martes, 30 de abril de 2013

¿Qué está buscando Diosdado Cabello?



Diosdado Cabelllo es la expresión del fascismo poschavista en su forma más cruda y brutal. Pero no solo eso. El exgolpista compañero de Hugo Chávez es también uno de los peores enemigos del presidente venezolano impuesto, Nicolas Maduro. Cabelllo quiere sembrar el caos en Venezuela, generar más violencia y terminar imponiendo una dictadura de izquierda sin cortapisas ni tapujos. Quiere ir más allá del autoritarismo de Chávez y Maduro, e imponer una dictadura militar similar a la que sufrieron hasta fechas relativamente recientes otros países sudamericanos, aunque de signo ideológico contrario.
Lo que cuenta aquí no es que Cabello esté actuando como el enemigo solapado de Maduro. Lo realmente importante es tratar de impedir que el caos y la violencia se apoderen de Venezuela. En este sentido, la actuación del diputado Julio Borges resulta ejemplar.
Que Cabello se muestre cada vez más como un verdadero enemigo para Maduro no es consuelo ni esperanza. Tampoco algo nuevo. Desde que se supo que era imposible una recuperación de Chávez —pese a las declaraciones sin sentido que sobre su salud emitían sus miembros de gobierno— para muchos venezolanos estaba clara esa amenaza. También para el gobierno de La Habana. Tanto Raúl como Fidel Castro deben haber aconsejado cautela al nuevo gobernante venezolano, durante la reciente visita de este a Cuba.
Queda por ver si desde Cuba se pueda evitar la situación de caos que amenaza a Venezuela. En cualquier caso, todos los pronósticos no pueden ser menos que pesimistas. No siempre el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Que Cabello termine por lograr el fin del gobierno de Maduro sería la peor opción para Venezuela. La única esperanza es la actuación ecuánime que hasta el momento está demostrando la oposición parlamentaria. Las declaraciones de Borges, tras nuevamente haber sido golpeado y ultrajado, son de una lucidez y un valor impresionante.
Los organismos internacionales deberían comenzar a mostrar algo más que una actitud de indiferencia ante lo que sucede en Venezuela, antes de que la situación empeore aún más. Es lamentable no poder tener optimismo alguno al respecto.

