una diferencia de enfoques que va más allá de una simple posición política. Al ser cuestionados sobre el aborto los contendientes, ambos católicos, expresaron que estaban en contra. Ahora bien, en el vínculo entre creencia personal, posición política y respuesta para ganar una elección es que se vio clara la diferencia entre ellos.
Mientras Biden fue simple y contundente, al expresar que no trataría de imponer a otras personas sus principios y creencias, Ryan se dedicó a repetir lo mismo que había expresado días antes Romney: que no era parte de su agenda cambiar la actual legislación sobre el aborto, pero que al mismo tiempo su gobierno sólo eligiría candidatos a magistrados para el Supremo que fueran “pro-vida”. Es decir, trató tanto de mostrar una imagen moderada como de quedar bien con esa base de votantes fanáticos al que debe su cargo. 
Así que no hay duda que la plataforma electoral republicana ha cambiado. Del fanatismo vocinglero ha pasado a otro más hipócrita y solapado.

sábado, 13 de octubre de 2012

La clase media en peligro


A partir de la primera de las dos convenciones partidistas ⎯el tema era mencionado en los discursos políticos, pero es entonces que adquiere una clave dominante⎯ el hablar a favor de la clase media ha definido en buena medida la campaña electoral en Estados Unidos.
No es, sin embargo, esta clase en sí lo que interesa primordialmente a los dos candidatos presidenciales, sino la asociación que se ha establecido entre la clase media y el votante independiente, neutral o aún indeciso. Sin que se mencione dicho enlace, es evidente que cada partido quiere ganar el voto de este grupo que aparentemente definirá las elecciones, y en este sentido poco queda por hacer en lo que vendría a ser el electorado de los extremos: los más pobres y los más ricos.
El candidato republicano Mitt Romney lo definió muy bien cuando habló del ahora famoso “47 por ciento” y el presidente Barack Obama no ha dejado de insistir sobre la necesidad de que quienes tienen mayores ingresos hagan una contribución fiscal mayor. De esta manera, la ecuación se define de forma muy sencilla: los más ricos deben de votar por Romney, ya que promete reducirle los impuestos y los más pobres por Obama, ya que asegura mantendrá los programas de ayuda social. Claro que la realidad es más compleja, pero a los efectos de la esperada votación las campañas de los candidatos se han comportado de acuerdo a estos parámetros.
Por supuesto que en el primer grupo hay no solo ricos, sino otros que se identifican con las políticas que favorecen a los más poderosos. Lo hacen por diversas razones, desde una especie de empatía hasta un sentimiento de pertenencia de clase por supuesto imaginario. Pero también por la identificación con una serie de valores que trascienden una definición económica estrecha, y en la que entran desde criterios familiares hasta valores económicos.
Para explicarlo mejor con una anécdota. Hace años conocí a una persona que había sido jefe de un turno de maleteros de la aerolínea Eastern en Miami. La Eastern desapareció de esta ciudad por un conjunto circunstancias que se pueden resumir como parte de la evolución económica nacional iniciada fundamentalmente a partir de la llegada de Ronald Reagan al poder. Conflictos laborales con sindicatos atrincherados en no solo mantener elevados salarios y amplios beneficios; costos elevados; una compra que sirvió solo para despedazar la compañía y venderla a pedazos y sobre todo un proceso de desregularización que al tiempo que intensificó la competencia con aerolíneas nacionales y de otros estados, y condujo a una rebaja en los boletos, puso al descubierto la debilidad de una firma atrapada en sus laureles.
Pues bien, este jefe de maleteros había acumulado un buen número de acciones de la Eastern, como parte de su plan de beneficios y soñaba con una vejez tranquila y honrada. Tras la bancarrota de la empresa, la liquidación por estas acciones se había reducido a un cheque anual por menos de un dólar (lo vi en más de una ocasión) y luego de varios años de desempleo había tenido la suerte de conseguir un trabajo peor remunerado, en que no era jefe de nada y mandadero de todos.
