jueves, 2 de mayo de 2013

La aspirante a “Dama de Hierro” española



Ahora que ha muerto Margaret Thatcher, Esperanza Aguirre aspira a ocupar su lugar, al menos en España.
Aguirre acaba de decir que considera que las políticas liberales son hoy "más necesarias" que nunca.
“Lo que yo digo es que la gente se queja porque da la impresión de que no hay alternativa. Y yo digo que sí la hay, y es la que está apuntada en el programa electoral del PP”, dijo la presidenta del Partido Popular de Madrid en un coloquio que se celebra en un coloquio que se celebra en Estoril, Portugal.
Yo sostengo que hay que explorar la alternativa de reducción del gasto. Hay que reducir las distintas administraciones públicas”.
Aguirre quiere que en España se lleve a cabo una reforma “radical y sin precedentes”.
En la reunión de Estoril, Aguirre aseguró que está convencida de que el dinero está mucho mejor y es mucho más útil “en los bolsillos de los ciudadanos de un país que en el de los políticos y burócratas” y añadió que las recetas liberales que profesa son más necesarias que nunca en Europa y en los países occidentales debido, precisamente, a la crisis brutal que atraviesan.
El problema con las ideas de Aguirre es que son viejas. Ronald Reagan y Thatcher las aplicaron con un éxito político momentáneo y resultaron en un fracaso económico a los pocos años. En última instancia, fueron esas ideas las que han traído la crisis actual.
Reducir el tamaño del gobierno puede resultar atractivo, cuando uno sufre o al menos conoce esa enorme e ineficiente maquinaria administrativa que existe en todo gobierno. Sin embargo, en la práctica siempre se traduce no en la reducción de una burocracia parasitaria, sino en el recorte de beneficios, servicios y controles. Por lo general, cuando se habla de reducir el gobierno por lo general lo primero que se echa por la borda son lo programas sociales, las ayudas a las instituciones culturales y los planes de protección ambiental.
Tanto Reagan y Thatcher brillaron por sus personalidades, pero si se analiza el resultado de sus planes económicos, los resultados son negativos: menos impuestos para los ricos, privatización de empresas que debían haber permanecido dentro de la esfera estatal, grandes recortes en los beneficios sociales, luz verde a todo tipo de fusiones corporativas —con la consecuencia de desempleo y creación de grandes monopolios— y el otorgamiento de un poder sin límites al mercado y el capital financiero. Para citar unos pocos ejemplos y sin señalar que en lo moral y social ambos gobiernos se caracterizaron por manifestar y alentar los sentimientos más retrógrados, una vuelta al pasado, el oscurantismo y una moralina parroquial.
Desde que hipócritamente anunció su renuncia a la presidencia de la comunidad de Madrid — “he llegado a la conclusión de que este es el momento adecuado para dejarlo”— Aguirre ha estado tanteando las posibilidades de poder lanzarse a una carrera política mayor: la presidencia del país. La crisis que no amaina en España tiene cada vez un potencial mayor para brindársela y también con cada declaración de Aguirre parece más claro que seguirá esa vía.

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