miércoles, 24 de abril de 2013

Ahora resulta que



El embajador cubano en México, Dagoberto Rodríguez Barrera, dice que la “evaluación educativa debe sustentarse en principios universales, lejos de las ideologías y basado en preceptos científicos”, de acuerdo a una información de martinoticias.com.
“En educación no debe usarse la política porque los errores cuestan generaciones”, subrayó Rodríguez durante una reunión de trabajo con el ministro mexicano de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor.
Bueno, a mi y a muchos esto nos debe parecer muy bien. El problema, el eterno problema con Cuba, es que estas declaraciones que a algunos nos deben parecer sorprendentes, se producen de vez en cuando y responden a circunstancias de momento, en que la cúpula que gobierna desde la Plaza de la Revolución decide dar un giro, en ocasiones de 180 grados, y establecer como lo más natural del mundo lo que hasta ayer estuvo prohibido. Esto no es más que cambiar un dogma por otro.
Las declaraciones del diplomático se producen luego que el Ministerio de Educación de Cuba (Mined) anunciara el jueves que trabaja en una reforma del sistema nacional educativo, que abarcará contenidos, estrategias docentes y currículos escolares de las enseñanzas desde preescolar hasta preuniversitario, y cuyos primeros cambios podrían empezar a aplicarse en 2014. Es difícil que con anterioridad se hubiera atrevido a formular tales declaraciones, aunque también es verdad que en esto no se aparta de la actuación de cualquier diplomático en cualquier parte del mundo.
El diplomático cubano sostuvo que la enseñanza de las artes y la cultura en el sistema educativo es la clave para ayudar a la juventud a tener una vida sana, inculcarles valores y con ello reducir la violencia y la inseguridad, razones por las cuales Cuba está en permanente revisión de su sistema educativo.
Por décadas no solo la enseñanza en Cuba estuvo fundamentada en principios ideológicos, algo que recoge la propia Constitución del país, sino que se establecieron rígidos criterios que prohibían, por ejemplo, que quienes practicaban la religión católica fueran maestros.
Palabras como las pronunciadas por el embajador cubano en México no son más que otro ejemplo de esa tendencia en Cuba de desplazar la ideología por las praxis, cuando basta con el aspecto pragmático, o por el espectáculos, en momentos que hay que recurrir al sainete. Aquí ha sido suficiente una apelación a la ciencia, mientras se representa a un país que cada vez más se sumerge en la superstición, el oscurantismo y el caos.

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