Lo curioso es que esta persona continuaba siendo un republicano furibundo, se mantenía al tanto de la Bolsa de Nueva York, aunque ahora no tenía acciones de ningún tipo. Cuando hablaba del culpable de la desaparición de la Eastern, se refería al expresidente demócrata Jimmy Carter, ya que durante el gobierno de éste se había iniciado el proceso de desregularización de la industria de viajes aéreos en Estados Unidos. Al intentar aclararle que esa medida y la estrategia tras ella no era más que un elemento del neoliberalismo que el alababa con fervor en George W. Bush, se negaba a entender y seguía aferrado en que el culpable era el demócrata Carter. Murió convencido de ello.
El que los electores no siempre votan de acuerdo a lo que es mejor para sus intereses personales es de largo conocido. No es, sin embargo, una condición universal. Los candidatos, por lo tanto, intentan convencer a quienes no pertenecen ni al grupo que los quiere ni al grupo que los rechaza. No es de extrañar entonces que, en una elección marcada por un elevado desempleo y una economía débil, las referencias a la clase media, que viene disminuyendo desde la época de Reagan, estén a la orden del día.
Hablar de la clase media está de moda, pero sin entrar en detalles. Con promesas y críticas al contrario. En lo que no entran en detalle, ninguno de los dos candidatos presidenciales, es en lo limitado de sus acciones para detener ese declive. El crecimiento de la clase media siempre fue el colchón para atajar las desigualdades, el antídoto perfecto ante la lucha de clases y la esperanza de millones. Ahora, tras la guerra fría, la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista, un desarrollo tecnológico impresionante y un avance sostenido del comercio global, el mundo asiste una época de crecimiento de las desigualdades económicas y sociales.
No solo en Estados Unidos, la clase media disminuye también en Europa. El paradigma latinoamericano, ese de pobres  muy pobres y ricos muy ricos, es el que avanza.
Así que cualquiera de los dos candidatos que salga electo, en última instancia, hará poco y conseguirá menos, en el supuesto caso que realmente le interese parar esa disminución e aumento de la clase media. Romney porque en primer lugar cualquier paso que intente en este sentido encontrará que afecta otros intereses más primordiales para él. ¿Cómo piensa ayudar a los miembros de la clase media? Poco ha dicho al respecto, salvo en lo que se refiere a las pequeñas empresas, a las que promete aliviar de lo que el considera regulaciones que traban su desarrollo. Obama tampoco ha avanzado muchas ideas concretas al respecto, y todo se reduce a su plan general en que el Estado sirva de apoyo a este sector, plan que tampoco se conoce en detalle, sólo en su filosofía. Por otra parte, Obama sí ha especificado una forma concreta que podría incrementar el sector medio, y es mediante la educación. Ayuda a estudiantes de nivel medio y universitario es sin duda un objetivo adecuado, pero no fácil de alcanzar en una sociedad en que los profesionales no siempre encuentran los trabajos adecuados. Un intento similar lo llevó a cabo, hace muchos años, el gobierno socialista español de Felipe González, y en estos momentos Madrid está lleno de taxistas a tiempo parcial que son graduados universitarios o técnicos de nivel superior.
Contrario a lo que se pensó en un primer momento, lo que podría considerarse la revolución postindustrial de las empresas dot.com y la internet no significó un crecimiento de la clase media y la pequeña empresa. En primer lugar porque tras el estallido de la burbuja gran número de ellas fracasaron, y en segundo porque se produjo un fenómeno de asimilación, en que la dot.com se adoptó como parte de una empresa ya existente, y los verdaderos triunfadores se convirtieron en grandes empresas con un personal reducido. De esta manera, la economía tradicional terminó controlando la tecnología, salvo casos excepcionales. Al final, el verdadero triunfo no se concreta hasta que no se cotiza en Wall Street.
Es curioso en este sentido, observar como ambos candidatos presidenciales, más que presentar una visión de futuro, prometen una vuelta al pasado. Su supuesto compromiso con la clase media no es más que parte de este espejismo. En estos momentos cualquiera de los dos puede lograrlo, pero ello no garantiza que Estados Unidos vuelva a los 50 como quiere Romney, ni a los 90 como quiere Obama.

