lunes, 7 de enero de 2013

Gross, la infamia totalitaria y la torpeza demócrata


El senador John Kerry, nominado por el presidente Barack Obama para convertirse en el próximo canciller estadounidense, mantuvo un encuentro secreto con el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, como parte de las gestiones realizadas en 2010 por el gobierno de Estados Unidos para lograr la liberación del subcontratista Alan Gross, según la revista Foreign Affairs.
Un mes antes el subsecretario adjunto de Estado, Arturo Valenzuela, también se había reunido con Rodríguez, gracias a la mediación del gobierno de España, con igual objetivo. En esa ocasión, y de acuerdo a la publicación, el canciller cubano se limitó a un “sermón” de alrededor de una hora sobre el historial de quejas que por lo general el gobierno cubano saca a relucir cuando le conviene.
Lo que ofrecían los funcionarios y políticos estadounidenses era una reducción y cambio de los programas de la USAID mientras que los “cubanos expresaron confianza” en que Gross sería liberado tras el juicio a celebrarse en marzo de 2011, de acuerdo a la información de Foreign Affairs.
Sin embargo, los encuentros no condujeron a solución alguna.
De acuerdo a Foreign Affairs, cuyo artículo aparece glosado en The Miami Herald, varios factores intervinieron para que las conversaciones no avanzaran.
De parte de Estados Unidos la intervención de Bob Menéndez, en defensa de los programas en la primavera de 2011, logró que la Casa Blanca desestimara la mayoría de los cambios.
Por parte de Cuba, un presidente Raúl Castro que según Foreign Affairs, enfrentaba una oposición, dentro de las esferas de poder en la isla, a las reformas económicas. A ello se unió que un jurado en Estados Unidos declarara inocente a Luis Posada Carriles de los cargos por violación de las leyes migratorias.
 “En última instancia, Estados Unidos al parecer retrocedió  frente a una oportunidad para sacar a Gross de la prisión y propinarle un golpe a las anticuadas políticas de la Guerra fría … El lobby cubanoamericano había ganado”, escribe el autor del trabajo en Foreign Affairs, RM. Schneiderman.
Sin, embargo, más allá de los factores que se enuncian en la información, hay otro más convincente: en realidad el gobierno cubano estuvo tanteando la situación, pero sin un verdadero interés de liberar al subcontratista estadounidense. Al menos, no de forma tan fácil. Y es que, por otra parte, y de acuerdo a los objetivos cubanos, lo que Washington estaba ofreciendo era muy poco.
En última instancia, el régimen lleva décadas neutralizando el desarrollo de cualquier intento que establezca vías que debiliten el control estricto que se mantiene sobre la población, y que permitan dar un paso más allá de las líneas permisivas marcadas desde la Plaza de la Revolución.
Desde que Fidel Castro llegó a La Habana tras su triunfo del 1ro. de enero, hay decenas sino cientos de conversaciones y encuentros secretos, a niveles más o menos altos, que han terminado en nada. 
Que con Gross este ocurriendo lo mismo casi no es noticia, y al final, más allá de la necesaria labor de dar a conocer lo ocurrido, las dos informaciones aparecidas sobre los encuentros no van mucho más allá de colocar dardos a uno y otro partido, buscar lascas ideológicas y una pequeña muesca aquí y allá.
En este sentido se destaca el supuesto papel que se le atribuye, en el intento por liberar a Gross, a Fulton Armstrong, un importante miembro de la Comisión de Relaciones del Senado y analista de la CIA.
Armstrong es una especie de “bestia negra” en algunos sectores de la ultraderecha republicana, en especial en lo que se refiere a Cuba. Por ello no extraña que en la información publicada en Miami se acompañen dos opiniones de republicanos en su contra, ninguna a su favor, y una mención que algunos podrán considerar insidiosa, pero que también es verdadera, de que Armstrong fue colega en el Pentágono de Ana Belén Montes, quien fue arrestada en 2001 y cumple una condena de 25 años por espiar para Cuba.
Hay otros datos sobre la carrera de Armstrong que no se mencionan en la información de The Miami Herald, lo que se entiende porque él no constituye el ángulo principal del artículo, aunque sí parece haber sido una figura clave en el intento. Son datos que ayudan a comprender ese rechazo tan fuerte en algunos sectores del sector más conservador dentro del Partido Republicano, tanto en Miami como en Washington.
El arresto y condena de la espía Ana Belén Montes intensificó la continua crítica de algunos legisladores, funcionarios del entonces gobierno de George W. Bush, así  como exiliados cubanos en Miami, sobre los informes de inteligencia elaborados en Washington —especialmente los del Pentágono— respecto al peligro que pudiera significar Cuba para EEUU.
Montes participó en la redacción de un controvertido informe del Pentágono —entregado al Congreso en marzo de 1998— donde se afirmaba que La Habana no representaba una amenaza para la seguridad nacional norteamericana.
