lunes, 30 de diciembre de 2013

Sin exilio no hay país


La noticia del año en Cuba durante el 2013 es que aumentó la dependencia económica de la isla con el exilio.
Se puede argumentar que esto no es nuevo, pero llama la atención que mientras La Habana necesita cada vez más a Miami en lo económico, en lo político y social  crece un sentimiento generalizado de disolución de fronteras, donde la ideología no ha sido relegada al cuarto trasero sino botada por la ventana, en ambos extremos del Estrecho de la Florida.
El exilio en general, y esta ciudad en particular, se han convertido en fuente de abastecimiento, donde al cliente se le hace creer que tiene la razón por el simple expediente de no preguntarle lo que quiere. Aquí uno se limita a pagar las cuentas.
Cada día que pasa salen más cubanos de la isla. Los cambios económicos no han detenido ese éxodo, que se ha incrementado tras la reforma migratoria.
Sin embargo, a diferencia de otras épocas, esta salida masiva no se traduce en ruptura sino en un desplazamiento temporal.
Los cubanos realizaron más de 250,000 viajes al exterior durante los primeros 10 meses de la reforma migratoria. Una cifra superior, en un 35%, a la de 2012 .
Entre el 14 de enero, cuando entró en vigor la reforma, y el 30 de noviembre “se registran 257,518 viajes” de cubanos al exterior, dijo el coronel Lamberto Fraga, segundo jefe de la dirección de Inmigración y Extranjería.
Los viajes los hicieron 184,787 personas, lo que indica que algunas han salido en más de una ocasión.
Los datos de viajes no representan salidas definitivas. Se calcula que el 58 por ciento de los que viajaron ya regresó al país.
Del total de viajeros, un 36% (66,510) viajó a Estados Unidos y aproximadamente un 64% (118,277) lo hizo a otro país, entre ellos Panamá, México, España y Ecuador.
Sin embargo, esta cifra no indica que el destino final de muchos de estos viajeros no sea Estados Unidos, sino que al carecer de visa estadounidense, se ven obligados a realizar un recorrido más largo.
Un buen ejemplo en este sentido lo constituye México.
El número de cubanos interceptados en México, mientras trataban de llegar a la frontera con Estados Unidos, se ha duplicado en los meses transcurridos desde que entró en vigencia la reforma migratoria.
La intercepción de cubanos indocumentados en México alcanzó las 2,300 detenciones desde enero hasta agosto de año, comparada con 994 durante el mismo periodo en 2012, según el Ministerio del Interior mexicano.
Las cifras no incluyen a quienes pudieron llegar a la frontera y no fueron detectados.
Así que a la forma tradicional en que se había manifestado la inmigración cubana, las salidas definitivas, ahora se ha unido este flujo migratorio que busca escapar de la mala situación económica, política y social imperante en la isla, pero que no “rompe” con el sistema.
Estos datos indican un movimiento que refleja una entrada creciente de dinero en la isla, que representa un aspecto vital para la economía nacional.
En una reunión del Consejo de Ministros previa al cierre de las sesiones anuales de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el vicepresidente Adel Yzquierdo dijo que una de las causas fundamentales por las cuales no se cumplió el plan de crecimiento económico fue debido a que no se logró el objetivo en la captación de divisas.
Lo que no es más que decir que la economía no mejora lo necesario. Olvídese de la moneda que emite el país —sea una o dos— porque no es siquiera papel mojado. La divisa es lo que cuenta.
Ahora bien, si los cubanos han podido viajar más no es sólo que han salido al exterior, sino que han vuelto al país con artículos y divisas. Por lo tanto, este aumento ha frenado un tanto la caída en la recaudación de moneda dura.
En otros renglones básicos para captar divisas, la economía cubana se ha quedado por debajo.
Por ejemplo, el gobierno cubano admitió que no se podrá cumplir el plan turístico previsto para el 2013, que aspiraba a recibir unos tres millones de visitantes. La cifra al cierre del año será de unos 2.8 millones de viajeros extranjeros, cifra similar a la del año anterior.
El vicepresidente Yzquierdo agregó en su informe que las industrias manufacturera y de la construcción tampoco cumplieron su planes de recolección de divisas.
También es posible que la disminución en las divisas se deba a que en estos momentos Cuba cuenta con menos petróleo que durante la época de Chávez, para revender en el mercado mundial, como hacía antes con el crudo proveniente de la Unión Soviética.
Así que Cuba a lo único que puede aspirar es a seguir produciendo inmigrantes, exiliados y viajeros. Son estos los pilares de la nueva industria nacional.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 30 de diciembre de 2013.