Quienes piden mantener a Cuba en lista de países que apoyan el terrorismo



Tres congresistas cubanoamericanos han solicitado al Secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, que Cuba no sea eliminada de la lista de países que apoyan el terrorismo.
“Junto con Mario Díaz-Balart y Albio Sires, hemos enviado al Secretario de Estado John Kerry una carta pidiéndole que mantenga a Cuba en la lista de estados que apoyan el terrorismo”, dijo la congresista Ros-Lehtinen en el Doral, una ciudad que pertenece al condado Miami-Dade, de acuerdo a una nota publicada en El Nuevo Herald.
 “La razón que citamos es porque sabemos sobre el caso del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate, aviones sin armas que estaban en misión humanitaria, y que Fidel y Raúl Castro ordenaron el derribo de esos aviones. También sabemos que Cuba le ha dado refugio a más de 70 prófugos de la justicia estadounidense y solo la semana pasada una ex funcionaria del Departamento de Estado fue acusada de espionaje contra Estados Unidos”, agregó la congresista.
En la carta los legisladores también consideran otras razones, que a su criterio hacen que la presencia de Cuba en la lista sea indispensable, entre ellos que Cuba alberga a miembros de la organización terrorista vasca ETA y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y ofrece “santuario” a fugitivos de la Justicia estadounidense, incluyendo a Joanne Chesimard, acusada de matar a un policía estatal en Nueva Jersey.
También recordaron que una exempleada de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID, en inglés), Marta Rita Velázquez, fue acusada por EEUU de conspirar para cometer espionaje al ayudar a reclutar a Ana Belén Montes para que espiara para el Gobierno cubano.
“Ninguna evaluación de la verdadera naturaleza de la dictadura en Cuba estaría completa sin examinar la brutal represión del régimen contra activistas pro-democracia y cualquiera que intente penetrar el bloqueo de información del régimen”, agregaron.
Los legisladores citaron ejemplos de informes sobre una escalada de la represión en los últimos meses contra las Damas de Blanco, periodistas independientes, líderes religiosos, artistas y muchos otros.
Los congresistas deben ser apoyados en su caracterización del régimen cubano como un sistema totalitario. Dictadura, tiranía, totalitarismo son conceptos que, pese a sus diferencias, pueden ser empleados a la hora de caracterizar la forma en que se ejerce el poder en la isla. Es algo mucho peor que un gobierno autoritario. Es un control total sobre la vida de los ciudadanos, que pese a ciertos cambios ocurridos en los últimos años —que por otra parte no hay que dejar de reconocer— aún domina por completo la vida de sus ciudadanos, no respeta los derechos humanos y no permite la democracia.
Sin embargo, la determinación de si un país esté regido por un gobierno democrático o por cualquier forma de régimen dictatorial no es lo que determina la permanencia de esa nación en la lista. Por ejemplo, no aparecen Arabia Saudí, China y Pakistán, que sobre todo en este último caso existen muchas razones para que se encuentre en la lista más que el caso de Cuba.
No es una lista de naciones que sufren dictaduras, sino de países que se ha verificado apoyan el terrorismo. En la actualidad, Cuba no cumple ese requisito.
La mayoría de los argumentos que aparecen en la carta de los legisladores caen de lleno en una clasificación de sistema totalitario, pero no guardan razón alguna con el apoyo al terrorismo internacional. Otros simplemente hacen referencia a hechos del pasado. En lo referente a miembros de ETA, muchos de los cuales —aunque no todos— se encuentran en Cuba por un acuerdo realizada cuando el gobierno de Felipe González, llama la atención la falta de reclamo en ese sentido por parte del gobierno de España, tanto el anterior como el presente.
Podría calificarse de ridícula la mención a las FARC, cuando en este momento se llevan a cabo, precisamente en Cuba, negociaciones entre la guerrilla y el gobierno colombiano.
En este sentido, uno de los argumentos de mayor peso es la presencia en la isla de fugitivos de la justicia estadounidense, pero se trata de casos ocurridos en el pasado, algunos de ellos que ni siquiera caen en la definición actual de terrorismo, y no de miembros de grupos que en representen una amenaza presente al suelo estadounidense. Nada de lo anterior excluye la necesidad de buscar una solución al respecto ni de intentar que la justicia alcance a los culpables, pero utilizar esto para justificar la presencia de Cuba en la lista de países que apoyan el terrorismo despierta la sospecha de recurrir a un pretexto.
En una información aparecida en The Hill se mencionaba que la congresista Ros-Lehtinen le había dicho a la publicación que eran cuatro los legisladores que participaban en la carta, e incluía el nombre del legislador Joe García. De ser cierto lo publicado en The Hill, hay que felicitar a García por esta muestra de independencia de criterio.
Contrario a lo que pueden pensar algunos, la exclusión de Cuba de la lista no es una muestra de debilidad y tampoco una concesión al régimen de La Habana. Es todo lo contrario, una señal de fortaleza y seguridad. La amenaza terrorista es algo demasiado serio para ser utilizada en un rejuego político.

La lista y el pulso en Washington






Legisladores cubanoamericanos presionan a la Casa Blanca para mantener a Cuba en la lista de países que apoyan el terrorismo, de acuerdo a un artículo de Julian Pecque en The Hill.
Los congresistas están presionando al gobierno de Obama, con el objetivo de mantener a la isla en dicha lista, mientras el Departamento de Estado se prepara para dar a conocer su informe anual.
Los cuatro cubanoamericanos que son miembros de la Cámara de Representantes están preparando una carta conjunta para enviarla al secretario de Estado, John Kerry, en la que dicen que ellos creen que el gobierno de la isla aún cumple los criterios formulados en 1979 por la legislación que estableció las sanciones.
Por su parte, los tres cubanoamericanos en el Senado también se han manifestado verbalmente a favor de la permanencia de Cuba en la isla, luego de ser agregada en 1982.
La representante Ileana Ros-Lehtinen (R-FL) le dijo a The Hill que ella está colaborando con los representantes Mario Diaz-Balart (R-FL), Albio Sires (D-NJ) y Joe García (D-Fla.) en una carta en que urgen al Departamento de Estado el mantener al gobierno cubano junto al de Irán, Siria y Sudán.
Este esfuerzo ha surgido en medios de rumores de que los diplomáticos estadounidenses piensan que Cuba debe ser excluida de la lista, para dar paso a un mayor entendimiento con el régimen de Raúl Castro. El Departamento de Estado ha negado vehementemente esos rumores.