viernes, 12 de octubre de 2012

Inquisición en Buenos Aires


En el debate vicepresidencial, el actual vicepresidente estadounidense Joe Biden asumió una actitud ejemplar ante el problema del aborto. Dijo que él, un católico practicante, se oponía a la práctica, pero que no trataba de imponer su criterio a otros.
Todo lo contrario de la actitud de un grupo de ultracatólicos argentinos, que actuaron como si vivieran en el Medioevo según la información de prensa.
Una mujer fue secuestrada el pasado 28 de julio. La llevaron a la Patagonia y la obligaron a prostituirse. Logró escapar de la red de trata de blancas, pero quedó  embarazada. Quiso abortar porque ahora la ley de Argentina lo permite.
Sin embargo, el alcalde de Buenos Aires, el conservador Mauricio Macri, anunció el día —el pasado martes— y el hospital en que se iba a llevar a cabo la interrupción del embarazo —Ramos Mejía— en un intento de boicotear la intervención, la primera que iba a practicarse con la nueva normativa.
Un grupo ultraconservador católico recogió el guante: interpuso una orden judicial que logró paralizar la intervención cuando la paciente ya estaba en el quirófano después de entrar de malas maneras en su habitación del hospital.
Esta insólita situación ha generado múltiples problemas añadidos a la víctima, de 32 años. De entrada, ella quería guardar el anonimato, entre otras cosas porque su familia no estaba enterada, pero al pregonar el alcalde los detalles su intimidad ha quedado expuesta a la vista de todos.
Al día siguiente del anuncio del alcalde, la asociación católica Pro Familia acudió a un juzgado para impedir el aborto. También organizó manifestaciones en los domicilios del director del hospital y de la propia joven, pero ella estaba ingresada en el hospital y en su casa estaban sus padres, que hasta entonces no sabían que su hija estaba embarazada, según reveló su abogado, Carlos Lucero Paz.
“El capellán del hospital, el padre Fernando, entró con la gente de Pro Familia a la habitación de la víctima, que está muy afectada por lo sucedido”, comentó el letrado. 
La legalización del aborto continúa encendiendo polémica en Argentina. Desde 1920 el Código Penal permite las interrupciones voluntarias del embarazo en caso de peligro para la vida o la salud de la madre o si el embarazo proviene de una violación a una mujer “idiota o demente”. Hasta marzo pasado, además, las embarazadas por una violación y con alguna discapacidad mental o menores de edad debían recurrir a la justicia para pedir permiso para la operación. Pero desde entonces ha dejado de ser así porque la Corte Suprema determinó que podía practicarse el aborto sin trámite judicial en todos los casos de violación, incluidas las de mujeres mentalmente sanas e incluso menores de edad. A partir de la sentencia del máximo tribunal de Argentina, la capital y cada una de las 23 provincias debían redactar sus protocolos para los llamados abortos no punibles.
De momento, solo cuatro provincias han redactado protocolos que se adecuan de forma correcta al fallo de la Corte Suprema, según la Asociación por los Derechos Civiles (ADC). Otros seis distritos, incluida la capital, redactaron los suyos, pero restringen lo estipulado por el tribunal, en el sentido de que limitan el aborto a las mujeres con incapacidad mental, según la ADC.
La oposición al alcalde Macri, integrada por el kirchnerismo, el centro y la izquierda, promovió una ley en el Poder Legislativo de Buenos Aires para permitir los abortos por violaciones en cualquier plazo y establecer que las menores de edad podían interrumpir sus embarazos sin consentimiento de sus padres.
La ley se aprobó por 30 votos a favor y 29 en contra. El pasado día 4 Macri anunció que vetaría la norma.
Un juez porteño rechazó el mismo día 5 la petición de Pro Familia, pero el pasado martes, el mismo día en que debía practicarse el aborto, una jueza federal, Miriam Rustán de Estrada, lo frenó.
En este caso, hubo un comportamiento inadecuado por parte de:
El alcalde, que hizo público los datos del primer aborto no punible, y así incumplió los deberes de funcionario público.
El director del hospital, porque ante las amenazas de Pro Familia, dio los datos de la paciente o permitió que se filtraran.
La jueza, que ha sido denunciada por prevaricación (al haber dictado presumiblemente una sentencia arbitraria a sabiendas de que lo es) y la asociación Pro Familia, por las amenazas contra la paciente cuando entraron en su habitación.
El capellán de la clínica, quien facilitó la entrada de los antiabortistas
Finalmente, la Corte Suprema autorizó el pasado jueves la operación, que se realizará en los próximos días.

