lunes, 6 de mayo de 2013

Una prensa servil y anticuada



La prensa oficial cubana llama ahora “Comandante Supremo” al fallecido Hugo Chávez, no sólo como una copia servil de la expresión poschavista sino en una muestra más de perversión del lenguaje, y en lo que también es un ejemplo de retroceso ideológico: la superstición y el oscurantismo como remedo burdo a un socialismo que se fue.
No es algo nuevo en la sociedad establecida por el régimen cubano. Desde un principio, éste adoptó la propaganda política como el patrón a seguir. Antes que informar, la función fundamental de la prensa era “orientar”. Sólo que esta orientación nunca fue tal, y se limitó a poner en práctica una pauta de dominación, que iba de la aceptación ciega al acatamiento aunque no se creyera.
En sus primeros años la ideología castrista propuso la imagen de una sociedad mejor pero futura. El discurso de ataque político estaba dirigido fundamentalmente contra varios grupos. La personalidad del enemigo se diluía en su supuesta permanencia a una clase social. El terror apuntaba hacia el exterminio o la segregación. El método no era nuevo. De forma similar y diversa el comunismo y el fascismo habían empleado el mismo recurso, y con anterioridad los imperios coloniales y esclavistas, aunque con distintos argumentos.
La deformación del lenguaje se producía de dos formas. La abstracción servía como un medio para despersonalizar y tergiversar las palabras. Se hablaba de la “liquidación” de la explotación, el “ajusticiamiento” de los traidores y la “recuperación” de las propiedades del “pueblo”. Al mismo tiempo, se deshumanizaba a los opositores: “gusanos”, “escoria” y “parásitos” en Cuba; “perros rabiosos del capitalismo” en China y “vampiros”, “bastardos” y “piojos” en la desaparecida Unión Soviética. Gracias a estos recursos, el lenguaje ideológico del castrismo nace deforme por naturaleza.
Como contrapartida, se igualaban los conceptos de gobierno, Estado y patria, lo que en última instancia no era más que la glorificación del caudillo, sin manchas ni errores. Basta visitar hoy el sitio en internet del diario Granma y encontrar una sección bajo el título Fidel siempre tuvo la razón: la justificación imperfecta para no celebrar elecciones libres, cambiar sólo lo permitido y seguir eternamente en un presente constante y de miseria. Si debido a las circunstancias e incluso características personales, en lo político y lo económico el gobierno de Raúl Castro no es por completo igual al de su hermano mayor, desde hace años —incluso con Fidel Castro en el pleno ejercicio del poder— la isla vive bajo un limbo ideológico.
En lo que podría llamarse un “posfidelcastrismo” en marcha, poco a poco se relega la ideología y se impone una realidad simplemente económica.
No importa que, de momento, continúe la ayuda venezolana y que se siga proclamando el nacionalismo como razón de ser del país. Cuba avanza —o retrocede— hacia un país donde cada vez más la sustentación doctrinaria se encuentra en una especie de limbo o se encierra en la burla.
Sin embargo, los antiguos métodos de propaganda continúan moviendo esa maquinaria arcaica, ya sea por temor, una orden desde arriba o simplemente porque no tienen una forma mejor de hacerlo.
Tras la agresión reciente a parlamentarios opositores, en la Asamblea Nacional de Venezuela, Prensa Latina, la agencia del gobierno cubano, produjo un cable con este encabezamiento:
“El Gobierno venezolano expresó hoy pesar por actos violentos ocurridos el martes en la Asamblea Nacional, tras difundir imágenes donde se observa la actitud hostil de parlamentarios de la bancada opositora, que conllevó a la suspensión de la sesión ordinaria”.
Al hablar de “actos violentos” y mencionar la “actitud hostil de parlamentarios de la bancada opositora”, el cable de Prensa Latina quiere dar a entender que se produjo una trifulca, “que conllevó a suspender la sesión ordinaria”. No se habla de agresión a los legisladores opositores, de golpes incluso a legisladoras, de violencia y de sangre por parte de los chavistas. La intención queda clara desde este primer párrafo: presentar a quienes critican a Maduro como unos revoltosos.
Esfuerzo hasta cierto punto vano, en una época en que internet hace cada vez más difícil el monopolio de la información.
Desde hace algún tiempo se habla en Cuba de incrementar las denuncias de lo mal hecho, así como publicar y dar a conocer ineficiencias, sobre todo en el campo económico y administrativo. Si bien este esfuerzo —de llegar a producirse realmente— resultaría beneficioso, en el mejoramiento de algunas deficiencias administrativas locales y hasta nacionales, no deja de eludir el problema fundamental: la noticia surge o se descubre, pero no se fabrica. Al incurrir en esto último se cae en la tergiversación y el engaño. Con el empleo recurrente de frases altisonantes se cae en el ridículo.
Medios noticiosos anticuados y ridículos. Esa son las características principales de la prensa oficial cubana, que entre el bostezo y el engaño sigue sobreviviendo en un vacío informativo.

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