lunes, 29 de abril de 2013

Berta Soler, Vigilia Mambisa, el dinero y los viajes



Berta Soler pidió el lunes que se mantengan el embargo comercial y los límites a los estadounidenses para viajar a la isla, hasta que el gobierno de Raúl Castro “reconozca los derechos humanos”, de acuerdo a una nota publicada en El Nuevo Herald.
Al menos hay dos aspectos que vale la pena destacar en esta declaración.
Uno es ese llamado a limitar los viajes a la isla, de parte de una persona que se ha beneficiado de una disminución notable de las restricciones a los cubanos para visitar otros países. Es cierto que en el caso de Cuba sus ciudadanos no tienen una libertad completa para entrar y salir del país —y que también a los residentes en el exterior se les obliga a obtener un pasaporte cubano, pese a tener otra nacionalidad en casi todos los casos—, pero los límites existentes no implican que no se haya producido un avance relativo, respecto al cierre a las salidas que existía con anterioridad.
Si se trata de aprovechar el hecho de que el Gobierno cubano ha aliviado las restricciones migratorias, el énfasis no debe hacerse en imponer o mantener las limitaciones impuestas por Washington.
El segundo aspecto que llama la atención es que se trata de una declaración política, no una denuncia específica de violaciones sino un apoyo a una política propugnada por un sector del exilio de Miami. Para ello, la única justificación esgrimida a favor del embargo y las restricciones de los viajes es que el régimen de Raúl Castro no reconoce los derechos humanos. Aunque la afirmación es válida, formularla con tal amplitud deja un amplio margen —demasiado amplio— para quien la formula. En este caso, casi cualquier país del mundo, comenzando por Estados Unidos, puede ser acusado de no “reconocer” los derechos humanos.
En el caso de Berta Soler, desde su llegada a Estados Unidos ha sido muy clara en identificarse con el grupo más reaccionario del exilio cubano en Miami, y reafirmar algunas de las exigencias fundamentales de ese exilio, como el mantenimiento del embargo y la prohibición del turismo estadounidense a la isla. No resulta gratuito que un grupo extremista de esta ciudad —su vocación por el ridículo no impide que representen lo más retrógrado de la comunidad exiliada— buscó acercarse a ella durante el acto en Coral Gables. Por supuesto que la representante de las Damas de Blanco no es culpable de que dicho grupo buscara “robar cámara”, pero no deja de llamar la atención el contraste que el grupo estableció entre la cercanía con Soler y el repudio ante Yoani Sánchez. Las afinidades electivas no nacen en un solo lado.
Uno de los problemas con este énfasis es que se entra en el terreno de las formulaciones políticas amplias —podría decirse que vagas— que no es un terreno propicio para hacer avanzar una agenda específica de lucha contra la represión. En este sentido, hablar de que los cambios que lleva a cabo el gobierno cubano son solo “cosméticos” no es más que una manera fácil de expresar una verdad a medias: si por una parte los cambios no son tan amplios y rápidos como muchos quieren, y por la otra a veces se deben a presiones creadas por circunstancias específicas, nada de lo anterior impide el señalar que en la actualidad la situación cubana no es la misma que hace apenas unos meses. De lo contrario, Soler no estaría visitando Europa y Estados Unidos.
El contrastar la situación actual con la existente antes de la llegada de Raúl Castro a la presidencia especifica algunos de los problemas que en la actualidad enfrentan no solo las Damas de Blanco sino la disidencia en general: ¿cómo mantener la afirmación de un avance en la lucha por la democracia cuando en realidad la pauta la sigue marcando el gobierno cubano, y los viajes al exterior de los opositores son un ejemplo de ello?, ¿cómo mantener vigente una organización que ya cumplió el objetivo para el cual fue creada? y ¿cómo proclamar independencia cuando se apoya públicamente una agenda acorde no solo a un sector del exilio, sino a la representación de este en las esferas del poder estadounidense? Todo esto puede resumirse en la enorme discrepancia entre objetivos y resultados, que en gran parte se explica por la represión imperante en la isla, pero que también presenta una zona menos fácil de justificar, en que los fines se convierten en medios y las personalidades compiten entre ellas.