lunes, 8 de octubre de 2012

Big Bird en peligro de extinción



Una librería española ofrece libros para llevar de forma gratuita, tantos como pueda cargar el lector. No se trata de un almacén donde se acumulan rastrojos editoriales. Los libros que cubren sus estantes provienen de donaciones, hechas no con el afán de quitarse de arriba algo inservible sino de compartir un producto de calidad. Está en el madrileño barrio de Chamberí, uno de los lugares donde vale la pena vivir y nunca falta el bar de la esquina que reclama Sabina.
Alguien podría pensar que la librería Libros Libres es una de esas cosas que inventan los europeos y tanto incomodan a ciertos estadounidenses, sobre todo si son republicanos. Pero la idea original no viene de España sino nació en Estados Unidos. El proyecto está inspirado en The Book Thing of Baltimore, una gran librería gratuita en esa ciudad norteamericana, según cuenta el periódico español El País.
De tantas noticias sobre política que aparecen a diario, en ocasiones uno tiende a olvidar que existe gente decente. Pero es así. El mundo no es solo el candidato presidencial republicano Mitt Romney o el gobernador de Florida Rick Scott.
Pocas verdades significativas dijo Romney durante el primer debate presidencial, aunque una se destaca: de ser presidente va a eliminar los fondos para la cadena de televisión pública PBS.
¿Y qué le ha hecho  a este señor Big Bird, para que de pronto quiera colocarla en la lista de aves en vías de extinción?
Dos cosas muy sencillas. Por décadas en el ideario republicano más reaccionario PBS no ha sido más que un despilfarro de dinero, donde se hacen programas tan inútiles como aquellos que denuncian la corrupción corporativa, las violaciones de las grandes empresas a la legislación vigente, la corrupción detrás de la Guerra de Irak, los cambios climáticos y la destrucción del medio, entre otros.
El segundo aspecto que lleva a Romney a rechazar la televisión pública es el desprecio que el candidato republicano tiene por la cultura.
Alguien que durante su juventud marche a París con el objetivo de lograr que los franceses dejen de tomar vino, y no se arrepienta de ese malgasto de años de vida, no solo está incapacitado para aspirar a la presidencia de este país, sino también al cargo de administrador del bar, digo del supermercado, de la esquina.
Sin embargo, en sus últimos discursos Romney ha decidido dejar detrás a Francia, un blanco favorito del republicano grosero, y hablar de los males que afronta la sociedad española actual. Los señala como un peligro del cual él salvaría a Estados Unidos.
Una vez más, miente y tergiversa. La crisis económica por la que atraviesa España ¾para hablar específicamente de los problemas de un país y no de la crisis europea en su conjunto¾ no obedece a un fracaso del programa de bienestar social, sino a la adopción de las mismas prácticas financieras que produjeron la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, aquí en Miami sin ir más lejos.
Algo muy distinto fue la incapacidad del anterior gobierno socialista para enfrentar a tiempo la situación.
El problema de España no fue una “redistribución” de la riqueza para el otorgamiento de beneficios sociales imposibles de sostener, sino en gran parte una “redistribución” de la riqueza en favor de los bancos y los vinculados a la clase política.
Aunque si se va a hablar de semejanzas con España, en donde éstas saltan es en ciertas tácticas de campaña electoral que comparten Romney y el actual presidente del gobierno español, Mariano Rajoy.
Este último llegó a la presidencia de su país no por ser un favorito de los electores, sino por el repudio, justificado en gran medida, que éstos sentían y sienten por los políticos socialistas.
Una crisis económica profunda y un elevadísimo desempleo llevaron a los españoles a optar por el candidato del Partido Popular, pese a que nunca presentó un plan definido de soluciones. Tras su triunfo, Rajoy se ha aprovechado de la situación para imponer un plan de austeridad y recortes que buscan reducir y eliminar beneficios sociales. Y, por supuesto, entre los afectados están los fondos para actividades culturales.
El peligro de que en Estados Unidos ocurra lo mismo que en España, de ser elegido Romney, no es un temor creado para una campaña política. Es algo real. Igual que en su momento hizo Rajoy, el candidato presidencial republicano no se cansa de lanzar promesas, que él mismo sabe no va a cumplir. Todo con el objetivo de ganar votos.
Mientras tanto, lo único cierto es que, si sale electo, va a eliminar lo que él considera superfluo, lo cual incluye la cultura. Ya que no pudo quitarle el vino a los franceses, al menos sueña con dejar a los niños sin Sesame Street.

domingo, 7 de octubre de 2012

Pregunta


Esta es una pregunta para todo aquel que ha trabajado en El Nuevo Herald. ¿Crees que existe una relación entre el reciente impulso de la furia autonómica en Cataluña y el hecho de que Roberto Fabricio se mudara para Barcelona en 2011?