domingo, 22 de diciembre de 2013

Fidel y los retazos del pasado


Hay una versión castrista del cuento de la anciana que año tras año le echa a perder la Navidad a la familia, con el cuento de que para ella será la última.
Aquí es Fidel Castro quien se aparece de aguafiestas del exilio, recordándonos que aún está vivo y que además no piensa morirse en largo tiempo, que otros lo hagan por él.
Acaba de hacerlo Mandela y Fidel no habla tanto del muerto como del vivo. El vivo, por supuesto, es él. Dejó correr las especulaciones con su ausencia y silencio, y luego se apareció, primero con una fotografía y luego con un comentario tardío sobre el líder sudafricano. El Partido no será inmortal, pero el otrora Comandante en Jefe apuesta a que él lo es.
Puede argumentarse que esa táctica de dilatar sus apariciones y comentarios, para hacer creer que está más del otro lado que aquí, es sumamente barata, pero no deja de resultar efectiva. Quisiera un vendedor de automóviles en Hialeah contar con una propaganda tan eficaz.
Donde las cosas ya no son tan claras para Fidel es a la hora de escribir. Más allá de la pacotilla que despliega siempre en sus comentarios —esa sabiduría estilo la revista Selecciones que siempre lo acompaña—, lo que resulta patético es el aferrarse a una visión del mundo que no solo es caduca y pueblerina sino aburrida.
Solo la disciplina periodística justifica la lectura de la llamada por este periódico “columna de Fidel Castro”. Por lo demás, recomiendo la lectura de cualquier otra información, desde el desnudo de Sissi hasta el cumpleaños del Papa.
Lo que llama la atención en Fidel Castro es su autismo. Al final ha resultado que un hombre tan hablador y extrovertido, que durante décadas se estuvo reuniendo con tanto rico, poderoso y famoso, vive encerrado en un pequeño mundo, más parecido al de un barbero de esquina que al del gran estadista que siempre se supuso fuera.
Porque en lo de “pelarle” la cabeza a muchos, siempre lo hizo sin necesidad de tijera.
Castro dice en su escrito: “Los fraternales sentimientos de hermandad profunda entre el pueblo cubano y la patria de Nelson Mandela nacieron de un hecho que ni siquiera ha sido mencionado, y de lo cual no habíamos dicho una palabra a lo largo de muchos años”.
Sin embargo, lo que pasa a describir después —en medio de las digresiones e incoherencias a que nos tiene acostumbrado— son acontecimientos que desde hace mucho tiempo se saben al dedillo, desde la participación decisiva de las tropas cubanas en la guerra de Angola, la repercusión que para el fin del Apartheid tuvo la derrota del ejército sudafricano por parte de Cuba, las bombas nucleares en manos de Sudáfrica entonces y hasta la tan traída y llevada Batalla de Cuito Cuanavale.
Toda la información que escribe ahora Castro no solo es conocida gracias a libros como Conflicting Missions (Havana, Washington and Africa 1959-1976), de Piero Gleijeses, sino en las propias reflexiones de Castro, como la publicada en octubre del 2008, en que dejaba en claro que la guerra de Angola fue la segunda ocasión en que Cuba estuvo envuelta en un conflicto que podría haber desencadenado una hecatombe nuclear.
No hay comparación entre la Crisis de Octubre y la guerra de Angola en cuanto a la dimensión y las implicaciones del diferendo, pero ambas muestran que el gobierno cubano, con Fidel Castro al frente, no estaba dispuesto a detenerse frente a una amenaza de ataque nuclear.
Junto a este panorama de combatividad, peligro y una posible destrucción de grandes dimensiones, hay una historia más vulgar y menos heroica.
'”Sudáfrica no soportó el desafío y negoció, después que recibió los primeros golpes en esa dirección, todavía dentro de territorio angolano. En la misma mesa se sentaron durante meses los yanquis, los racistas, los angolanos, los soviéticos y los cubanos.
Allí estaba, entre los que discutían en favor de nuestra causa, Konstantín. Lo conocía ya, había tratado de evitar que se sintiera humillado por nuestra discrepancia y nuestros éxitos. Tenía sin duda influencia en el mando militar del glorioso Ejército soviético. Sus errores fueron la más importante contribución a la decisión adoptada por nuestro país de prohibirles a los racistas intervenir en Angola y de rectificar los errores políticos que había cometido la Dirección de la URSS en 1976”, escribió entonces Castro.
Es a Konstantín a quien Castro vuelve a referirse ahora: “El asesor principal no era, sin embargo, un Zhúkov, Rokossovski, Malinovsky u otros muchos que llenaron de gloria la estrategia milita.r soviética”.
Ese asesor soviético es el general Konstantín Kurochkin, que encabezaba la misión militar soviética en Angola. Es esa visión de la historia llena de rencor y lugares comunes la que repite Fidel Castro. Retazos del pasado. Balbucir de déspota.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 23 de diciembre de 2013.

