martes, 26 de marzo de 2013

¿La tercera sorpresa portuguesa?



1974. La “revolución de los claveles” sorprende a Europa y al mundo. No solo abre la posibilidad de la creación de un Estado socialista en Europa continental, sino que es la validación de una ideología de izquierda radical —aunque en este caso específico sin violencia extrema y sin sangre— en que la causa tercermundista tiene la palabra, y algo más: tiene la primera palabra. Portugal no mira a la Unión Soviética sino a Cuba; se apoya no en el marxismo tradicional sino en una especie de “teoría de la liberación” donde los papeles están invertidos: los militares no reprimen al movimiento social sino que lo crean e impulsan. Claro que no se trata de la clase militar tradicional europea —elitista y aristócrata— sino de los jóvenes oficiales de baja graduación, que provienen de la clase media y han sido enviados a África para luchar en una guerra colonial que rechazan.
1976. Los socialistas ganan las elecciones legislativas y Mário Soares se convierte en primer ministro. Es el inicio de una nueva época, donde Portugal, con pasos equilibrados pero continuos, paulatinamente abandona una retórica comunista y de justicia social —que incluso había permeado fuertemente su constitución— y se decide a lograr el desarrollo y el pase al primer mundo mediante la integración europea y la vía de un capitalismo neoliberal avanzado. Los logros son notables —en 1986 se une a la Comunidad Económica Europea, en 1995 entra en el Espacio Schengen y en 1999 es una de las naciones fundadoras de la eurozona y que establecen el euro como moneda— pero también las dependencias: puesta en marcha de programas económicos establecidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 1977–78 y 1983–85. Pero el balance global, entre socialismo y neoliberalismo parece inclinado definitivamente a favor de este último.
2011. Negociaciones con el FMI y la Unión Europea. La nación tiene que acogerse a un plan de ajuste para estabilizar sus finanzas. Por un tiempo el país se comporta como el “alumno modelo” para la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI). Por ejemplo, en las urnas, la frustración ciudadana lleva a una derrota aplastante del socialista José Sócrates y a la victoria del conservador Pedro Passos Coelho. Todo parece encaminarse a que, como está ocurriendo en España, los principales causantes de la crisis sean al mismo tiempo los más beneficiados. Millones para los bancos y recortes para la población. Sin embargo, esta situación cambia en septiembre de 2012. Las manifestaciones obligan al gobierno de Passos Coelho a dar marcha atrás en sus planes de recorte de las contribuciones sociales a las empresas para subírselas a los empleados, lo que hubiera equivalido a una reducción generalizada de sueldos de un 7%.
El Gobierno había lanzado una iniciativa en otoño para recortar gastos, a través de una reforma de pies a cabeza del Estado. Pidió ayuda al FMI para identificar dónde deberían realizarse los recortes. El FMI identificó recortes al gasto público por 4.000 millones de euros, enumeró despidos a gran escala de funcionarios públicos y reducciones en pensiones; también sugirió recortar en educación, sanidad y prestaciones por desempleo para ahorrar dinero. Todo ello en el peor momento posible. En la actualidad los portugueses sufren las mayores subidas de impuestos de las últimas décadas mientras el Gobierno trata de aumentar los ingresos para asegurar que se cumplen los objetivos presupuestarios incluidos en el rescate.
Portugal entró en su recesión más profunda desde los años 70 el año pasado y el desempleo está en máximos históricos, por encima del 16 por ciento.
Los recortes del gasto pretenden preparar el sector público del país para cuando expire el rescate de la Unión Europea y el FMI. Según el plan de rescate, está previsto que Portugal vuelva a financiarse por sí mismo en el mercado de bonos en la segunda mitad de este año.
A la inestabilidad económica se une ahora la agitación política, con anchos sectores de la sociedad portuguesa que manifiestan su insatisfacción con el Gobierno de coalición de centro-derecha liderado por Passos Coelho, según un artículo aparecido en Infolatam: El agravamiento de la coyuntura económica agita situación política en Portugal.
Quien visita Lisboa se sorprende ante el contraste entre una pintada en una pared callejera, a favor de la toma del poder por los comunistas, y una conversación de varias horas en una marisquería, donde comunistas, socialistas, conservadores y neoliberales, empleados públicos, pequeños empresarios, profesionales en paro e intelectuales, discuten por cuatro o cinco horas y continúan siendo tan amigos como siempre.
Ese raro equilibrio entre manifestaciones verbales y escritas de belicosidad política, junto a un sentido de la camaradería y la amistad que derriba barreras, quizá sea único y privilegio de los portugueses.
Una mezcla que se define perfectamente en los conductores de taxis, que suelen ser los más amables del mundo y al mismo tiempo conducen de forma temeraria, corren por las calles como si no hubiera límites de velocidad y no aceptan sugerencias de ruta.
Tal vez la idiosincrasia portuguesa influyó decisivamente en ese florecimiento  de una revolución sin sangre y su apagamiento posterior sin odio ni rencores. Pero de nuevo se están creando las condiciones para que Portugal nos dé otra sorpresa. Lo que aún resulta imposible de predecir es si marcará una pauta, que rompa este ciclo de crisis-rescate que está hundiendo a Europa, o si retornará la zaga del desarrollo político, social y económico europeo.

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