Chávez, 1998

Todo los dictadores son mentirosos, lo único que algunos son más burdos que otros.

lunes, 1 de octubre de 2012

El aguacate y los Lada


Un vistoso aguacate entra por una ventana habanera para luego recorrer la televisión cubana. En el primer y breve trayecto pasa al campo contrarrevolucionario, para emerger luego con su verdadero rostro de prueba en manos de la Seguridad del Estado. El tránsito, de apariencia subrepticia, ha servido para descubrir al enemigo. Pero la acción gloriosa ha tenido un precio. Cuánto, no se sabe. Lo único que queda claro es que se ha tenido que pagar en cuc. La moneda inventada para salir de apuros, o para crearlos.
El peso cubano convertible (cuc) es el escape por la puerta trasera que el gobierno de los hermanos Castro puso a circular en 1994, para esquivar las dificultades económicas. La idea no es original sino adoptada de la Unión Soviética y, aunque existía con anterioridad, fue a partir del llamado “período especial” que comenzó a cobrar carta de ciudadanía. Despreciado a veces, objeto de burlas otras, el “chavito” tuvo que esperar a que el dólar fuera retirado de circulación, en noviembre del 2004, para empezar a tener un reconocimiento ideológico y hasta político.
A diferencia del dólar, la moneda del enemigo, el cuc es la cara más franca de la realidad cubana, o más bien de su irrealidad. Al mismo tiempo, y aunque el argumento no se esgrime lo suficiente o de tan conocido se olvida, el cuc representa la mejor justificación para que en la isla los ciudadanos exijan la salida del poder de los gobernantes actuales: Cuba es un país en que se paga con una moneda débil y se venden los artículos a precios fijados con otra mucho más fuerte.
Así que el video de la televisión cubana, destinado a desacreditar a Martha Beatriz Roque y otros opositores que realizaron una huelga de hambre en fecha reciente, se sustenta en premisas bochornosas para un gobierno incapaz de garantizar la venta de un producto agrícola que nunca fue un lujo en la mesa del cubano. Producto incluso de exportación a Miami antes de enero de 1959.
Hubiera sido mejor, y por supuesto más ético, que finalmente La Habana pudiera anunciar que en el país en el cual el Estado controla aún la parte más importante de la economía, la producción agrícola nacional es capaz de suministrar los alimentos suficientes y no hay que importarlos y pagarlos con divisa. No es cuestión de embargos ni de bloqueos, y eso incluso el actual gobernante Raúl Castro lo ha expresado, sino de producir, algo para lo cual se demuestra incapaz el actual gabinete en la isla.
En este sentido, los medios oficialistas y pro castristas buscan ironizar la actividad opositora, cuando la ironía mayor son precisamente estos argumentos verduleros. Tanto hablar de Martí, Marx, Engels y Lenin, para terminar recurriendo al choteo cubano..
Si para buscar desacreditar a un enemigo, los únicos argumentos que quedan son la triste envidia, que en la isla puede despertar que alguien reciba unos cien cuc del exterior, entonces el consumo ideológico que siempre ha caracterizado al sistema puesto en práctica por Fidel Castro se reduce a una búsqueda en el tacho de la basura, con el fin de sobrevivir.
Consumo ideológico y político que cada vez resulta más patético en ambos extremos del estrecho de la Florida. 
La información apareció en este mismo diario.  Desde Hialeah se embarcan para Cuba las piezas necesarias para mantener rodando a los viejos autos Lada en la isla. Un empresario de origen rusocubano, que desde hace seis años vive en Estados Unidos, puso en marcha el negocio, que en la actualidad está camino a extenderse.
La noticia nos pone frente a uno de los rostros más importantes de esa Cuba que se quiere llamar del futuro y ya es del presente. Al igual que ocurre cuando se muestra el fracaso de la agricultura cubana, en esta cara del éxito el embargo tampoco cuenta, y mucho menos hablar de bloqueo.
Hay además un aspecto de singular importancia: un negocio en Hialeah que depende de Cuba para su existencia. No es el único establecimiento en Miami que vive del comercio o los envíos a Cuba, pero en este caso vale la pena individualizar la venta de piezas de antiguos automóviles soviéticos para indicar un tránsito post-ideológico. 
No estamos ante un “hecho solidario y revolucionario”, tampoco nos encontramos frente a una demostración de apoyo desde el exilio. Es simplemente eso que funciona más allá de los argumentos ideológicos, y que siempre impone la realidad tras la oquedad del discurso: un negocio. La esencia del capitalismo. Algo común en Miami y cada vez más en Cuba. Lo que cada vez menos pueden evitar las campañas por televisión y las llamadas “batallas ideológicas”.