domingo, 15 de diciembre de 2013

El argentino intranquilo


Pedro Robledo tiene la curiosa virtud de estar en el lugar inapropiado en el momento inapropiado. ¿O es todo lo contrario?
En marzo de este año Robledo, que es argentino y tiene 21 años, se encontraba en una fiesta en Buenos Aires cuando fue agredido por haber llevado a su novio.
El ataque provocó una ola de indignación y repulsa contra la homofobia en su país.
Fue entonces que, en su cuenta de Twitter, Robledo llamó “fuhrer” a la presidenta Cristina Fernández. Luego se arrepintió y le pidió disculpas, aunque siguió considerando autoritario al gobierno argentino.
De todo esto salió un encuentro entre Fernández de Kirchner y el joven, un artículo de la presidenta elogiándolo, y de condena a la agresión, y una fotografía.
La foto resultó una especie de “bendición” fortuita y futura, que acaba de salvar a Robledo de una estancia en un calabozo cubano, pero esto ya es historia actual y la segunda ocasión —al menos hasta el momento— de ese estar en donde no lo quieren.
Robledo y Valentina Aragona, miembros de la agrupación Propuesta Republicana (PRO), viajaron a Cuba como turistas, para conocer el país y participar en el encuentro sobre derechos humanos organizado por Estado de SATS, quien meses antes había hecho una convocatoria pública para la realización del evento. Así que no se puede hablar aquí de conspiración, reunión secreta o actividad subversiva para derrocar al gobierno de la isla
Las autoridades cubanas no solo les impidió asistir al evento. Tras elaborar una serie de acusaciones disfrazadas de pretextos para retenerlos, los agentes terminaron presentando un cargo kafkiano: la intención de asistir. No solo se es culpable de lo que se ha hecho, sino también de pensar en hacerlo. La mente te incrimina antes de que muevas un dedo.
En Cuba los turistas solo pueden transitar por ciertas zonas, destinadas precisamente a ellos, afirma Robledo que le dijeron los agentes en la isla, que incluso le mencionaron una enigmática “Ley 131312” según declaró en un programa de televisión argentina.
“Pero si lo que hice se puede hacer en cualquier parte del mundo”, afirma él que le dijo a la policía política. “Cuba no es el mundo”, le respondieron.
Eso tan peligroso, que produjo que él y Aragona fueran escoltados por al menos cuatro agentes hasta la escalerilla del avión de Taca que los llevó de regreso a su país se concreta en acciones muy simples: conversar con los cubanos.
Lo que se “puede hacer en cualquier parte del mundo”, fue para el gobierno cubano  motivo más que suficiente para realizar una detención en horas de la madrugada, para engañar a la pareja argentina y decirles que el cónsul de su país en La Habana los estaba esperando para acompañarlos, para el encarcelamiento de ella por varias horas y  para largos interrogatorios a ambos. Demasiadas acciones relacionadas con un fin único: intimidar a cualquier visitante extranjero en Cuba, a fin de que se mantenga con su mojito al sol o a la sombra, pero lejos del fuego político.
Al final, fue cuando los cubanos descubrieron la foto de Robledo con la presidenta argentina que la suerte comenzó a cambiar para los detenidos. Antes él había preguntado por cuántas horas permanecería preso. “Horas, no. Semanas”, dice que le respondieron. Una agresión en su país disminuyó el impacto de otra en el extranjero, pero ambas fueron actos de discriminación e injusticia.
Ni Robledo ni Aragona son políticos de profesión. Tampoco él tiene apariencia de guerrero y ella es una mujer menuda. Difícil explicarse el peligro que físicamente pudieran haber representado para el gobierno cubano.
Robledo tiene una activa presencia en las redes sociales y desde el brutal incidente que lo hizo conocido en Argentina participó en varios programas de televisión. También es columnista invitado en la web Infobae y fue nombrado coordinador del área de Diversidad e Inclusión en la Fundación Pensar, un centro de estudio y análisis. Tanto Propuesta Republicana como la Fundación Pensar están estrechamente vinculadas con Mauricio Macri, gobernante de Buenos Aires y opositor político de Cristina Fernández.
En cierto sentido Robledo vendría a ser la versión argentina del español Ángel Carromero, aunque en circunstancias diferentes y con profesiones distintas. A los dos los une ser jóvenes extranjeros que muestran un interés por lo que ocurre en la isla.
Aquí el vínculo es aquello que despierta el temor y desencadena la represión por parte del régimen de La Habana: la modalidad de romper el aislamiento a la oposición, no desde una proyección en el exterior sino con la presencia de ciudadanos de otros países en la isla.
La mala publicidad que acarrea este tipo de represión no importa al régimen. Más importante para él es mantener el control estricto —en realidad y apariencia— por encima de todo. El resto son palabras huecas, como las de Raúl Castro durante el funeral de Nelson Mandela en Sudáfrica. Declaraciones de momento. Esconder el garrote por un instante.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Cuba y Venezuela: escasez y represión


