domingo, 7 de abril de 2013

Gotha a Gotha



El sitio desde el cual Mao Tse Tung proclamó el socialismo en China, frente a la plaza de Tiananmen y antes de entrar o salir de la Ciudad Prohibida, continúa en pie. Tanto si uno es chino como extranjero, se debe parar y contemplarlo hasta con cierta reverencia. De lo contrario, siempre un policía o agente de seguridad está dispuesto a recordárselo al visitante. Poco importa si a unas cuantas cuadras hay tiendas lujosas, de las más famosas marcas capitalistas. El maoísmo no ha perdurado en China, pero algunos de sus símbolos sí. Al parecer los cubanos tendrán mejor suerte: el escenario desde el cual Fidel Castro declaró el carácter socialista de la revolución amenaza con derrumbarse.
Poco se ha hecho desde que el pasado año se desalojara a las familias que habitaban el destartalado Edificio Sarrá, en la esquina de 12 y 23, en El Vedado, informa en Cubanet el periodista independiente León Padrón Azcuy.
Ni el “monumento” erigido para resaltar el nuevo destino de Cuba está a la vista de los ciudadanos. Se ha tapiado con planchas de zinc, sin dar explicaciones, escribe Azcuy.
Aunque hay planes para restaurar el inmueble, es difícil que éstos se materialicen, debido tanto a la magnitud de la obra como a la incapacidad del gobierno.
De acuerdo al periodista, el “proyecto incluiría la reparación o sustitución de toda la parte hidráulica, sanitaria y eléctrica en todos los apartamentos, sustitución  del acero que esté en mal estado, levantamiento del piso de todas las aéreas comunes, suplantar la caseta del ascensor y poner uno nuevo, así como el levantamiento de la escalera y caseta, entre otras acciones”. Tarde, mal y nunca, agregaría cualquier cubano de a pie.
Ese miedo al avance, a extender y profundizar unos cambios que son inevitables, volvió a ponerse de manifiesto en la edición del jueves 4 de abril del diario oficial Granma, donde aparecer en comentarios del gobernante Raúl Castro, durante una reunión del Consejo de Ministros celebrada el pasado martes, en que expresa: “Tenemos que resistir a las presiones de quienes insisten en que debemos ir más rápido”.
Consideraciones políticas a un lado, y dentro de su propia línea de “actualización” del modelo, Castro se equivoca en asociar la lentitud con algo bien hecho, cuando suele ocurrir lo contrario: la demora no es más que un indicador de la torpeza.
Ese empeño en lentificar cualquier alternativa no es sinónimo de triunfo, y más allá del pretexto de recurrir a un imaginario conflicto entre fuerzas opuestas dentro del propio gobierno, cuando se sabe que Castro tiene un control absoluto sobre el aparato militar, que es en definitiva la garantía de control del país, solo se explica mediante un afán irracional en dilatarlo todo con la esperanza de que todo quede igual. También constituye una expresión de desprecio hacia las necesidades de la población.
En este sentido, se elimina un centro de acopio aquí y otro allá, pero el Estado continúa adquiriendo las cosechas a los campesinos, para luego dejar que se pudran en los propios campos, por falta de transporte, ya sea a causa del caos, la corrupción y la falta de camiones o combustible. Se entregan tierras, pero no se logra aumentar de forma notable la producción de alimentos.
En el mismo Consejo de Ministros se produjo el anuncio de que las empresas estatales podrán crear fondos propios a partir de sus utilidades para invertir, investigar y estimular a los trabajadores con pagos por “resultados”. La noticia aquí no es que se establezca esta medida, sino el asombro de que no se hubiera hecho antes. Su anuncio sólo indica lo apegado que continúa el régimen a un sistema caduco en todo el mundo, y lo ridículas que pueden ser las normas anunciadas para cambiarlas, no porque no sean necesarias, sino por sus limitaciones.
Esto es posible en un sistema totalitario donde se mantiene un control férreo tanto político como económico, y en que solo a consecuencia del desempleo y una carencia total de recursos ha sido posible una menor centralización, pero limitada a renglones reducidos de una economía de subsistencia.
Una nación donde, en la mayoría de los casos, la existencia de una visión critica sobre la situación del país, entre los todavía intelectuales orgánicos que residen en la isla, se ve matizada por el hecho de que se encuentran dentro de un fárrago dominado por la retórica y las cortapisas ideológicas.
Ello es patente en el recurrir constante a las citas de autoridad, el no olvidar los socorridos pretextos y justificaciones internacionales, las alabanzas a Fidel Castro y Raúl regadas por las respuestas y el empleo sistemático de esquemas, opiniones y análisis pasados de moda, pero de ortodoxia comprobada: ¡Por favor, olvídense de la Crítica al Programa de Gotha!

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...