domingo, 30 de junio de 2013

El Che al olvido



Fue en 1965. Fidel Castro daba a conocer una carta que le había enviado Ernesto “Che” Guevara, en que este le comunicaba su renuncia a todos los cargos en la isla y a la nacionalidad cubana. La carta es un rosario de frases cargadas de retórica revolucionaria, en párrafos construidos por un combatiente de profesión que siempre aspiró al oficio de escritor. Al final el destino unía esa voluntad de lucha y ese anhelo intelectual en un documento que era más una elegía anticipada que un llamado a la lucha. El Guevara que escribe sabe que va a morir y no hace un testamento ni un epitafio sino su elogio funerario. Lo encubre además con una mezcla de recurso literario y sumisión política. Una sumisión demasiado declarada para ser del todo verdadera.
Desde su inicio oficial y frío, con la fecha resumida en “Año de la Agricultura”, hasta la despedida plagada de consignas, que aparenta un tono personal y emotivo pero se sabe escrita para la posteridad, el documento constituye un modelo de militancia ejemplar para todos expresada en una forma personal de “pasión revolucionaria”: la versión guevarista de un realismo sin barreras sentimentales, casi un tango: esos “días luminosos y tristes”.
La carta la leyó públicamente por primera vez Fidel Castro, durante el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. En su momento provocó sorpresa, entusiasmo y temor, tanto en Cuba como en el extranjero. Se repitió por muchos años. La frase “Hasta la victoria siempre” posiblemente es la más famosa del Che.
Hasta hoy.
Fidel Castro acaba de enviar otra carta, en esta ocasión a Daniel Ortega. Termina de esta forma:
“¡Hasta la victoria siempre! Como decía nuestro Comandante Hugo Chávez”.
El Che al olvido. El dinero ha terminado por sustituir al recuerdo.

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