El presidente venezolano Nicolás Maduro ha aprendido muy bien la lección que le enseñaron en La Habana: recurrir a la escasez como una forma de represión.
Maduro lanzó una campaña de “saqueos controlados” y recortes obligatorios de precios bajo amenaza de arresto que ha enardecido al populacho, aunque el resultado final de este latrocinio es que los estantes de los establecimientos se quedan vacíos.
La maniobra no sólo le brinda una recompensa inmediata, propia de cualquier estrategia populista, de satisfacer anhelos y necesidades de una población de bajos recursos. Al repartir lo que no es suyo ni del Estado venezolano, Maduro se apunta un tanto alimentando envidias.
Sin embargo, los objetivos de largo alcance son aún más perjudiciales para el pueblo venezolano. Se trata de hacer girar la vida del ciudadano común alrededor de la necesidad imperiosa de adquirir lo necesario para sobrevivir. Los cubanos conocen muy bien esto: el “resolver” diario de productos a la vuelta de pocas semanas.
En un proceso que tiene como única razón de existencia el perpetuar en el poder a un reducido grupo, el mecanismo de represión invade todas las esferas de la forma más descarnada, y sin tener que detenerse en los tapujos de supuestos objetivos sociales, que en el proceso cubano desaparecieron o pasaron a un segundo o tercer plano hace ya largo tiempo.
En una ocasión, Fidel Castro le afirmó a un oficial de alto rango de la seguridad del Estado cubana que la conducta del gobierno chino en la plaza de Tiananmen demostraba que no sabía como reprimir al pueblo de forma adecuada, y por lo tanto éste se había visto forzado a la “dolorosa y poco placentera” tarea de “eliminar” a miles de sus ciudadanos.
Además de la represión preventiva, el régimen se ha valido de otros medios para impedir que los cubanos se rebelen. Uno de ellos, utilizado por décadas, ha sido
la escasez. La falta desde alimentos hasta una vivienda o un automóvil ha sido utilizada, tanto para alimentar la envidia y el resentimiento, como en ocupar buena parte de la vida cotidiana de los cubanos. Ahora Maduro transita el mismo camino.
En tal situación, la corrupción y el delito han reinado durante cincuenta años de proceso revolucionario. La escasez actúa a la vez como fuerza motivadora para el delito y camisa de fuerza que impide el desarrollo de otras actividades. No se trata de justificar lo mal hecho, sino de aclarar sus circunstancias. En resumidas cuentas, un análisis marxista de la crisis económica permanente que existe en la isla no debe excluir al mercado negro, la corrupción y el delito como importantes fuerzas de un mercado informal pero poderoso.
De ahí que resulte apropiado hablar de dos fuerzas opositoras frente al gobierno cubano. Hay otra disidencia en la isla. No son hombres y mujeres valientes que desafían el poder, porque forman parte del mismo. No gritan verdades, ya que se ocultan en la mentira. Ni siquiera se mueven en las sombras. Habitan en el engaño. Son los miles de funcionarios menores —y algunos no tan menores— que desde hace años desean un cambio, pero al mismo tiempo no hacen nada por conseguirlo. No por ello dejan de realizar una labor de zapa, por supuesto que para beneficio personal, que perjudica al gobierno.
En Venezuela está ocurriendo lo mismo. Las acusaciones de corrupción que lanza el poder chavista casi siempre son selectivas y con un claro objetivo político: desprestigiar a los opositores.
El régimen cubano siempre ha empleado a su conveniencia la distinción entre delito común y delito político. En una época todos los presos comunes estaban en la cárcel por ser contrarrevolucionarios, porque matar una gallina era una actividad contraria a la seguridad del país. Muchas veces a los opositores se les ha acusado de vagos y delincuentes.
La escasez también ha sido usada para incrementar la delación y la desconfianza, a partir de la ausencia de un futuro en la población manipulada como el medio ideal para alimentar la fatalidad, el cruzarse de brazos y la espera ante lo inevitable.
Hay que agregar además que, tanto en La Habana como en Caracas, al régimen no le basta con castigar a los independientes, quiere matar su ejemplo, enfangar su prestigio.