En el caso específico de las Damas de Blanca, el grupo nació con un objetivo muy preciso: mujeres luchando por la salida de prisión de sus familiares encarcelados injustamente. Este objetivo se cumplió. En su dimensión doméstica, se encarnaba en parte la fuerza de la organización, pero también sus limitaciones. Demostraron coraje al enfrentarse a las turbas organizadas por el régimen, aún lo siguen demostrando, pero esta valentía estaba en función de lograr una meta justa y concreta. No quiere esto decir que se le niegue la razón de existir a las Damas de Blanca, pero en este caso el grupo debe adquirir una proyección mayor y no limitarse a las acciones por las que se dieron a conocer, ya que esta es la única forma de librarse de la sospecha de vivir de glorias pasadas.
Hay también un factor que siempre estuvo muy claro en la primera etapa de las Damas de Blanco, y que la líder fallecida Laura Pollán siempre dejaba en claro: no eran un grupo político ni respondían a una agenda política. Declaraciones como las que ha venido realizando Berta Soler desde su salida de Cuba no contribuyen a esta imagen de un grupo empeñado en la lucha a favor de los derechos humanos y no en la política.
De una dependencia excesiva a lo que ocurre en Estados Unidos se salva buena parte de la oposición pacífica cubana más joven. No es el caso de Berta Soler. Su petición de “mano dura” con el gobierno cubano está dirigida fundamentalmente a Washington, pero muchos estadounidenses podrían preguntarse si el pueblo cubano en general adopta dicha política. Al igual que también tienen su derecho a dejar a cada cual, dentro de Estados Unidos, la opción de viajar a la isla, y asumirla como un derecho natural a viajar y no una norma impuesta por un gobierno, republicano o demócrata. Cuando Soler hace una distinción entre visitantes cubanoamericanos, que “por lo menos llevan algún dinero y otros beneficios a sus familiares” y viajeros estadounidense que “gastan la mayor parte de su dinero en hoteles y sitios turísticos propiedad del Estado” está incursionando en un terreno que no le pertenece. Los necesarios y justos reclamos a la democracia en Cuba son un problema que toca fundamentalmente a los cubanos, no a los extranjeros. Se puede solicitar solidaridad, pero eso de apoyar restricciones a simples ciudadanos de otro país, cuando al mismo tiempo se proclama el estar a favor de eliminar las existentes en el propio, no muestra mucha consecuencia o indica una afinidad que además de política da la impresión que responde a otros intereses.
Hay que agradecer a Berta Soler el ser muy clara en sus planteamientos. De acuerdo a un video divulgado por martinoticias.com, en Estados Unidos ha solicitado zapatos y ropa para la disidencia. También, en una comparación no muy afortunada, ha dicho que tanto Martí como Fidel Castro recibieron ayuda del exterior. Lo que olvidó fue que en los dos ejemplos que menciona la ayuda se recaudó en su mayor parte entre la comunidad exiliada cubana. Al contrario de lo que ocurre en la actualidad, ya que desde hace décadas la ayuda a la oposición pacífica cubana proviene del gobierno de Estados Unidos. No hay que demonizar tampoco esa ayuda, y los opositores en la isla no son una excepción, dentro de la amplia gama internacional de grupos que se benefician en igual sentido, pero aquí de nuevo surge la cuestión de los resultados tan limitados a lo largo de lo que ya son décadas. Si en el exilio se sebe contribuir a la alimentación, vestido y calzado de una oposición que no encuentra posibilidad de trabajar en la isla, el realizar este welfare con fondos de los contribuyentes estadounidenses ya es otra cuestión.
Fotografía: Berta Soler con miembros del grupo Vigilia Mambisa en Miami.

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