domingo, 17 de febrero de 2013

El “Sueño Americano” y el “Sueño Cubano


Empecinarse, exagerar e insistir son rasgos típicos del exiliado, escribe Edward W. Said al caracterizar una condición de la que participaba. Mediante ellos el expatriado trata de obligar al mundo a que acepte una visión que le es propia, “que uno hace más inaceptable porque, de hecho, no está dispuesto a que se acepte”, según Said.
Esa negativa a adoptar otra identidad, a mantener la mirada limitada y conservar las experiencias solitarias marca a quienes han sufrido cualquier tipo de exilio, con independencia de raza y nación.
El problema con los cubanos se ha vuelto más complejo con los años, al mezclarse las categorías de exiliado, refugiado, expatriado y emigrado entre los miembros de un mismo pueblo.
El exiliado es quien no puede regresar a su patria —la persona desterrada—, mientras que los refugiados son por lo general las víctimas de los conflictos políticos. El expatriado es aquel que por razones personales y sociales prefiere vivir en una nación extraña y el emigrado es cualquiera que emigra a otro país.
En el caso de Cuba, salvo un buen número de expatriados que vivían en Europa u otras partes del mundo —por lo general nunca en Miami— y podían entrar y salir de la isla sin problema, el resto de emigrantes cubanos podía reclamar la categoría de exiliado, porque se le impedía el regreso, a veces temporal y siempre definitivo, a la patria, aunque no todos “practicaran” el exilio con igual fuerza. Todos además, incluidos los expatriados, tenían que atenerse a un “código político”. Al mismo tiempo la mayoría podemos reclamar la etiqueta de “víctimas”.
Ahora todo esto ha cambiado. La reforma migratoria en Cuba no solo ha abierto la posibilidad de que la mayoría de quienes constituyen la comunidad exiliada visite la isla, sino incluso ha entreabierto la puerta del regreso para los interesados en vivir en un país en ruinas y sin posibilidades de ofrecer trabajo, por lo que en el supuesto caso de regresos, estos se producirían fundamentalmente entre los ancianos y  retirados.
Aunque en un primer momento el efecto de los cambios migratorios se ha sentido fundamentalmente en la isla, a un mediano plazo Miami experimentará también una transformación, tanto ideológica como económica.
Hasta hace poco, y a grandes rasgos, la comunidad exiliada de Miami se podía dividir en dos categorías fundamentales: una que manifestaba un anticastrismo militante, al menos verbalmente, y rechazaba por completo todo lo que viniera de la isla; otra que expresaba lo que podría llamarse un “anticastrismo apático”, que si bien no comulgaba con el régimen de La Habana tampoco mostraba mucho interés en manifestar, en el terreno local y cotidiano, ese rechazo. La diferencia no era tanto ideológica y política como de escala de valores: en unos el rompimiento con la isla había sido tan completo (fundamentalmente porque marcharon al exilio antes y ya no tenían familiares en la isla) que no les interesaban tender nuevos puentes; otros habían llegado después, posiblemente aún conservaban familiares en Cuba, y conocían otra realidad que habían vivido durante años del proceso revolucionario.
Esta caracterización en dos grandes grupos ⎯que deja fuera sectores minoritarios de simpatizantes del castrismo, en su mayoría por frustración y conveniencia, o cubanos integrados por completo a este país, ya sea por vínculos familiares o circunstancias específicas⎯ ha comenzado a resquebrajarse con el surgimiento de un tercer grupo, para el cual tanto el castrismo como el anticastrismo resulta cosa del pasado, cuyo lugar de residencia son las zonas de esta ciudad que guardan menor relación con Estados Unidos, y cuyo futuro laboral y capacidad de ingreso es posible que siempre se encuentre por debajo del necesario para alcanzar el “sueño americano”, pero que al mismo tiempo será el suficiente para lograr el “sueño cubano” de vivir en el exterior.
Estos cubanos que van a vivir entre dos países, que en la actualidad cuentan con la posibilidad de ser a la vez residentes estadounidenses y residentes cubanos, se están constituyendo en un tercer grupo demográfico ⎯aunque aún no político⎯ dentro de la comunidad exiliada cubana de Miami.

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