Con su vida fundamentada sobre el principio de la escasez, tanto económica como sicológica, tras el primero de enero de 1959 el cubano vive presa de la corrupción, que detesta y practica con igual fuerza. Desde los primeros fusilamientos hasta la Causa No. 1, es justificación y escape, motivo de envidia y rencor. El régimen de La Habana ha logrado como ningún otro gobierno anterior explotar la dicotomía de la falta de lo necesario para sobrevivir, y la corrupción actuando de respuesta para conseguirlo, como instrumentos represivos. Una penosa realidad que se repite ahora, al pie de la letra, en Venezuela.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Un banco para Cuba


Un ruego recorre las calles de Washington D.C.: Pregúntele al director de su sucursal bancaria. Acuda aunque sea al cajero automático de la esquina. Visite a su prestamista favorito. Por favor, ayude a encontrar un banco para el gobierno cubano.
Al paso que van las cosas, el Credit Union del Departamento de Estado va a terminar por hacerse cargo de la cuenta del gobierno de La Habana, afirma el periodista Rui Ferreira.
La administración del presidente Barack Obama declaró el miércoles que estaba “activamente” ayudando a la misión diplomática cubana en Washington a encontrar una nueva entidad bancaria dispuesta a administrar sus cuentas para que así pueda reanudar su labor consular.
El martes la Sección de Intereses de Asuntos Cubanos anunció que suspendía los servicios consulares, debido a que se había quedado sin banco que le gestionara sus cuentas. A unos pocos días del inicio de la temporada navideña, cuando miles de cubanoamericanos viajan a la isla, el régimen puso en el limbo el procesamiento de visas, pasaportes y cualquier tipo de documento.
Lo primero que llama la atención es que el banco había anunciado a La Habana en julio que dejaba de ofrecer sus servicios a las misiones diplomáticas, algo que se había mantenido en el más estricto secreto para dejar que la noticia explotara dos días antes de la celebración del Día de Acción de Gracias.
Lo segundo es que, desde el segundo párrafo del comunicado, el régimen de La Habana le echaba la culpa de todo a quien era de esperarse: “Debido a las restricciones vigentes derivadas de la política de bloqueo económico, comercial y financiero del Gobierno norteamericano contra Cuba, ha sido imposible para la Sección de Intereses encontrar hasta la fecha un banco estadounidense o de otro país con sede en Estados Unidos”.
Así que el martes por la tarde lo que estaba a la vista era el show de siempre de los hermanos Castro: el anuncio de una crisis. La conocida táctica de negociar desde una posición de fuerza.