El documento no fue bien recibido por el exilio de línea dura. Luego que se conoció la existencia de la espía, quienes desde el principio criticaron la evaluación han afirmado una y otra vez que sus sospechas se vieron corroboradas por los hechos.
Sin embargo, con el tiempo ha empezado a quedar claro que la misión de Montes fue principalmente el ofrecer información al gobierno cubano, al tiempo que su influencia en la toma de decisiones y en la elaboración de políticas hacia Cuba resultó mínima.
Informes posteriores, realizados sin la participación de ésta, han confirmado la misma apreciación sobre la capacidad ofensiva del régimen de Castro.
Hay, sin embargo, un hecho innegable. Montes pertenecía al grupo de trabajo sobre Cuba formado por miembros de distintas agencias. Otro miembro de este grupo era Fulton Armstrong, un analista de la CIA que ya para entonces se había destacado por criticar un discurso del ex embajador ante Naciones Unidas y ex subsecretario de Estado, John R. Bolton, sobre la amenaza bioterrorista de La Habana. 
Armstrong fue uno de los expertos que supuestamente Bolton trató de que fueran despedidos (en este caso que la CIA lo sacara de la nómina) por sus críticas a la posición extremista y cargada de ideología de Bolton.
Armstrong es un analista con más de 35 años de experiencia. Su nombre salió al dominio público por primera vez en las audiencias sobre Bolton para embajador ante Naciones Unidas—algunos consideran que de forma inapropiada, ya que se encontraba trabajando como agente encubierto en el exterior—, pero su labor no es ajena a los académicos y periodistas dedicados al tema cubano..
Con un dominio perfecto del mandarín y el español, Armstrong trabajó en la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana a finales de los años 80. Luego desempeñó el cargo de director del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional para un área que incluía a Cuba. En 2000 fue asignado como principal analista de inteligencia para América Latina del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC).
Durante esos años realizó informes de inteligencia sobre Cuba, Nicaragua, Haití y Venezuela.
Según la publicación neoconservadora The Weekly Standard, Armstrong escribió un estudio sobre inteligencia para la CIA en 2002, ya desclasificado. El estudio destaca la existencia de cuatro prioridades diferentes en los asuntos de interés nacional, de las cuales sólo dos son de una “importancia estratégica genuina”.
Armstrong califica a las medidas políticas de EEUU hacia Cuba en la tercera de estas categorías. Estas medidas no están, por lo tanto, destinadas a resolver un problema de prioridad nacional. Todos los asuntos concernientes a la isla —así como las respuestas de Washington— carecen de lo que el analista considera una real importancia estratégica.
Dice Armstrong: “En ocasiones, cuestiones que no afectan a la nación en su conjunto son elevadas a la categoría de interés nacional debido al poder de los electores. Al tiempo que en un sentido general son consistentes con el interés nacional, estas prioridades políticas favorecen a los intereses de un grupo sobre otros. Estos electores presentan de una forma muy activa sus enfoques [sobre una cuestión considerada de interés nacional], pero sus opositores consideran éstos soslayan aspectos más importantes”.
Luego se pregunta: “¿Debe un analista aceptar el punto de vista de intereses muy particulares y limitados, como una expresión válida del interés nacional, cuando una administración parece apoyarlos?”.
Es este tipo de enfoque el que provocó que durante el primer período del gobierno de George W. Bush, Bolton y Otto Reich —entonces secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental— trataran de que Armstrong y otros fueran trasladados y dejaran de brindar sus servicios como analistas para el Departamento de Estado.
Lo interesante aquí es el ver como, al igual que en el cine hollywoodense de los 30, 40 y 50 del pasado siglo, los mismo actores vuelven a desempeñar papeles importantes en los repartos de los nuevos escenarios. Bolton, luego de desempeñarse como asesor en temas internacionales en la campaña del derrotado Mitt Romney, es el único que ha quedado fuera. Kerry es muy probable que sea ratificado como secretario de Estado y entonces Menéndez quedará al frente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. No hay que dudar que la saga cubana continuará ofreciendo nuevos capítulos.
Por lo pronto, el siguiente capitulo es probable que se produzca tras el anuncio hoy de la designación del ex senador republicano Chuck Hagel para secretario de Defensa.
El también republicano senador Marco Rubio ha dicho que buscará congelar la nominación de Hagel debido a que éste se opone al embargo del gobierno estadounidense contra el régimen cubano.
El ex senado Hagel declaró en 2008 que la política de Estados Unidos hacia Cuba era “anticuada, irreal e irrelevante”. Una opinión, por otra parte, compartida por buena parte de los mandos militares de esta nación.
Así que los desacuerdos sobre la mejor política con respecto a La Habana continúa siendo un tema de controversia, mientras Gross sigue en la cárcel.

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