miércoles, 24 de abril de 2013

La marca Payá



Ni el Movimiento Cristiano Liberación (MCL) ni la familia de Oswaldo Payá quieren que Elizardo Sánchez Santacruz y Alejandro González Raga se refieran a la muerte del fallecido líder opositor, ni siquiera que mencionen su nombre.
En una “Aclaración Pública” del MCL y la familia de Oswaldo Payá, se expresa:
“Según información de Europapress asegura que el Sr. Sánchez: planteará una serie de ‘situaciones concretas’ que, en su opinión, suponen un abuso de libertades y derechos. Dentro de estos ejemplos, Sánchez incluirá las muertes de Oswaldo Payá y Harold Cepero, fallecidos en julio de 2012 en un accidente de tráfico que, según el único condenado por el siniestro, el español Ángel Carromero, se produjo tras la embestida de un segundo vehículo’”
La “Aclaración Pública” añade:
“Dado su comportamiento y sus antecedentes, el señor Sánchez no tiene la confianza del MCL ni de la familia de Oswaldo Payá para hacer mención alguna de su nombre”.
Lo singular de esta declaración es que Sánchez queda desautorizado para hablar en nombre de la familia Payá sin que exista un antecedente de que éste lo hiciera. Es decir, lo que se intenta es prohibir a ambos disidentes el que se refieran al caso, incluso el que mencionen el nombre. Es difícil de entender esta actitud, cuando el propio líder fallecido siempre se expresó a favor de la democracia y la libertad de expresión.
Ahora lo que pretende la familia Payá es convertirse en la depositaria de la marca Payá, ni que fuera una firma registrada. Lo aconsejable en este caso es que se dirigieran a una oficina de patentes.
Lo peor aún es incluir en la declaración una referencia a los supuestos vínculos de Elizardo Sánchez Santacruz con la Seguridad del Estado cubano. 
“Horas después de este atentado mortal, el Sr Sánchez adelantó públicamente la versión manipulada del gobierno cubano anunciando los hechos como un accidente. Para ello, el Sr Sánchez se basó en informaciones dadas por elementos señalados por los activistas pacíficos de la zona como colaboradores de la Seguridad del Estado. El propio Elizardo Sánchez fue condecorado por la Seguridad del Estado.”
En esto, tanto el MCL como la familia de Oswaldo Payá se convierten en repetidores de una versión divulgada y un rumor creado precisamente por la Seguridad del Estado.
La “Aclaración Pública” agrega más adelante:
“Luego de haber comprobado el carácter no accidental de las muertes de Oswaldo Payá y Harold Cepero y en concordancia con nuestro empeño por la verdad desde la verdad, nos vemos en la obligación de desautorizar cualquier versión sobre lo ocurrido el 22 de julio de 2012 proveniente de los señores Sánchez y Raga así como toda mención que hagan de Oswaldo y Harold en foro alguno o medio público o privado”.
El haber “comprobado” que las muertes de Payá y Cepero no se produjeran por un accidentes es algo que se afirma en el documento, pero que no hay sido demostrado en parte alguna. La familia de Payá y el MCL acusan, pero de ahí a que demuestren hay un largo tramo. Solo una investigación internacional e independiente podría ofrecer un veredicto más preciso y cercano a la realidad, e incluso en las condiciones actuales ello resulta extremadamente difícil. Lo demás queda en el terreno de la fe, y solo la Inquisición ha tratado de imponer juicios en este terreno.
Que los fiscales y acusadores coincidan con los jueces solo ocurre en los sistemas totalitarios o en las cabezas de quienes —de forma consciente o inconsciente— repiten patrones de estos sistemas.
Se puede creer o no que Payá y Cepero fueron asesinados, es difícil dudar que el régimen cubano es capaz de hacerlo y también son válidas las dudas de que en las circunstancias actuales hubiera un interés al respecto. Lo que sí provoca asombro, y sin duda irritación, es que se intente prohibir toda “mención que hagan de Oswaldo y Harold en foro alguno o medio público o privado”. Una afirmación así solo hace pensar no solo en el castrismo sino en el estalinismo, y en las referencias comunes entre ambos sistemas, que al parecer resultan muy difíciles de borrar, incluso en las mentes de los opositores.
Si con la posibilidad de viajar al exterior, abierta a la oposición pacífica por el régimen de La Habana, lo que se intenta entre otros objetivos es sembrar la división entre sus miembros, no hay duda que el plan trazado desde La Habana comienza a brindar frutos.

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