Por una razón u otra, no es poco lo que el gobierno cubano acaba de hacer. A pocas semanas de que el presidente de este país reafirmara su política de “contactos pueblo a pueblo”, y de que pocos días después el secretario de Estado, John Kerry, repitiera lo mismo, La Habana echa por tierra esa táctica mediante una suspensión burocrática.
Lo curioso es que al gobierno cubano le bastó con una tarde de pequeño alboroto. En época de Fidel Castro, ya se hubieran realizado más de una “marcha del pueblo combatiente” frente a la Oficina de Intereses en La Habana.
Sin embargo, ahora es ese eterno enemigo de la revolución cubana quien se ha apresurado a decir que hay que buscar una solución.
Washington dijo el miércoles que colabora activamente con Cuba para hallar una nueva institución financiera que maneje sus cuentas financieras diplomáticas en Estados Unidos,  de acuerdo a un cable de la AP.
El Departamento de Estado señaló que M&T Bank, el banco estadounidense que manejaba las cuentas de Cuba cortó esa relación debido a una “decisión comercial” y que el gobierno estadounidense no tiene el poder de interferir ni ordenar a ningún banco que maneje la cuenta de una misión extranjera.
Agregó que la situación de Cuba no es única e indicó que el cierre de las cuentas de una embajada puede perjudicar las operaciones en otros puestos diplomáticos.
También es curioso este interés en despolitizar el asunto por parte de Washington.
Si bien es cierto que Cuba fue el último país al cual M&T Bank dejó de prestarle servicios luego que decidió no atender más cuentas de misiones diplomáticas, también lo es que el historial de trapacerías financieras del gobierno de la isla no lo convierte en un buen cliente.
Precisamente ha sido Estados Unidos quien no solo se ha encargado de descubrir estos manejos turbios, e imponer cuantiosas multas a los bancos, sino es la nación donde el Congreso aprobó una ley que prohíbe al gobierno cubano usar el dólar norteamericano en cualquier transacción comercial.
Por supuesto que la diplomacia tiene razones que la honestidad desconoce, y en más de una ocasión su conveniencia ha sido ayudar a un bandido. Así que es posible que en un plazo breve todo vuelva a la normalidad.
Caminaba una tarde por Viena, y en un barrio más bien modesto encontré la fachada limpia, pulida y hasta con ornamentos en oro, de un edificio más bien pequeño. Un cartel, también dorado, en lo alto del marco de la brillante puerta anunciaba que se trataba del banco que brindaba servicios a la república rusa y creo que a un par de países latinoamericanos. Traté de ver que había en común entre diversos grupos poderosos y con mucho dinero de esas tres naciones, pero no se me ocurrió ninguno publicable. La próxima vez que visite Austria buscaré el nombre de esa especie de tercer banco, quizá pueda ayudar en algo a los funcionarios cubanos.


