lunes, 10 de junio de 2013

Caudillismo y censura



Varios gobiernos latinoamericanos —Venezuela, Ecuador y Argentina son los ejemplos más notables— están empeñados en una campaña contra la prensa, que no sólo transita por la vía tradicional de la intimidación y censura, practicada por los caudillos, y que a veces se acerca a la represión burda, típica de los regímenes totalitarios, mientras que otras ocasiones recurre a diversas prácticas capitalistas, desde la adquisición de la mayoría de las acciones de una empresa --en su caso mediante la utilización de recursos públicos-- hasta la edificación de máquinas privadas de propaganda, colocadas en manos de testaferros.
Uno de los argumentos más socorridos, para justificar este empeño, por parte de los gobernantes latinoamericanos, es mencionar las deficiencias y desigualdades de los medios de prensa privados.
Si bien es cierta la existencia de limitaciones en los medios privados, éstas no se combaten con el cierre, el acoso y el no otorgamiento de las licencias correspondientes. Tampoco es negativa la existencia de canales públicos de televisión y radio. Todo lo contrario. Siempre que no se subordinen a los intereses políticos de un determinado gobierno, que en la práctica se reduce a lo que beneficia a un gobernante y su camarilla.
En última instancia, cabe la sospecha de que a lo que aspiran estos gobernantes latinoamericanos es a ejercer un control absoluto sobre la prensa, al estilo del Gobierno cubano. A la utilización de la información para una herramienta más para mantenerse en el poder, y a justificar la manipulación de la noticia como un principio ideológico y no como un mal intencionado fin político. La desinformación convertida en un derecho de Estado. El tratar de impedir que los ciudadanos puedan sacar sus propias conclusiones. La conspiración cotidiana opuesta a un pensamiento independiente.
Sólo que en una sociedad democrática, por las razones más diversas, hay una mayor potencialidad para abrir canales alternativos de información, mientras que en las sociedades cerradas, como la cubana y como la que cada vez más impera en Venezuela, se dedican los mayores empeños a cerrar estos canales.

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