domingo, 24 de noviembre de 2013

La marcha sin rumbo de la izquierda oficialista


En un artículo reciente sobre la polémica generada a partir del cierre de los cines privados en Cuba, el poeta y ensayista Víctor Fowler expresaba: “queda la amarga sensación de que la (vieja) retórica ha sido incapaz de elaborar algún discurso coherente para enfrentar a la (nueva) realidad”.
Retirado de circulación el discurso ideológico fundacional, quienes aún defienden el modelo cubano dan tumbos entre lo viejo y lo nuevo, incapaces de definir un rumbo.
Espero que no esté lejano el día en que esa izquierda cubana, oficialista o semioficialista, pueda actuar libremente y echar por la borda a Lenin.
Cuando pueda reconocer que la teoría y la práctica política del fundador de la desaparecida Unión Soviética tenía por objetivo crear un estado totalitario habrá dado un paso de avance.
Hasta entonces, se quedará en los márgenes, elaborando artículos para consumo fuera de la isla, mientras se mantiene cómplice de un régimen que niega las libertades más esenciales.
Poco hay que buscar en el llamado “socialismo del siglo XXI”, que postulaba el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez. Me cuesta trabajo admitir que las referencias al legado de Mao Tsedong en China y de Ho Chi-Minh en Vietnam que a veces citan signifiquen algo más que citas circunstanciales.
Quienes favorecen la idea de un gobierno socialista para Cuba cuentan con ejemplos suficientes en Europa, sin necesidad de recurrir al “fantasma de Stalin” para cargarlo de culpas y tratar de reinventar un pasado sin errores.
El modelo político-económico creado por Lenin fue no sólo un fracaso sino una aberración histórica. Pretender salvarlo es imposible. Su negación no es la negación del socialismo, o de un sistema que otorgue la prioridad necesaria a la justicia social.
Comprendo las dificultades que tienen los legítimos pensadores de una izquierda cubana a la hora de plantear estos problemas.
Hay dos aspectos claves sobre los que se definirán el futuro cubano: mejoramiento de vida de la población y libertad ciudadana.
Una gran interrogante es si los dirigentes cubanos cuentan con la capacidad y el valor necesarios para buscar una solución a estos problemas, tras la desaparición de los hermanos Castro. Otras preguntas tienen un alcance más largo. Queda por ver si el destino que aguarda a la isla es el restablecimiento de la democracia o algo similar a lo que ocurre en la  Rusia actual.
Aunque en ocasiones formulan críticas válidas sobre la situación imperante en Cuba,  los intelectuales orgánicos que aún quedan rezagados en la isla formulan sus opiniones dentro de un fárrago dominado por una retórica  caduca y maniatados por las cortapisas ideológicas.
Algunos por formación y otros por conveniencia, parecen condenados al uso y abuso de los modos de pensamiento y escritura que caracterizaron los años en los que en Cuba imperó un mal llamado análisis marxista o dialéctico de las situaciones, que en la mayoría de los casos se limitaba a explicaciones de acomodo. Ello es patente en el recurrir constante a las citas de autoridad y el no olvidar los socorridos pretextos y justificaciones.
El defender un modelo de justicia social —que realmente nunca existió en Cuba tras el 1 de enero de 1959— no implica el suscribir propuestas agotadas. Se puede estar a favor de la educación gratuita, servicios médicos a la población y renglones económicos de propiedad estatal sin tener que andar con las obras de Marx y Engels bajo el brazo. Y mucho menos tener que salvar a Lenin y echarle toda la culpa a Stalin.
Los que creen que el problema cubano radica en la forma que se ejerció la propiedad estatal de los medios de producción continúan transitando el camino equivocado. Colocar todos los recursos económicos de una nación en manos del Estado no resuelve los problemas sociales, sino que los aumenta. Hay que buscar soluciones alejadas del tipo de capitalismo o “caudillismo” de Estado que en la actualidad impera en Cuba.
Tras el pensamiento y las acciones del actual gobernante cubano no subyace otra ideología, sistema filosófico, social o político, que una retórica, un discurso de énfasis, gestos y lugares comunes, que sabe adaptarse tanto a la grandilocuencia dramática como a la sutil modestia y la ignorancia estudiada, y que trata de sacar provecho tanto de las desigualdades sociales como de apelar a los aspectos más irracionales de la conducta humana.
Adoptar este punto de vista no sólo evita los desaciertos cotidianos de discutir si resulta más adecuada una política de cambio bajo presión o sin presión. También facilita la saludable falta de esperanza de no buscar a diario señales de tolerancia o de avances hacia una economía de libre mercado en Cuba.
Tratar de conservar las ruinas del llamado “socialismo cubano” y edificar sobre ellas un futuro mejor para la nación es un ejercicio estéril: no se puede salvar lo que nunca existió.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Cuba y el ajiaco ideológico


El gobierno de Raúl Castro ha logrado algo que parecía imposible durante la época de Fidel: echar a un lado o reducir al mínimo los fundamentos ideológicos y aplicar un pragmatismo que no significa adaptarse a la realidad, como han supuesto algunos, sino todo lo contrario: ajustar esa realidad al propósito único de conservar el poder.
Una visitante reciente a la isla se expresaba en estos términos, al referirse al proceso de “actualización” del régimen: “la falta de mensajes oficiales que orienten sobre el proceso o expliquen el significado de los mismos, hace pensar en la falta de un proyecto integral concreto. De hecho más que ideologización ‘orientadora’, para dirigir el proceso, como cabría suponer en un régimen autoritario, hay una completa desideologización”.
Sin embargo, lo que a los ojos europeos de la profesora española Sonia Alda es un vacío que “solo puede generar desorientación y desconcierto” —según escribió en un agudo artículo publicado en Infolatam— en la práctica cubana es un acomodo que un día avanza y otro retrocede, pero siempre busca conservar el poder.
Contrario a lo esperado por algunos, el agotamiento ideológico del modelo marxista-leninista no desembocó en un desmoronamiento del sistema.
Si quienes viven bajo las ruinas del socialismo cubano son sujetos moldeados por una época en que se produjo una amplia distribución de algunos derechos sociales —como tener un trabajo asegurado y el acceso gratuito a los servicios de salud y educación— que con los años experimentaron un cada vez mayor deterioro, son también ciudadanos con un precario entrenamiento para ejercer derechos civiles y políticos, o en general poco preparados para asumir riesgos a la hora de obtenerlos.
El gobierno de La Habana ha hecho todo lo posible por mantener esa condición, timoneando de acuerdo al momento pero sin soltar el control del rumbo.
En lo que se refiere al aspecto cultural e ideológico, en los años previos al mandato de Raúl Castro el régimen mantuvo dos maniobras para tratar de encaminar el deterioro ideológico: el nacionalismo posmarxista, adoptado como elemento fundacional del proceso, y la despolitización de escritores y artistas.
Luego, en los últimos años, ha sido capaz de prescindir de ambos o relegarlos al “departamento de asuntos sin importancia”.
Una maniobra puesta en práctica durante la última etapa de Fidel Castro al mando de los asuntos diarios del poder, pero que se vino a emponderar con el gobierno de Raúl y a partir de la “guerrita de los emails”, se ha caracterizado por la transformación definitiva del “intelectual orgánico” en un creador hasta cierto punto neutral, en lo que respecta a una militancia política activa, aunque fiel guardador de los “valores patrios”.

Al dar muestras de agotamiento el nacionalismo católico, a comienzos de este siglo, algunos de los portavoces de la ideología oficial iniciaron un desplazamiento hacia el llamado “socialismo del siglo XXI”, propuesto por Hugo Chávez en Venezuela.

El problema con esos cambios oportunos —o menor, oportunistas— fue que, desde el punto de vista teórico y fundacional, carecían de solidez y solo sirvieron de espejismos al uso para justificar un acercamiento al poder o al dinero. A ello hay que agregar que, como el lugar que antes ocupaba la teoría lo comenzaron a llenar los medios masivos, el debate se ha permeado de mezclas absurdas.

De esta forma, el intentar montar en el mismo carro a Bolívar y Marx, en el mal llamado "socialismo del siglo XXI", no ha resultado más que un disparate que solo unos pocos intelectuales han tratado de justificar.
Si bien para sostener estos ajiacos ideológicos, por momentos el régimen de La Habana ha necesitado tanto controlar la lectura como la escritura, también se ha percatado de la existencia de cierta permisividad inofensiva, que no afecta su capacidad de sobrevivir e incluso le brinda cierta publicidad adicional, sobre todo en el exterior.

Sin embargo, aunque se han producido avances en Cuba, al analizar los límites de la tolerancia no deja de imperar un panorama sombrío.
La razón de ello es que más allá de casos específicos, géneros mencionados y momentos históricos, aún el gobierno cubano, y los intelectuales que lo defienden, fundamentan su política cultural en una administración territorial de la creación y en practicar una aduana política, que permite pasar a unos y a otros no.
La publicación de ciertos libros, temas y autores marginados no es lo suficientemente fuerte como para romper la lógica de la exclusión.
Frente a este desmembramiento cultural e ideológico, en la actualidad se debaten varios proyectos en la isla, por parte tanto de esa intelectualidad que con diversos matices mantiene cierta cercanía con la posición oficial —hablar de colaboracionismo en la mayoría de los casos es exagerado— como  dentro de esa gama que comprende a la sociedad civil, disidencia, activismo y periodismo independiente, y cada vez es más amplio y complejo. Dichas posiciones merecen un artículo aparte.
Esta es mi columna en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 18 de noviembre de 2013.